Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dispuestos a Todo
Eduardo García Gaspar
18 mayo 2010
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La noticia, de hace unas semanas, fue fantástica por dos razones, la superficial y la de fondo. El lugar fue Oaxaca, México. El personaje fue Azael Santiago Chepi, dirigente de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. La ocasión, una conferencia de prensa. Según la nota, el líder de profesores dijo,

“Los invitaría a que voltiaran [sic] a ver la realidad de nuestros pueblos, a que voltiaran [sic] a ver la realidad en la que viven nuestros alumnos, las condiciones en las que se encuentran”.

¿Por qué dijo eso? Porque se opone a que existan mediciones de calidad de la enseñanza que dan esos maestros.

Hasta allí, la noticia (El Norte, 27 abril 2009) es pintoresca. Lo primero que llama la atención de dirigente sindical es su lenguaje. Lo segundo, su oposición a medir calidad de desempeño de maestros. Las dos cosas van conectadas. Quien dice “voltiar” en lugar de “voltear”, quizá también diga “copear” en vez de “copiar”. Por supuesto que no quiere mediciones de calidad que no pasaría él mismo.

Pero hay algo más de fondo y que es lo que vale la pena examinar, sin que la atención sea comida por ese lenguaje pintoresco. Es decir, la noticia tiene el riesgo de convertirse en trivial y quedar en una sonrisa por causa del lenguaje usado. El líder trató además dos elementos que sí son importantes.

El primero fue una afirmación: “Estamos en contra de las reformas, que son una forma de sometimiento: la reforma en telecomunicaciones, la energética, laboral, educativa, de seguridad social, y bueno, todas estas reformas que son parte de un proyecto neoliberal, un proyecto fascista”.

El segundo fue una amenaza: se propone elevar sus protestas con la meta de forzar al gobierno estatal y al federal a que su grupo sindical obtenga conquistas laborales, económicas sociales y políticas. Es realmente fantástico todo esto y explica, en mucho, el retraso del país. Con esa mentalidad el progreso de la nación se convierte en satisfacción forzada de peticiones corporativistas.

El dirigente sindical es una muestra muy clara de una mentalidad muy definida. Su meta única es la de obtener privilegios de grupo, en este caso para su sindicato local. Es ésa la razón de su existencia y posición. Con esos privilegios compra la voluntad de sus representados. Pero necesita que exista alguien a quien se le puedan exigir esos privilegios.

Necesita al gobierno, un gobierno grande y poderoso, que tenga a su cargo la educación del país. Sin gobierno a quien exigir privilegios, el líder se quedaría mudo. Compare esta situación con otra conocida, la del perro que ladra furiosamente a todo coche que pasa por su calle hasta que el coche se va.

Pero si el coche se detiene, y usted puede hacer la prueba, el perro se queda sin ladrar, sorprendido y sin saber qué hacer. Igual que el líder político que no tenga a un gobierno a quien gritarle. Y esta es la razón por la que todo cambio y mejora es rechazado. Significaría no tener a quien exigirle privilegios.

Porque eso son las reformas estructurales, al fin de cuentas, un retiro de privilegios corporativistas de grupos que se benefician a costa del daño que causan en el resto. Y, por supuesto, las reformas merecen adjetivos como “fascistas”, un calificativo de gran apariencia.

La noticia es, por esa razón, fantástica. Pocas veces se ve con tanta claridad el funcionamiento del corporativismo. Es como una lección para dar en una clase sobre las causas por las que un país permanece estancado y pobre. Ese corporativismo necesita un gobierno interventor, que por ejemplo, asuma la responsabilidad de administrar la educación del país.

Una vez que se tiene un gobierno así, de inmediato se crean grupos que quieren parte de ese pastel y están dispuestos a todo con tal de lograr rebanadas mayores. Si toma usted al monopolio estatal petrolero en México, es lo mismo: el gobierno asume esa función y con rapidez se crean grupos que quieren parte de esos recursos. Son generalmente sindicatos, pero también existen grupos privados que funcionan igual.

Finalmente, la noticia sugiere algo que es vital entender. La gran dificultad para implantar las reformas y mejoras es la oposición de esos grupos que viven de privilegios y ellos harán todo con tal de mantenerlos. Realmente todo.


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