Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cosas por su Nombre
Eduardo García Gaspar
14 enero 2010
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
Catalogado en:


Demasiadas ocasiones son las que el afán de ser cortés oscurece las ideas que quieren expresarse, con el resultado de una comunicación incompleta. Llamar a las cosas por su nombre es positivo, incluso a pesar de ser calificado como extremo.

Durante varios años ya se han emitido legislaciones en diferentes partes del mundo y que legitiman matrimonios entre personas del mismo sexo. Esa realidad ha causado una discusión pública que, en la mayoría de las opiniones expresadas tiene basura, falacias e irrelevancia. El tema es serio y merece ser visto en su fondo, sin rodeos.

El gran tema de esas leyes y otras como las de apoyar el aborto, más otras medidas progresistas de gobiernos, es la sexualidad humana. Nuestra sexualidad natural tiene dos componentes conjuntos conocidos y que van uno con el otro: el acto sexual es placentero y lleva en sí mismo la creación de una nueva persona.

Si las cosas se dejan de manera natural, sin interferencias, los genitales de la mujer y del hombre se acomodan de manera complementaria en un acto que resulta en dos consecuencias, el placer de ambos y la creación de otra vida. No creo que exista objeción en aceptar esta realidad, la de dos efectos dentro de un mismo acto, placer y nueva vida.

La siguiente pregunta es la lógica, ¿pueden aislarse esos dos efectos? Es decir, tener el placer sin la consecuencia de crear vida, o bien crear vida sin el placer. Sí, pueden aislarse esos dos efectos del acto sexual con acciones que usan los genitales de otra manera o que aprovechan medios que colocan barreras a la creación de vida.

La fertilización in vitro sería el ejemplo clásico del aislamiento: vida creada en una acción sin placer mutuo de ambos sexos. De otro lado, es posible retirar la creación de vida del placer sexual con ejemplos conocidos por todos: condones, anticonceptivos y uso diferente de genitales y orificios. Más aún, hay posibilidades de placer aislado en actos de bestialidad.

Con lo anterior en mente, es perfectamente posible comprender que existen opciones diversas que permiten tener placer sexual sin su acompañante natural, que es la creación de vida. Esto es vital de comprender íntegramente. El placer, que es intenso, puede ser muy frecuente si se le retira el elemento de creación de vida.

Crear vida, un nuevo infante, representa consecuencias de muy largo plazo, como se sabe en cualquier familia que es el medio en el que las nuevas vidas se educan y crecen en un período muy largo de maduración natural del ser humano. Esto tiene consecuencias grandes: siendo seres de una maduración muy lenta necesitamos un medio ambiente familiar propicio y que se logra admirablemente cuando existe una decisión de amor entre los padres.

Al tener la opción de aislar el componente de creación de vida del acto sexual, puede tenerse solamente el placer y gozarlo cuantas veces quieran las personas. Un placer fuerte y que puede ser repetido muchas veces. No está mal para quien quiere una vida sustentada en placeres sin necesidad de decidirse por amar y así lograr el medio ambiente de largo plazo necesario para la vida creada.

Lo que sigue ahora, si uno es lógico, es examinar las consecuencias del aislamiento de los dos elementos. Si sólo se tiene el placer, los genitales pueden ser usados con muchas personas, incluso en lo individual. Con varias personas un mismo día, con decenas y centenas durante la vida. Y con las que no se tiene compromiso alguno de largo plazo ya que no hay creación de vida y la responsabilidad que ello significaría.

Una pareja homosexual está idealmente adaptada para tener sólo el placer sexual sin la consecuencia de creación de vida. Por su parte, los heterosexuales promiscuos tienen a su disposición diversos métodos que son razonablemente seguros para evitar crear vida. y gozar del sexo sin responsabilidad. Unos y otros tienen ahora ya la opción de usar mutuamente su sexualidad para el placer personal sin los compromisos que naturalmente se tendrían de no haber separado la creación de vida.

¿Riesgos en esa separación de placer y creación de vida? El principio básico diría que sí existen riesgos. Desviar a la naturaleza humana debe tener consecuencias. ¿Cuáles? Puedo apuntar una notable.

La del debilitamiento del carácter de la persona que vive en busca del placer inmediato y que evita la responsabilidad de sus acciones. Serían personalidades fofas, sin fortaleza y que se doblegarían ante cualquier contrariedad, especialmente la de sentirse responsables. En estas personas la prioridad central es el gozo inmediato sin responsabilidad y, sobre todo, sin necesidad de amar con compromiso.

Si acaso estas personas se casan, sus matrimonios estarían centrados en una oficialización de sentimientos sexuales que son de escasa duración y llevan altos riesgos de separación.

Este carácter pusilánime, blandengue y medroso afectaría a la sociedad, la que se tornaría apocada y cobarde, capaz de sacrificar grandes bienes futuros en aras de un placer inmediato. Lo que aquí resalto es ese efecto ablandador de personalidades que se tornan adictas al placer físico.

Post Scriptum

Toda la idea de lo anterior está cimentada en la comprensión de que el acto sexual entre hombre y mujer integra dos elementos que van unidos:

• una acción física que complementa los genitales de ambos y que produce una sensación física de gran placer.

• una consecuencia probable también física, que es la fertilización del óvulo y que crea un nuevo ser igual en dignidad y cuyo desarrollo y crecimiento necesita de cuidados muy prolongados dentro de un ambiente amoroso y comprometido.

Separar cualquiera de esos elementos del otro es igual a alterar la naturaleza propia del acto sexual y sus consecuencias deben ser consideradas con extremo cuidado. En la columna apunté uno sólo de esos posibles efectos, el ablandamiento del caracter personal que sucumbre a placeres físicos y rehuye responsabilidades y decisiones de amar.

Por supuesto hay más riesgos en los actos que aíslan al placer sexual de la creación de vida. Uno de ellos es el de la familia, que se vería dañada porque ella requiere de la participación de padre y madre en el largo plazo que requiere la educación de los hijos. Un padre o una madre con aventuras por fuera del matrimonio fallaría en su compromiso.

Se ha argumentado sobre los efectos en los hijos que crecen dentro de matrimonios de personas del mismo sexo. Este tema podría tener una solución en la evidencia que presenten estudios muy complejos comparativos, pero aún así no podría descartarse que todo ellos serían adoptados por razones obvias y crecerían en un ambiente en el que parte de la naturaleza humana (los genitales) tienen un sólo uso parcial.

Otra avenida digna de explorar es la noción de amor y si puede él darse en una situación en la que no hay obligaciones y responsabilidades de largo plazo en la educación de los hijos hasta que llega el momento en el que abandonan la casa. Por supuesto, el amor en este sentido no es una atracción física, ni un sentimiento, sino una decisión voluntaria de amar.


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