Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Después de la Izquierda
Selección de ContraPeso.info
3 febrero 2010
Sección: Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

La izquierda tiene problemas en América Latina. La elección reciente de Sebastián Piñeira como el primer presidente chileno de centro-derecha, elegido en décadas, debe mucho a la inhabilidad de rejuvenecimiento de la coalición centro-izquierda que gobernó a Chile después de 1990.

En toda América Latina hay un sentimiento, como agudamente observa Jackson Diel del Washington Post, de que la década de dominio de la izquierda está iniciando su declive.

Historiadores futuros podrán encontrar el principio de esta caída en el rechazo del Congreso, la Suprema Corte, el Tribunal de Ley Administrativa, el ombudsman independiente de derechos humanos, el Tribunal Supremo Electoral, dos partidos políticos principales y los obispos católicos, a permitir en Honduras al ex-presidente Manuel Zelaya socavar el orden constitucional “desde dentro” al estilo chavista el año pasado.

En verdad, sin embargo, la izquierda populista está perdiendo vitalidad porque sus políticas económicas se tambalean.

El ejemplo más prominente es Venezuela. El régimen de Hugo Chávez fue recientemente forzado a devaluar su moneda, con lo que se daña el poder adquisitivo de los bolívares de los ciudadanos comunes dentro de una economía ya lastimada por la inflación. También está  racionando bienes como la electricidad.

Al suroeste de Chávez, su aliado cercano, Rafael Correa en Ecuador, ha estado racionando la electricidad durante los últimos tres meses, en parte porque no puede encontrar a nadie dispuesto a invertir en su producción. No es sorpresa, dado que el gobierno de Correa cayó en default con un tercio de su deuda externa en 2008, destruyendo con esto el mérito crediticio de la nación.

Incluso el propio hermano del presidente —recientemente acusado de corrupción— tiene dudas sobre si Correa terminará su período presidencial, dado el nivel de descontento público.

Las cosas tampoco están bien con otros iconos de la izquierda populista de América Latina. Evo Morales fue reelecto fácilmente como presidente en diciembre de 2009. Pero la situación de Bolivia se deteriora continuamente.

Como reporta The Economist, la producción de gas está cayendo en un país dependiente del petróleo porque los inversionistas han sido alejados por las políticas de izquierda de Morales. Más aún, la nacionalización de la industria del gas en 2006 ha producido las ineficiencias usuales asociadas con las empresas propiedad del gobierno. El gobierno de Morales, como consecuencia, pronostica déficits importantes para 2010.

A pesar de estos problemas, la izquierda populista puede prevalecer durante algún tiempo. Sus opositores políticos están fragmentados, desorganizados y a menudo se les liga con arreglos político-económicos corruptos y oligárquicos que han dominado durante mucho tiempo a América Latina.

Pero mientras esperan el colapso de las fantasías de la izquierda populista, esos latinoamericanos que buscan alternativas al populismo actual y a la oligarquía del pasado, pueden dedicar algún tiempo a pensar en el mejor camino económico para la región en la era post-Chávez-Correa-Morales.

En términos institucionales, el camino a la prosperidad no es secreto. Consiste en derechos de propiedad protegidos, estado de derecho, gobierno constitucionalmente limitado y mercados libres.

Un buen ejemplo de esto es la famosa comparación, hecha por historiadores económicos, entre Argentina y Australia. En 1900, ambas naciones estaban entre las más ricas del mundo. Ambas han sido bendecidas con recursos naturales y tienen poblaciones de tamaño similar. Hoy, Australia permanece como una de las más prósperas naciones. Argentina es un caso de parálisis económica.

Una explicación es que Australia ha preservado el respeto al estado de derecho, a los derechos de propiedad, tiene un gobierno limitado constitucionalmente y comenzó su radical abandono del proteccionismo hace casi 30 años. En contraste, Argentina ha sufrido dictaduras militares, violaciones frecuentes de derechos de propiedad, problemas en su respecto al estado de derecho y gran dificultad en la apertura de sus mercados.

Pero hay algo aún más importante para una transición exitosa que los arreglos institucionales para salir de la pobreza y de la arbitrariedad gubernamental. Un estudioso que entendió esto fue el filósofo francés del siglo 19, Alexis de Tocqueville (1805-1859).

En su famosa obra, La Democracia en América, Tocqueville señaló que las instituciones que promueven las libertad política y la prosperidad económica no prevalecerán a menos que también sean adoptados ciertos hábitos morales. Los que incluyen prácticas como la creatividad, la confianza en sí mismo y la asociación libre con otros para producir soluciones de la sociedad civil (en lugar de soluciones gubernamentales o de ONGs).

El cambio cultural es, sin embargo, extremadamente difícil. ¿Cómo persuadir a millones a alterar hábitos profundamente arraigados en su conciencia histórica? Una respuesta es cambiar los incentivos.

Una sociedad en la que las empresas son incentivadas a convertirse en creadoras de riqueza será muy diferente a otra en la que las compañías tienen incentivos para convertirse en vasallos de la clase política que otorga favores.

Pero es igualmente importante convencer a las personas que, por ejemplo, la adhesión al estado de derecho es bueno no sólo porque da resultados, también lo es porque satisface de las demandas de la justicia natural. Si las personas carecen del sentido moral de estas cosas, ellas encuentran difícil resistir los esfuerzos de los gobernantes para cambiar hacia ellos las estructuras de los incentivos.

La reforma económica e institucional es sencilla comparada con el rejuvenecimiento moral. Pero todo será necesario en la América Latina post-populista si se quiere abrazar el camino de la esperanza en lugar de la ruta a la desesperación.

Nota del Editor

Una comparación entre Argentina y Australia puede ser vista en la obra de Harrison, L. E. (1985). Underdevelopment is a state of mind : the Latin American case. Lanham, MD: Center for International Affairs, Harvard University and University Press of America. Hay un resumen de sus ideas en Subdesarrollo Mental.

La aclaración que hace Gregg sobre el estado de derecho dando buenos resultados es vital. Sí, el respeto al estado de derecho produce prosperidad, tiene buenas consecuencias materiales, pero no puede ser deseado sólo por esta causa “consecuencialista”. El estado de derecho es bueno en sí mismo por su congruencia con la naturaleza humana y es un bien en sí mismo, por sí sólo, incluso aunque no tuviera consecuencias positivas materiales (sin embargo, sería extraño que no las tuviera)


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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