Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Deuda, Crédito y Virtud
Selección de ContraPeso.info
27 mayo 2010
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Gregory Jensen. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El autor es psicólogo religioso y sacerdote de la diócesis de Chicago y de la Midwest (Orthodox Church in America).

Nuestra vida económica concierne más que sólo el objetivo de intercambio de bienes y servicios. Lejos de ser moralmente neutral, es una expresión de cómo entendemos nuestra dependencia de Dios y el prójimo, y es el medio por el que satisfacemos o no nuestras obligaciones con ellos.

Por razones de moralidad y de eficiencia económica de largo plazo, no podemos hacer de lado ni minimizar la importancia de la virtud personal, ni de la cultura de la virtud, para él éxito del mercado libre. No es suficiente que yo sea bueno; debemos ser buenos juntos. O por lo menos, y cualquiera que sean nuestras fallas morales, culturalmente debemos premiar y valorar la excelencia moral.

Jack Cashill entiende esto. En su nuevo libro, Popes & Bankers: A Cultural History of Credit & Debt, From Aristotle to AIG, sigue la pista a las cambiantes actitudes de la cultura occidental ante el dar y pedir prestado.

Desde el principio, el autor es claro. No podemos separar una conversación sobre deudas y préstamos, y por tanto sobre mercados libres, de otra conversación sobre nuestras vidas morales personales y culturales.

Con velocidad el autor no lleva a través de 25 siglos de historia social. A lo largo del camino escuchamos a Dante y a Shakespeare. Para mi deleite, El Mercader de Venecia tiene un papel recurrente en el análisis de Cashill y aprovecha con eficiencia los cambiantes retratos de Shylock para ilustrar las también cambiantes actitudes culturales hacia la deuda.

También aparecen Aristóteles y Aquino, uniéndose al reparto de personajes que incluye a Papas medievales, prestamistas judíos del Renacimiento, reformadores protestantes, robber barons y financieros del siglo 19 en EEUU. Y, por supuesto, aparecen nuestros villanos favoritos, banqueros, prestamistas y deudores, los que figuran con prominencia en el reciente colapso económico.

Aunque el tono es a veces un poco carente de seriedad (especialmente cuando discute a la Iglesia Católica de la Edad Media), el texto ofrece un buen panorama histórico del debate cultural y moral sobre la deuda. En todo, el autor resalta la íntima conexión entre el carácter moral y la vida económica.

Cashill localiza nuestra actual angustia en la los cambios culturales graduales en los “más o menos 50 años desde que las tasas de interés” estuvieron en 1%. Este giro cultural “tuvo menos que ver con la conducta” del prestamista y más con nuestra falta de voluntad para censurar “la conducta de los consumidores, especialmente a los pródigos” entre nosotros.

Mientras que no minimiza el lado malo de las instituciones financieras que cambiaron de sociedades a corporaciones (lo que “democratizó a Wall Street” incluso al “disminuir la lealtad de largo plazo y distanciar a los ejecutivos de las consecuencias del fracaso”), Cashill coloca nuestro fracaso moral en nuestra creciente dependencia del crédito.

A través de instituciones gubernamentales y privadas, la cultura occidental está ahora deseosa de “cumplirles a sus pródigos” y darles el crédito que les permita, al menos durante un corto tiempo, vivir por encima de sus posibilidades. Adicionalmente, alguna vez pensamos en los “pródigos como pecadores”, pero ahora “pensamos en ellos como ellos piensan de sí mismos —cómo víctimas”.

Cashill apunta que “la real línea divisoria en EEUU hoy no está entre la izquierda y la derecha sino entre los que simpatizarían” con los pródigos entre nosotros “y los que no simpatizarían”. Mientras que condenamos a los “prestamistas depredadores” no parece que alguna vez discutamos, mucho menos censuremos al “deudor depredador” que también juega un papel central en el colapso del mercado de casas.

En un plano ideal, nuestra voluntad de endeudarnos refleja nuestra confianza en el futuro, más que un deseo de satisfacer deseos momentáneos. Por esta razón, debemos pensar del pedir prestado, como lo hace Cashill (y lo ha hecho la cultura occidental en su historia), como un asunto profundamente moral y no simplemente económico. Enfrentamos ahora una amplia desconfianza en la economía porque hemos perdido de vista la conexión necesaria entre la virtud y un mercado libre eficiente.

Nuestra falta de confianza refleja una más fundamental falta de esperanza en el futuro. La crisis económica, desde el punto de vista de la teología moral, es una crisis de desesperanza; hemos perdido la fe en la bondad del mañana.

Así que ¿cómo devolvemos la esperanza a la esfera económica? Como Aristóteles lo expresó, debemos ser “liberales”.

No hay necesidad de decir que la liberalidad de Aristóteles difiere mucho de nuestro entendimiento contemporáneo. Para el Aristóteles ser liberal significa no gastar más de lo que tenemos y gastar sólo en “los objetos correctos”.

Pero la verdadera liberalidad puede existir sólo dentro de una viva tradición de virtud moral. En nuestras condiciones actuales, estamos muy tentados a aceptar meras soluciones técnicas. Sí, ellas son importantes, pero lo que más se necesita es arrepentimiento y el cultivo de las virtudes cardinales, me atrevo a decir, teológicas.

Si esto llega o no a suceder, depende de cómo ejercitemos nuestra libertad personal y las decisiones que como cultura tomemos.

De cualquier modo, la obra de Cashill nos ofrece un cimiento sólido sobre el que podemos argumentar en público que nuestras metas económicas deben ser alcanzadas dentro de una “cultura de vida” y que esto es necesario no sólo moralmente sino también para el funcionamiento eficiente del mercado libre.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


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  1. Dra. Bernal Dijo:

    Todos los mensajes que estamos enviando a nuestros jóvenes son desesperanzadores: Crisis económicas, daño ecológico irreversible, educación de pésima calidad; crisis en las iglesias, en la fé; los medios de comunicación resaltando sexo, violencia, consumo de alcohol y para rematar, dando a conocer sólo las noticias acompañadas de morbo. Líderes políticos que no saben hacia donde se dirigen y sólo siembran mediocridad, división y descontento; hacia donde volteen los jóvenes ven un larguísimo y nefasto futuro.
    Medio estudian, medio trabajan, medio se responsabilizan. Hacen lo que un sentenciado al cadalso: viven sólo el momento y se endeudan para obtener los medios que le van a proveer una dicha muy efímera.
    En algún momento del Siglo 20 como usted dice, también nosotros perdimos de vista la importancia de darle esperanza a nuestros jóvenes. La influencia del comunismo, socialismo e izquierdas radicales nos hicieron creer que los gringos tenían la culpa de todo. Ocupados en éso, vemos como se nos han colado los antivalores en el diario vivir y con ellos, la decadencia generalizada. Políticos y leyes a favor de la inmoralidad. No creo que podamos hacer otra cosa que no sea asegurarnos de transmitir los valores correctos a nuestros hijos, antes de que tambien se convierta ésto en delito.





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