Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuando la Lógica Escasea
Eduardo García Gaspar
17 agosto 2010
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La postura es frecuente y puede encontrarse en casi todas partes, especialmente donde abundan los subsidios y escasea la lógica. Por ejemplo, hace poco una persona hablaba en la radio y afirmaba que sería una buena idea que el gobierno subsidiara expresiones artísticas como la publicación de libros de escritores de la localidad.

El entrevistador, como muchos otros, quiso quedar bien con su invitado, pero no con la lógica, y a todo le dijo que sí. Sería una maravilla que el gobierno dedicara una parte de su presupuesto a subsidiar la publicación de esos libros e incluso la producción de obras de teatro.

El clisé es maravilloso y notable. Lo primero que permite admirar es el descaro del que pide eso. Era uno de esos escritores y estaba pidiendo dinero para que publicaran sus libros y los de otros, quizá amigos y conocidos. ¿Por qué no los publican comercialmente? No lo sé, pero quizá sea que se piensa que no se venderán, que a pocos interesan sus obras.

Lo segundo que puede contemplarse es el clisé del arte: lo artístico debe ser merecedor de apoyos gubernamentales. Por supuesto, el problema es el de saber si las obras de esos escritores son o no realmente arte. Es posible que sólo sean basura, o algunos malos intentos.

Pero lo que importa es lo tercero y no tanto los dos puntos anteriores. Lo que la persona pedía era un subsidio para que se publicaran sus libros, los de él y los de otros en casos similares. El centro del asunto es entender lo que es un subsidio, una de esas palabras que se usan con tanta frecuencia que su significado se oscurece.

La definición de subsidio, la más clara que conozco, la dio un economista. M. N. Rothbard lo definió como el monto de dinero transferido a unos y que proviene de los impuestos pagados por otros. Más claro no puede ser. Usted paga impuestos y una parte de ellos va a darse a un grupo de personas para, en este caso, publicar sus libros.

Es interesante que usted y yo paguemos por libros que posiblemente nunca nos interese leer. El descaro de pedir eso es fascinante, no tanto en sí mismo, sino porque suele ser recibido con gran aprobación. Imagine usted al locutor y piense si le gustaría la idea de que su entrevistado le pidiera por la fuerza una contribución para publicar su libro. No creo que reaccionara igual que lo hizo.

Pero eso es el realidad lo que sucede. Un subsidio a lo que sea es una trasferencia de fondos a grupos favorecidos por el gobierno y esos fondos salen de un cobro forzado impuesto a otro grupo mayor, el de los contribuyentes. No me explico cómo es que tantas personas ven a los subsidios como positivos, pero si lo hacen es que no tienen idea de lo que son.

Hay un cuarto punto que merece verse. Si acaso el subsidio se otorga y algunos de esos libros se publican, en algunas librerías se verán tales obras. Y, es posible, algunos pensarán que se ve el resultado tangible de un subsidio. Incluso el gobierno se pondrá una medalla a sí mismo anunciándose como un patrocinador de la literatura.

Aquí es donde surge la idea de otro economista, F. Bastiat. Diría él, esos libros es lo que se ve, pero es más importante lo que no se ve. Y lo que no se ve es lo que se hubiera hecho con ese dinero dedicado a un subsidio para la publicación de obras consideradas artísticas.

¿Qué es lo que no se ve? Lo que se hubiera hecho con ese dinero. Si hubiera permanecido en las manos de quienes lo ganaron, ellos hubieran hecho algo con él, algo que les hubiera elevado poco o mucho su bienestar, cosa que es dudable que hubieran logrado esos libros.

Si el dinero hubiera permanecido en manos del gobierno, tal vez se hubieran hecho otras cosas. Quizá tapar un bache en una calle, pintar un par de paredes en una escuela, y otras muchas cosas posibles. Es una buena idea esta de Bastiat, la de poner atención en lo que no suele verse.

El punto principal, que bien vale una segunda opinión, es señalar abiertamente el descaro, la desfachatez, que tienen todos esos que piden subsidios gubernamentales. Lo que están pidiendo, en el fondo, es recibir dinero que a otros les ha sido cobrado por la fuerza. Y que ese descaro sea visto como beneficioso, desafía el más primitivo de los sentidos comunes.

Puede ser que en estos tiempos de televisión y educación pública, se haya perdido el arte de ver las cosas como son.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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