Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Comprensión de un Absurdo
Leonardo Girondella Mora
9 febrero 2010
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Análisis
Catalogado en:


Una persona cualquiera compra un bien —un automóvil en la agencia de autos de Volkswagen que está en Guadalajara, México. Al día siguiente, la misma persona entra a un supermercado y compra un paquete de seis botellas de Bohemia. El auto está manufacturado en Puebla y las cervezas en Monterrey.

¿Se calculan esas transacciones en la balanza comercial del país? No —todas las operaciones de compra y venta se realizan dentro de México. A nadie se le ocurre decir que Monterrey le vendió a Guadalajara, ni que Guadalajara le compró a Puebla. Sin embargo, las cosas cambian cuando la misma persona compra otros bienes.

Un par de días después, esa misma persona acude a otra tienda —compra en esta ocasión un par de botellas de vino de la Rioja, español y varias latas de mariscos chilenos. Entonces, todo cambia, por alguna extraña razón esas compra-ventas dan pie para que alguien diga que Chile le vendió a México, o bien México le compró a España: las transacciones entran como por arte de magia a la balanza comercial del país.

En el fondo, todo se debe a que unos productos pasan por una línea imaginaria y otros no —la línea imaginaria se llama frontera nacional y el mero hecho de atravesarla hace que entre en funcionamiento un sistema de contabilidad nacional que presupone que un país es una persona que compra y vende.

Lo mismo podría hacerse, por ejemplo, entre dos estados dentro de México —Puebla podría llevar sus cuentas de balanza comercial con el resto de los estados y entonces se hablaría de que Puebla tiene un superávit con Yucatán.

La acción puede llevarse a un nivel inferior, el de ciudad y entonces decir que Guadalajara le compró a Zapopan —y que Zapopan tiene un déficit con Guadalajara, todo dentro de un estado, Jalisco.

No sólo eso, podría reducirse a barrios o colonias de la ciudad. En ese caso, por ejemplo, podría decirse que la colonia del Topo Chico le compró a la colonia del Mirador y registra un déficit con ese barrio.

En todos esos casos lo que ha sucedido es que las mercancías cruzan líneas imaginarias de fronteras estatales, de ciudades, de colonias —nada real en verdad, todo es como una ficción. Pero, la reducción al absurdo de la balanza comercial no puede ir más allá de la persona, el comprador o vendedor.

Allí se detiene —y también, aunque sea ridículo, podría calcularse la balanza comercial de cada hogar. Podría decirse que los Hernández le compraron a Coca-Cola, o que Pizza Hut le vendió a los González. No se puede reducir a una unidad más pequeña que esto las transacciones.

La reducción al absurdo de la balanza comercial de un país, hace patente que en el comercio internacional lo que en realidad sucede es muy sencillo —un mexicano que vive en Querétaro compra una cerveza a la gente de Guiness que está en alguna ciudad de Irlanda. Eso es todo y resulta igual que comprar otra cerveza que se hace en Monterrey o en Dinamarca.

Cada una de esas compras y ventas se hace de manera voluntaria y es, por tanto, de beneficio mutuo a ambas partes —una cuestión que no tiene discusión posible cuando se hace dentro de las fronteras de un país. Pero todo se revuelve cuando las mercancías cruzan fronteras.

Esa revoltura sin sentido la produce la contabilidad de la balanza comercial porque ella calcula las cosas de manera equivocada y da resultados absurdos —como el juzgar positivos los superávits y reprobar los déficits comerciales. Para apreciar lo ilógico de esto debe verse el mismo panorama de la persona individual.

Si cada persona examina su balanza comercial encontrará déficits muy consistentes siempre —con el supermercado, con el dentista, con todos aquellos a quienes compra pero no vende. Encontrará superávits con aquellos a los que vende, como la empresa para la que trabaja. ¿Hay algo malo en esto? Por supuesto, nada.

Al contrario, las personas vivirán satisfechas con esa situación de déficits y superávits —sin que les quite el sueño. ¿Importa donde viven esas personas? No, para nada. Una puede estar en Santiago de Chile y la otra en San Francisco. Jamás se les ocurrirá a ellas calcular una balanza comercial propia.

Tampoco se le ocurrirá pensar en calcular esa balanza a un barrio, ni a una ciudad, ni a un estado —sería absurdo. Pero sí se hace a nivel de país y eso es realmente curioso porque no tiene sentido y, lo peor, da entrada a la acción gubernamental que se preocupa por los déficits nacionales y se alegra de los superávits, produciendo un daño al bienestar de todos los que venden y compran por voluntad propia en todas partes.

