Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Conocimiento como Escándalo
Eduardo García Gaspar
27 abril 2010
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


A diario surgen diferentes opiniones sobre asuntos de importancia, como el de la educación sexual en las escuelas. Y otras de similares. temas muy sensibles. Hay una forma de solucionar esas guerras culturales que vivimos. Pero, advierto, es muy provocadora.

Se trata de, primero, reconocer la realidad: somos seres humanos y tenemos una naturaleza más allá de cosas biológicas y sustancias químicas. Esa naturaleza humana la podemos expresar como una teoría que organice el conocimiento de nuestra esencia humana y que es común a todos los seres humanos.

Existe ya un nombre que se da a este conocimiento, Derecho Natural y tiene su origen en la filosofía griega. El punto puede parecer somnífero de no ser que aquí se encuentre una explicación profunda de muchos conflictos.

Se ha dicho que esta idea del Derecho Natural es un escándalo. Que es un signo de contradicción. Que ofende, exaspera y enoja. Todo esto se deriva en buena parte de la ambición de la meta: conocer a la naturaleza humana, lo que ha sido llamado “constitución humana”. El objetivo es irritante porque implicaría algo que es más cómodo ignorar.

Si desconocemos a la naturaleza humana, tendremos una existencia más flexible, cómoda y placentera, con menos límites y sin restricciones. Reconocer la existencia de una naturaleza humana, sin embargo, tendría un efecto lógico, el de aceptar que debemos actuar de acuerdo con esa naturaleza humana. En otras palabras, deberemos aceptar reglas de comportamiento.

Una existencia sin reglas es más placentera que una con reglas. Es más fácil y holgada. Y este es el centro del escándalo del que hablo. Si encontramos que hay contradicción entre lo que hacemos y lo que deberíamos hacer, eso nos molestará en demasía. Es el tipo de molestia que impone un profesor exigente que establece reglas en clase. Es más cómodo el profesor que no nos exige esfuerzo alguno.

Insisto en mi objetivo, el de encontrar la causa común a muchos conflictos sin visos de solución en la actualidad. Conflictos en temas como el aborto, la eutanasia, los anticonceptivos, el divorcio, la homosexualidad, la libertad humana. En todos estos y muchos más, el común denominador somos nosotros mismos, seres humanos.

Si nos llegáramos a conocer realmente, en nuestra naturaleza y constitución, estaríamos en una posición ventajosa y lógica: actuar de acuerdo con esa naturaleza.

Podríamos, con ese conocimiento, ver la oposición que existe entre algunos de nuestros deseos reales y los deseos que tiene la naturaleza humana. Si encontramos oposición entre ellos, eso es lo que nos exasperaría al saber que estamos actuando en contra de nuestra naturaleza. Conociendo nuestra naturaleza sabríamos si el aborto es o no debido, por ejemplo. Resolveríamos la discusión de la homosexualidad.

La cuestión se hace más complicada por otra razón. Esa naturaleza humana la poseemos cada uno de nosotros, lo queramos o no. Está dentro y nos hace buscar las cosas que son congruentes con ella. De allí que se diga que contradecir esa esencia humana es ser infeliz: ese vacío que se siente en medio de la satisfacción más completa de los deseos que van contra ella.

Es como una lucha primordial entre el conocimiento y la ignorancia. Cuanto más ignorante se sea, más fácil vida sin obligaciones se tendrá. En política, por ejemplo, la ignorancia intencional de la naturaleza humana permite la expansión ilimitada de los poderes gubernamentales. En nuestra propia vida, esa ignorancia nos da licencia de hacer todo sin restricciones.

Pero si conocemos nuestra propia naturaleza, las cosas cambian notablemente. Los gobiernos tendrían límites sólidos a su expansión, los mismos que tendríamos en nuestra conducta. Y sería un gran golpe: el reconocer que no actuamos siempre de acuerdo con nuestra naturaleza. Este es el escándalo con el que se ha calificado al Derecho Natural.

He invadido terrenos que no suelen ser temas de columnas como la que escribo, pero que es necesario tratar abiertamente. Columnas diarias de opinión suelen ocuparse de los temas del día y lo hacen bien por lo general. Pero pocas veces tratan de encontrar los comunes denominadores de los conflictos que ventilan a diario.

Aquí he tratado de hacer eso poniendo sobre la mesa al Derecho Natural, que es el conocimiento de nuestra constitución, la humana, y lo que ello significa para nuestro bien natural. Y como todo conocimiento llega a molestar, como a aquel que dijo que no lo molestaran con la información real. Es más fácil vivir en la ignorancia de lo que somos.

Post Scriptum

Para esta columna he tomado muchas ideas de la obra de Budziszewski, J. (2009). The Line Through the Heart: Natural Law as Fact, Theory, and Sign of Contradiction. Intercollegiate Studies Institute.

La excusa actual para aceptar cualquier regla moral como válida es la no aceptación de una naturaleza humana. Sin el conocimiento de esa naturaleza todo es justificable, pero si se acepta que tenermos una cierta naturaleza, el relativista tendría que callarse, y aceptar que sí existen reglas morales válidas, las que son congruentes con esa naturaleza.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras