Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Decisiones Libres, Racionales
Selección de ContraPeso.info
9 junio 2010
Sección: Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
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Lo siguiente explora una idea muy mencionada en los comentarios acerca de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos —en medio de las críticas a tales indeseables conductas, se han propuesto remedios entre los que quiero destacar uno muy concreto.

Se ha dicho que que si los sacerdotes estuvieran casados, los abusos desaparecerían o serían mínimos —lo que, por lógica, significa que la causa de los abusos sexuales es el permanecer célibe y también significaría que los hombres casados no cometen ese tipo de acciones reprobables.

En un estudio posible de realizar para probar esa tesis, se examinarían datos entre dos poblaciones —hombres casados y sacerdotes, comparando el número relativo de abusos sexuales en cada uno. No tengo esas cifras comparativas, pero me parece razonable que al menos entre esos dos grupos no existan diferencias y, si las hay, el número de abusos sería menor en el caso de los sacerdotes.

Sea lo que sea, es difícil probar que el celibato —que significa ser soltero— sea la causa principal de las acciones de abuso sexual. Significaría, por ejemplo, que esos casos fueran prácticamente nulos en el grupo de maestros o profesores casados, lo que me parece muy poco probable.

Pero también se ha dicho otra cosa sobre el mismo tema —que la razón de los abusos sexuales de los sacerdotes es el voto de castidad. Ya no es el celibato o la soltería, sino la abstinencia sexual. La argumentación típica es la que sostiene que la virginidad masculina requerida es un acto contra la naturaleza humana.

La afirmación tiene más fondo del que aparenta —podía probarse en un estudio que comparara varios grupos de hombres con diferentes intensidades de actividad sexual, desde los que se abstienen hasta los que son muy frecuentemente activos. Se predeciría que en los hombres mediana o muy activos habría menos abusos sexuales que entre los poco o nada activos.

No tengo cifras que hagan esa comparación —pero me parece de sentido común esperar más conductas sexuales desviadas entre los sexualmente muy activos que entre el resto de los grupos.

Otra manera de examinar si la promesa de abstinencia sexual es contraria a la naturaleza humana es usar razonamientos más basados en el entendimiento de la naturaleza humana que en datos empíricos.

Si se entiende al ser humano como uno racional y libre, puede concluirse entre otras cosas que una buena acción es la que concuerda al mismo tiempo con la libertad y la razón —y lo opuesto, una acción mala es la que no concuerda ni con la razón ni con la libertad.

También, es posible pensar que es razonable y buena la acción humana que está de acuerdo con la propia naturaleza humana —su bienestar es deseable y se refiere a los aspectos materiales e inmateriales. Por ejemplo, comer y beber serían vistos como buenos y deseables en cuanto a que ayudan a conservar la vida, pero como indeseables cuando el comer y beber son de tal naturaleza que la dañan.

En los aspectos no materiales, por ejemplo, el saber y conocer serían vistos como buenos porque ayudan a realizar parte de la naturaleza humana, su razón —lo que haría de la ignorancia algo reprobable.

Si usando la razón y la libertad una persona decide dedicarse a algo congruente con su naturaleza libre y racional, y que le significa renunciar a un bien menor, nada de malo hay en ello. Es el caso, por ejemplo, de un sabio que elige dedicarse a alguna ciencia renunciado al matrimonio y a, por ejemplo, los placeres moderados de buenos platillos y bebida.

En el caso del sacerdote, se trata de una decisión de abstinencia sexual, que es libre y está sustentada en la decisión racional de dedicar su vida al mayor de los bienes que conoce —una elección que no está en contra de la naturaleza humana, al contrario.

El crítico argumentará ahora, no sin cierta razón, que esa decisión es difícil por significar el control de pasiones e instintos humanos, como el sexual, que representará una tentación contra la promesa de abstinencia. Por supuesto que la representará, pero eso no significa ir contra la naturaleza humana, sino a favor de ella: una elección libre sustentada en la razón de una creencia racional de un bien mayor.

Guardando las diferencias enormes, es como el caso de la persona que se pone a dieta —renuncia a las pasiones por la comida a cambio de lo que es racional y congruente con su naturaleza. ¿Tiene algo de malo el intentar dominar un instinto natural en aras de un bien superior?

Defiendo, por supuesto, la decisión de castidad sacerdotal como una congruente con la naturaleza humana, libre y racional, que sacrifica bienes menores a cambio de mayores. Y, la pueden realizar personas que creen tener esa capacidad de mantenerse castos toda su vida, un número pequeño de hombres. Otros, la mayoría, son sexualmente activos ya ellos también se pide controlar a sus pasiones e instintos.

Addendum

A los hombres casados, por igual, las creencias católicas piden dominar sus pasiones evitando el sexo fuera del matrimonio y considerando al sexo como un acto para crear vida y no sólo como un placer corporal. Es la misma petición de dominio de lo que es menor en aras de lo que es mejor.


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