Es en verdad una distorsión contable de la realidad —motiva al burócrata a evitar déficits prohibiendo o dificultando compras con la nación con la que se tiene un déficit: sería igual que el gobierno se metiera a poner obstáculos en la transacción que una persona tiene con su dentista porque siempre es deficitaria; o que Saltillo prohibiera comprar cerveza de Monterrey.

Es un artificio contable que reditúa al burócrata que así acumula más poder dando permisos y cobrando impuestos.

La definición más o menos estándar de la balanza comercial dice que es la parte de la balanza de pagos que registra el equilibrio o desequilibrio de compras y ventas con el exterior y se expresan como déficit o superávit.

Un déficit, cuando son mayores las importaciones, y un superávit, cuando son mayores las exportaciones entre personas de diversos países. La clave está en que sólo se contabiliza si sucede entre personas que habitan en distintas naciones —no en distintos estados, o ciudades, o colonias.

Espero haber demostrado lo corto y anómalo de la balanza comercial y sus consecuencias en la expansión del poder de un gobierno. La demostración, que creo es irrefutable, se mantiene con vida, sin embargo, debido a que es una creencia arraigada en la mente de muchos ciudadanos comunes —lo que es una demostración a su vez de la escasa educación económica que se padece y que es otra causa del expansionismo estatal basada en un mito.

Post Scriptum

Ixe Banco, en México, reportó los datos siguientes (25 febrero 2010):

Baja déficit en relación con 2008; en 2010, el déficit será de 2.4% del PIB

La  Balanza de Pagos de México en 2009 se reportó de la siguiente manera:

· Cuenta Corriente: déficit de 5,238 millones de dólares (mdd) explicado por un déficit comercial de 4,678 mdd,  déficit en servicios (8,025 mdd en no factoriales y 14,052 en factoriales) y superávit de transferencias por 21,517 mdd (las remesas fueron 21,181 mdd).  A pesar de una golpeada demanda externa por la crisis económica global, los datos muestran un mejor desempeño de las exportaciones de mercancías al aumentar 6.0% anual durante el cuarto trimestre de 2009.

· Cuenta de Capital: superávit de 14,526 mdd, con un comportamiento mixto durante el año. En el primer semestre, las condiciones astringentes en los mercados internacionales originaron una salida neta de recursos. Ya para los últimos meses del año se observó un mayor acceso a recursos del exterior. El resultado de 2009 se debió a entradas de inversión extranjera directa (IED) y de cartera, endeudamiento público, la  línea swap que el Banco de México contrató con la Reserva Federal de Estados Unidos, la asignación de Derechos Especiales de Giro por parte del Fondo Monetario Internacional,  la cobertura petrolera y por egresos asociados al desendeudamiento privado con el exterior y  un aumento de los activos en el exterior propiedad de residentes en México.

Además, en 2009 la cuenta de errores y omisiones totalizó -3,954 mdd, la variación de las reservas internacionales fue de 5,397 mdd y los ajustes de valorización de -63 mdd.

Así, el déficit en cuenta corriente de la Balanza de Pagos fue 0.6% del PIB en 2009, contra un déficit de 1.4% en 2008. En la corrección, fue crucial la depreciación del peso mexicano que permitió un aumento de exportaciones (una vez que la demanda externa comenzó a recuperarse) así como una reducción de importaciones (los consumidores mexicanos redujeron su gasto de productos de origen externo). En cuanto a inversión extranjera directa, el flujo de entrada fue de 11,417 mdd, muy por debajo de los 23,170 mdd en 2008 (caída anual de 50.7%). Aún así, la IED recibida fue mayor que el déficit en la cuenta corriente.

En 2009, el déficit en cuenta corriente de la Balanza de Pagos fue menor al de 2008, por el efecto estabilizador automático que implica la flotación del tipo de cambio. Hacia 2010, esperamos que dicho déficit se amplíe a 2.4% del PIB (muy lejos del déficit de 7% del PIB registrado en 1994), ya que el despegue económico trae un crecimiento relevante de importaciones. México debería asegurar entradas de flujos más estables con mayor competitividad  que redunde en aumentos sostenibles en exportaciones e IED. El precio del petróleo y la entrada de inversión en cartera son volátiles.  Flujos de entrada estables ayudarían a promover un desarrollo económico a largo plazo. Sin mayor competitividad, dichos flujos serán meramente inerciales.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras