Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dejà Vu Electoral
Eduardo García Gaspar
14 septiembre 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El nombre técnico es el de paramnesia y en pocas palabras es el sentimiento por el que creo que todos hemos pasado alguna vez, ése de haber visto o vivido una situación presente en algún momento del pasado. Los franceses tienen una bonita expresión para esto: dejà vu.

Es eso de “ya haber visto eso antes”. Hablaba de esto con un amigo, el que puso un ejemplo reciente en México. Habló de López Obrador y la presentación de su Proyecto Alternativo de Nación: la idea que él tiene de cómo debemos vivir el resto de nosotros. Fue, según él, un dejà vu clásico.

La misma persona, otra vez, se nomina a sí mismo, de nuevo, como candidato a la presidencia de un país, con el mismo proyecto, las mismas tácticas de concentraciones de apoyo en lugares públicos y con la misma promesa de crear empleos. Es como seguir el mantra ecológico de reciclar las cosas que ya antes tuvieron un uso.

Si bien este amigo hizo alusión a uno de los personajes de la política mexicana, creo que el fenómeno bien merece una segunda opinión por una causa: ésa es la naturaleza de las elecciones democráticas en estos tiempos de mucha televisión y pocos libros. Las campañas electorales para la siguiente campaña comienzan el día siguiente al de las elecciones anteriores.

Es natural que suceda porque la razón de ser de la vida de un gobernante es llegar y mantenerse en el poder. Por eso vive, para eso existe, a eso dedica sus mayores esfuerzos y todo lo supedita a tal objetivo. Es esta naturaleza la que hace que el gobernante se encuentre siempre en campaña electoral y por mucho que las leyes le prohiban hacer campañas a destiempo, siempre verá la manera de hacerlas.

Por cierto, esta naturaleza del gobernante indica la bondad de abandonar esfuerzos legales para prohibir campañas electorales. Las leyes que lo intenten siempre fracasarán. Cada ley nueva, aún más restrictiva que la anterior, presentará ese dejà vu, el de ser tan ineficaz como la ley a la que reemplazó.

No es algo que caracterice sólo a uno de los candidatos a puestos de elección popular. Es algo propio y esencial de todo gobernante, en campaña o ya electo. No es un fenómeno mexicano, se da en todos los países en los que existan elecciones. No afecta a un tipo de régimen, sino a todos: monárquicos, republicanos, socialistas, liberales.

Por esta universalidad es que debe ser examinado. Primero, por supuesto, está la aceptación de la realidad: ese político que afirma que su compromiso es con el país, que dice que a todo lo que aspira es a servir a la nación… ese político miente. Su primera y más grande ambición es subir y mantenerse en el poder.

Aceptar esa realidad hace al ciudadano una persona más objetiva y seria en el momento de decidir su voto, dejando de ser el ingenuo cándido que el gobernante supone que es. Ya sería un adelanto tener una ciudadanía que viera esta realidad.

Queda por explorar la consecuencia de lo anterior. Si la razón de ser de la vida del gobernante es llegar y mantenerse en el poder, y para hacerlo debe lograr el mayor número de votos posibles, jure usted que hará todo para lograrlo. Ante muy poco se detendrá para lograrlo. Y prometerá al electorado lo que éste le pida, no importa que sea lo más absurdo y descabellado.

Mi amigo apuntó una de esas promesas del dejà vu, el empleo. Podrían agregarse otras como el crecimiento económico, el acceso universal a lo que a usted se le ocurra, como tratamientos médicos, educación superior y otras muchas más cosas. Dirá el político que promete bajar impuestos y aumentar el gasto con subsidios y estímulos económicos.

Viva donde usted viva, si ya tiene algo más de cierta edad y ha visto más de una campaña electoral, sabrá que esto es cierto. La historia se repite con actores demasiado repetidos, argumentos muy usados, promesas recicladas. Todo en un dejà vu que da la sensación de regresar al pasado. ¿No me cree? Ya verá usted las elecciones próximas en México.

No hay remedio. Esa es la realidad, pero no debe desesperarnos. Este mundo no es perfecto y, para sorpresa de ellos mismos, los gobernantes tampoco lo son. Aceptar esta imperfección es un paso gigantesco para votar con más prudencia y menos ingenuidad, comenzando por no creer que ningún gobernante es capaz de salvar a país alguno, diga lo que diga y prometa lo que prometa.

Post Scriptum

Creo que fue Lord Acton (1834-1902) el que dijo que la selección de gobernantes debe partir de la realidad de que ninguna persona está preparada para gobernar a otros. Ninguna.

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