Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Buen Modo y Con Base
Eduardo García Gaspar
2 abril 2010
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Encontré un texto que quiero compartir con usted. La idea que contiene comienza con una acción de gracias. Dice que debemos estar agradecidos, muy agradecidos, de que en muchas partes del mundo existan naciones en las que se tiene conciencia de que burlarse de las creencias religiosas del Judaísmo y del Islam es algo indebido.

Las creencias religiosas son importantes para la gente y su burla no es algo positivo. Pero, sigue esa idea: hay una incorrecta interpretación de la libertad de expresión, la que suele ser usada como justificación de las burlas que sufren las creencias de los cristianos. De seguro usted ha pasado por estas situaciones, en las que alguna religión, típicamente eel Cristianismo es objeto de mofa pero otra religión es tratada con máxima reverencia.

No hace mucho que fui testigo de eso mismo. Era un hombre que hablaba desdeñosamente del Catolicismo, con real saña, pero en el momento de cambiar a hablar de otras religiones, su actitud cambió al polo opuesto y se volvió el tipo más respetuoso que podría esperarse. No fue congruente.

Si tratamos el tema con tranquilidad, deberemos comenzar con el derecho a la libertad de expresión y asignar como una posibilidad justificada el hablar bien o mal de todas las religiones. O hablar bien. No veo problema en esto. Es parte de las libertades y tan sencillo como eso. Pero allí no queda todo.

Hay varias consideraciones adicionales. Después de todo, el uso de la libertad acarrea la responsabilidad de hacerlo, las consecuencias de ejercerla. La primera de las consideraciones me parece obvia y se refiere a la manera de hablar de la religión: con educación y respeto, sin vulgaridad. Es una consideración de buenas maneras y convivencia amable (lo que no implica dejar de usar el humor).

Las religiones no son el único tema a tratar de esa manera. Es una consideración universal el trata a otros con urbanidad, sin insultos ni agresiones ni violencia. Es un asunto sencillo de comprender y consiste en ponerse en el lugar del otro. Si yo soy católico no me gustaría que otro tratara a mi religión de manera insultante y por eso mismo creo que tampoco debo tratar así al resto de las religiones.

Pero la segunda consideración es más interesante y menos obvia. Si yo voy a lanzar un ataque a una religión cualquiera, más me vale estar preparado y saber del tema lo suficiente como para hacerlo. La libertad de expresión no requiere que la persona sepa de lo que habla, pero es razonable suponer que conoce. Si alguien dice una opinión negativa de algún Papa, por ejemplo, será conveniente inquirir si ha leído algunos de sus escritos (quizá su opinión esté sustentada en lo que reporta la televisión).

En esto, por supuesto, deben distinguirse dos situaciones claras y distintas. Si en una conversación informal alguno dice algo sin sentido sobre una religión, sea a favor o en contra, la situación no se presta a un análisis fundamentado. Pero si esa opinión es expuesta en una situación más formal, es posible argumentar en contra de ella si se tienen los conocimientos. Y esto me lleva a una consideración adicional.

Ha sido mi experiencia que el tema de la religión suele ser evitado por ocasionar acaloramientos excesivos, que llegan a crear enemistades. Consecuentemente se evita. Son dos las causas. Primera, el tema es central para muchos, realmente importante, uno en el que tienen creencias fuertes. La segunda es que en la mayoría de los casos, la ignorancia es extrema y así no puede razonarse ni analizarse.

Cuando las opiniones no tienen fundamentos racionales, su defensa inmediata es el acaloramiento lleno de insultos y no conduce a nada fructífero. Lo que me llama la atención es esa paradoja: la ignorancia extrema sobre un tema considerado vital. Uno esperaría que quien tiene fuertes creencias religiosas también tenga un amplio conocimiento sobre ellas… pero en muchas ocasiones no es cierto.

Consecuentemente, muchas de esas discusiones se vuelven una repetición de frases hechas y clisés políticamente correctos que no son más que juicios superficiales. Un ejemplo viejo de esto son las novelas que aparecen cada uno o dos años, que en narraciones de suspenso dejan impresiones incorrectas e incompletas sobre el Cristianismo y el Judaísmo. La ficción narrativa, mucho me temo, no sustituye la lectura de los originales.

En fin, me parece que el tema de la religión es uno de los más importantes de la vida y me apena que sufra de tan bajo nivel de calidad. No es el único, igual le sucede a otros temas importantes, como el de la economía. ¿Problema de mala educación? Sin duda. Dios nos dio un don, el de la razón. No usarlo es malo. Y sustituir a la razón como agresividad es aún peor.

Post Scriptum

El mero sostener una opinión cualquiera es parte de las libertades y constituye una actividad que no debe ser impedida por otros. Pero tener una opinión no significa tener la razón, ni la obligación de otros para escucharla y mucho menos aceptarla. Más aún, la libertad de opinión conlleva una responsabilidad, la de sustentarla de manera razonable. Las ideas de Whyte al respecto permiten entender esta dualidad de las opiniones.

El tema es importante porque se ha establecido como aceptada la costumbre de que tener una opinión, cualquiera, es suficiente como para que ella sea respetada tomándose como válida sin necesidad de justificarla… tan válida como otra opinión que sí se apoya en pruebas, evidencias y razonamientos.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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