Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dame tu Vida, yo la Cuido
Eduardo García Gaspar
3 marzo 2010
Sección: SALUD, Sección: Una Segunda Opinión
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El pronóstico fue claro: si las cosas siguen como van para el 2018, el 90 por ciento de los mexicanos estarán en condiciones de obesidad y sobrepeso (BBC 17 enero 2008). Este tipo de proyecciones han sido criticadas porque mandarían a prever que el 120% de la población sería gorda unos años después. Las proyecciones de ese tipo no pueden ser lineales y ése es un serio error.

Hay otras noticias que tienen la misma idea: México es el segundo lugar mundial en obesidad, después de EEUU y antes que el Reino Unido.

Si bien se ha hablado de que las cifras son exageradas y siguen definiciones irreales de gordura, la imagen queda más o menos intacta: sí existe un problema de obesidad y sí, la tendencia es creciente. La tentación es irresistible para un gobierno, que es un buscador nato de problemas mal planteados y un proponente de soluciones irreales que sólo él dice poder realizar.

El escenario que se crea suele tener dosis apocalípticas: problemas de salud, agravamiento de enfermedades, padecimientos cardiacos, diabetes, depresión, hasta calificarla como la segunda enfermedad evitable, después del tabaquismo. Otro error de juicio, pues siempre habrá una segunda enfermedad evitable hasta que logremos la inmortalidad, lo que veo como poco probable.

Sea lo que sea, hay una situación clásica: un problema de grandes proporciones que atrae al gobernante que asegura tener la responsabilidad de atenderlo y la capacidad para hacerlo. Claro que el problema del gobernante es hacer lo que le parece obvio y espectacular. Si hace algo que la gente no perciba sería un mal político.

Tiene que hacer algo muy visible y que produzca noticias. Por ejemplo, implantar impuestos especiales a los alimentos chatarra o grasosos. Todo un sueño gubernamental por medio del que logra tener más dinero en su poder. O surge con otras medidas de poder, como prohibir la venta de esos alimentos dentro de escuelas (una gran noticia para el alumno emprendedor que los lleve para su venta a precio superior).

Otra gran medida, muy visible y espectacular, es la prohibición de la publicidad de esos comestibles. Proponerla le asegura aparecer en las noticias y verse como acongojado por el problema en turno. El problema de esas propuestas de gobierno es que son superficiales y corresponden a un pobre entendimiento del problema.

Por ejemplo, hay evidencias de que la obesidad disminuye cuando los miembros de la familia comen reunidos. Las comidas no supervisadas de los menores tienden a tener más comida chatarra. Se ha hablado también de que los gustos de los hijos son producto de los de los padres: los malos hábitos alimenticios de los infantes fueron creados por sus padres desde bebés, en una etapa en que la publicidad no influía en el niño, ni iba a la escuela.

También se ha hablado del ser sedentario. Por ejemplo, quedarse sentado jugando con una consola electrónica, o viendo televisión, engorda. No le diga esto a un político porque se le va a ocurrir decretar impuestos de obesidad a la televisión, o a los libros. Es más, puede afirmarse que la criminalidad causa obesidad: la gente ya no sale a caminar, ni lleva a sus hijos al parque, donde se ejercitarían.

Además, los alimentos chatarra y con abundantes grasas no son un problema en sí mismos. El problema, más aún, no está en su consumo, sino en su abuso bajo condiciones especiales y eso no admite reglas para todos. Quien consume esos alimentos con moderación no tiene por qué ser castigado con más impuestos, ni limitaciones de distribución.

El problema de la obesidad, que no digo que no lo sea, es un caso magnífico para ilustrar esa ansiedad del gobernante por entrometerse en nuestras vidas logrando hacernos infelices. Lo logra porque entra a una cristalería con guantes de box: busca popularidad y votos con medidas espectaculares que son las que menos sentido tienen.

Y, por supuesto, esa intervención cruda y tosca del gobernante produce efectos colaterales que a su vez crean otros problemas que el gobernante amplía para tener otra oportunidad de acrecentar su poder con más y más regulaciones que limitan nuestras libertades y ponen nuestras vidas en las manos menos capaces que es posible encontrar.

En ese combate a la obesidad, el que se vuelve obeso es el gobierno.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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