Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Con Este y Con el Otro
Eduardo García Gaspar
22 noviembre 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en:


La situación fue particularmente notable, pero más aún, afortunada. En una ciudad pequeña, a pocos kilómetros de Bilbao, en España.

Varias personas comían en un restaurante realmente bueno. Conversaban sobre temas familiares, antiguos recuerdos de hermanos, tíos, sobrinos, nietos.

Entre todos, destacaba mucho, uno de los comensales. Un hombre de campo. Toda su vida ha vivido allí. De edad avanzada, tenía una mirada penetrante y sabía, tan sabia que era de pocas palabras y muchas miradas.

Se bebió un poco de jerez y, más tarde, se comió varios de esos sabrosos platos vascos que se alejan de las salsas y tienen como base la calidad del ingrediente primario.

Una parte de la conversación fue llamativa.

Alguien le interrogó sobre el gobierno actual y él dio una contestación simple: “Pues mira, con el gobierno actual estamos mal. Con el gobierno anterior, también”. Fue una opinión que quedó en eso.

Nadie más quiso hablar del tema y la conversación volvió a los recuerdos de la familia de muchos de los asistentes.

Los hombres de campo, muchos de ellos, creo, tienen la cualidad envidiable de hablar con el mínimo de palabras y, más aún, las que usan son las comprendidas por todos. El cultivo de la tierra parece crear esa virtud en la mente de la gente. No es un asunto de educación ni de cultura, sino de algo más importante, de sabiduría, de la que sólo pueden dar años de cosechar.

“Pues mira, con el gobierno actual estamos mal. Con el gobierno anterior, también”.

La frase fue pronunciada sin aspavientos, ni emoción, con indiferencia, como la del que establece una verdad irrefutable. Bien pudo haber dicho “el sol brilla”, que era verdad y podía ser verificado por cualquiera.

Había un mucho de alejamiento en el tono, como el de alguien que dice, “allá ellos y sus cosas, yo hago lo mío y no me interesan los gobiernos que cambian pero no mejoran”. Unos ochenta años apoyaron la afirmación, “Pues mira, con el gobierno actual estamos mal. Con el gobierno anterior, también”.

Me impresionó escuchar eso y ver que la supuesta inocencia del hombre de campo fue en este caso un mito. El habitante de las grandes urbes suele verlo con cierto desprecio, viéndose a sí mismo como un ser refinado, de sofisticación mayor y más educado. Quizá sea lo contrario, al menos este hombre de campo era una prueba de lo contrario.

El más sabio y juicioso era él. Era el sensato y sabio. No pude sino recordar a cantidad de personas de la ciudad que se precian de cultas y doctas, que presumen de ilustradas e inteligentes, pero que cuando se les pregunta la opinión de su gobierno son incapaces de usar tan pocas palabras como esas de “Pues mira, con el gobierno actual estamos mal. Con el gobierno anterior, también”.

En algún lugar hace ya años, leí que pocas cosas son tan temibles como la ignorancia de la gente culta. Y es que no es lo mismo la erudición que la sensatez, ni la ilustración que el juicio, ni lo docto que lo cuerdo. A muy pocas personas de ciudad he escuchado resumir con tanta sencillez una opinión política.

Al contrario, a mucha gente de ciudad he visto caer víctima de los más viles engaños de sus gobernantes. Recuerdo a uno particularmente, uno que se convirtió en fanático de uno de los candidatos en las pasadas elecciones presidenciales en México: creyó que con él, el país crearía más empleos, que sin él, la nación iría al fracaso.

No sé si la diferencia la establecen el campo y la ciudad, pero lo que sí sé es que hay una virtud central que permite evitar a la ingenuidad y a la credulidad permitiendo ser más sensato y prudente. Dos cualidades que me parecen básicas en el ciudadano que acepta la responsabilidad de elegir a sus gobernantes.

La comida vasca tiene una reputación extraordinaria y merecida. Como toda la buena cocina coloca el cimiento en la calidad de los ingredientes, no en los extras que podría contener. Es directa y llega a refinamientos extraños para muchos, como el distinguir a un pescado de anzuelo de uno capturado con red.

Esas mismas cualidades hubo en eso de “Pues mira, con el gobierno actual estamos mal. Con el gobierno anterior, también”.

No había pasión ni enojo, sólo se había afirmado una realidad, igual a la de afirmar que los espárragos del año pasado y del anterior no habían sido tan buenos como los de tres años atrás.

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