Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuidado Con Las Mayorías
Eduardo García Gaspar
3 agosto 2010
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La democracia es una herramienta, no un estilo de vida

La exageración de una idea conduce sin remedio a la distorsión de su significado y la creación de riesgos severos. Y si existe una idea exagerada en la actualidad, ella es la de la democracia. Tan exagerada que se ha dicho que ella es un estilo de vida aplicable a toda la sociedad.

No es para tanto. La democracia es bastante menos que un estilo de vida y su aplicación se restringe a estructuras de gobierno. Pero cuando se piensa que ella es la gran solución social, se crean riesgos de equivocaciones severas. Un ejemplo.

La exaltación ilimitada de la democracia lleva al extremo de creer en la infalibilidad del juicio mayoritario: las personas, muchas de ellas, pueden terminar creyendo que lo creído y dicho por la mayoría es digno de respeto absoluto pues constituye una verdad irrebatible. Este riesgo, que es real, constituye un engaño.

Piense usted en esto, la mayoría de las personas, por ejemplo, piensan que la tierra es plana y eso se toma como verdad. Es verdad porque lo piensa la mayoría y porque lo piensa la mayoría es verdad. No importa lo que piense la mayoría, por el hecho de pensarlo ya es considerado verdad. No tiene sentido.

El ejemplo anterior es exagerado no en sí mismo, sino porque todos sabemos que la tierra es redonda (o casi). El mismo principio aplica en casos en los que no hay acuerdos claros ni evidencias más o menos absolutas. El calentamiento global fue en algún momento creído por la mayoría y sostenido como la máxima preocupación.

El calentamiento global, como la redondez de la tierra, son cuestiones ajenas a la voluntad de las personas. No pueden depender de la opinión mayoritaria. Existe una realidad y ella no depende de las creencias de la mayoría. El peligro es obvio: tomar decisiones teniendo como base a la opinión mayoritaria es riesgoso porque no hay garantía de que esa opinión concuerde con la realidad.

Suponga usted que un gobierno toma acciones creyendo que el calentamiento global es real. Si su base de decisión es la opinión mayoritaria, esa base de sus acciones es débil. Seguramente cometerá errores de consideración.

Pero hay más. La exaltación de la opinión mayoritaria que ocasiona la exageración de la democracia produce otro efecto de consideración: la minimización de la persona individual. La persona ya no tendrá necesidad de pensar, ni de usar su juicio. Todo lo que tendrá que hacer es conocer las opiniones mayoritarias sobre el tema que sea, con el problema de que esa opinión será producto de personas que tampoco usan su juicio o razón.

Llego aquí a lo que creo que bien vale una segunda opinión. Cuando la democracia se exagera, ella termina con la persona. La anula. La convierte en una vela que gira igual que las demás velas que tampoco tienen sentido de dónde ir. Y cuando no se sabe a dónde ir, surge la oportunidad de oro del dictador.

La democracia es un simple arreglo de funciones de gobierno, que al ser distorsionada por exageración, produce lo opuesto de lo que intenta en su sentido original. Esa democracia exagerada, que nos pide creer en ella como una forma de vida, crea realidades inexistentes y nos hace renunciar a la individualidad de nuestra naturaleza.

Por eso me resulta en extremo curioso que los mismos que exageran a la democracia sean los que también alaban a la diversidad. La diversidad nos pide reconocer la individualidad, a cada persona por separado, pero la democracia que ellos solicitan nos pide la abdicación de la individualidad para someternos a las mayorías. No lo entiendo.

No lo entiendo, pero es lo que se ve en muchos círculos académicos e intelectuales. En ellos se exagera a la democracia y se exalta a la voluntad de la mayoría como el camino a seguir. La democracia entendida de esa manera se destruye a sí misma, puesto que abre la puerta a la dictadura que se califica a sí misma de democrática. Cuba y sus elecciones son un ejemplo maravilloso de esto.

Hay una salida a este problema y consiste en cambiar el sujeto de nuestra admiración. No debemos exagerar a la democracia. Es más, debemos ponerla en el plan de una simple herramienta política. El sujeto de nuestro respeto debe ser nuestra libertad y nuestra capacidad de serlo para oponernos, si lo queremos a las opiniones de otros, aunque esos otros sean la mayoría.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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