Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Consumidores: un Reporte
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11 noviembre 2010
Sección: Sección: Listas, Y CONTRAPEDIA
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Los derechos del consumidor han producido un refinamiento grande en el comportamiento de muchas personas.

El siguiente texto se reproduce en sus partes principales gracias a la generosa contribución de la revista Journal of Nonsense & Related Behaviour de Thermalito California y fue escrito por Wilhem Pfaff en 1999 haciendo referencia principal a las agencias gubernamentales de protección al consumidor.

“Ya no pueden abusar más los fabricantes y comerciantes. Compré el libro ese porque me parecía interesante y después de leerlo supe que era una porquería. Se trata de un producto defectuoso. Los personajes no están bien desarrollados, tienen actitudes demasiado modernas”.

Eso dijo un consumidor. Hablaba del libro Salambó de G. Flaubert. Lo consideró un producto defectuoso y se quejó ante los tribunales del consumidor.

Otro consumidor se queja: “Compré esa loción que dicen que deja una huella masculina en las mujeres. Me puse la loción el viernes de la semana pasada, pensé que todas las mujeres iban a caer perdidamente enamoradas. No agarré ni un resfriado. La colonia es un fracaso y por eso he ido a quejarme al Buró del Consumidor”.

Casos como los dos anteriores son cada día más comunes. Los consumidores tienen a su disposición poderosas armas legales que pueden poner en jaque a fabricantes y comerciantes.

Hace unas semanas se presentó en los EEUU un caso que armó gran revuelto en Urbana, Illinois. La persona demandante recibió por correo durante varios meses folletos de un fabricante de ropa íntima femenina. La propaganda que llegaba a su hogar ostentaba muy visiblemente la leyenda “Ropa para la mujer de hoy, sensual y liberada”.

La voz se empezó a correr por el vecindario creándole una reputación muy dudosa al demandante, un hombre soltero de cincuenta y tres años. Este hombre demandó al fabricante de ropa que le había enviado los folletos. Alegó que debido a esos envíos, sus amigos y vecinos cambiaron drásticamente la opinión que sobre el tenían, lo que le ocasionó irreparables daños mentales.

El fabricante de ropa basó su defensa en el hecho de que el nombre del demandante era Debbie Antonucci y que se pensó que era mujer. El señor Antonucci ganó la demanda y el fabricante tuvo que aceptar proveerle con veintitrés rubias de ojos azules cada mes durante dos años. Así se restituiría la reputación original que tenía el propio Antonucci.

Trascendiendo las fronteras de los Estados Unidos, el movimiento de protección al consumidor ha llegado a casi todos los confines del mundo. México, por ejemplo, no ha sido ajeno a este movimiento importado de los EEUU.

Allí se cuenta con el Buró de la Lucha por un Consumo Racional que actualmente recibe más de cien quejas diarias en promedio tan solo en Isla Palmito del Verde, México.

“Antes venía la gente porque un refrigerador fallaba. Ahora vienen por motivos más sofisticados. Hemos recibido quejas sobre la manera de dar las noticias en la televisión y sobre predicciones de asesores económicos”, dijo un representante del Buró.

Todos los quejosos, sin excepción, son seriamente atendidos, incluyendo la reciente demanda presentada por Urbano Gómez, un nuevo rico con una fortuna estimada en más de cien millones. El señor Gómez leyó hace cinco años el libro titulado Aunque usted no lo quiera puede llegar a se millonario.

Ahora demanda al autor de esa obra por no haber prevenido contra la formación de úlceras, una enfermedad muy común entre los millonarios.

Los horóscopos también podrían llegar a desaparecer si tiene éxito la demanda presentada por Jessica Jacqueline Rodríguez. Rodríguez, nacida bajo el signo de Cáncer, leyó un día su horóscopo. Ahí decía que ese día era muy propicio para hacer inversiones redituables y confiadamente hizo inversiones desastrosas.

La señorita Rodríguez ha demandado al autor del horóscopo por haberle producido cuantiosas pérdidas financieras.

“Un caso clásico de demanda”, explica el vocero oficial del Buró, “es el de los bolígrafos y plumas. Mucha gente ha venido con nosotros quejarse que algunos de esos artículos escriben con fallas de ortografía y son, por tanto, productos defectuosos”.

El más dramático de todos las casos presentados durante los últimos doce meses es del señor Vladimiro Iván Barcaiti. Este hombre hace muchos años empeñó su reloj para dar el enganche de una televisión. Luego empeñó la televisión para pagar el enganche de un pequeño carro usado.

Más tarde empeñó el carro para cubrir el adelanto de una casa de interés social. Con el tiempo y sabias transacciones, el señor Barcaiti tiene ahora una casa en Acapulco, un departamento en París, un equipo de sonido de veinticinco mil dólares, un yate y muchas otras posesiones como joyas, cuadros y vajillas.

Es el único que posee un Wii chapeado de oro. El señor Barcaiti presentó una queja ante el Buró de Consumidor sobre la base de ser él una víctima del desproporcionado consumismo actual. Demandó a los fabricantes de cada uno de los artículos que ha poseído.

Tres partidos de izquierda le hicieron tentadoras ofertas para aparecer en comerciales de televisión presentándolo como una víctima del sistema. El señor Barcaiti declinó las ofertas y prefirió utilizar el dinero ganado en su demanda para la adquisición de un pequeño chateau en Burdeos.

ContraPedia tiene un antecedente en los 80, cuando fueron publicadas una serie de propuestas de palabras y personajes que no existían. Eran muy breves. Esta versión respeta la idea original, jamás publicada antes, con textos más amplios.



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