Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Dónde Está el Estado?
Leonardo Girondella Mora
6 mayo 2010
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Si la pregunta se plantea como una de localización, eso ayudará a comprender qué es un gobierno o un estado. ¿Dónde está el estado? La respuesta correcta es: en la sociedad humana —es una creación de las personas.

Si las personas crearon al estado o gobierno, se obtiene otra conclusión: la persona es anterior al estado, es su creador y, por necesidad, un gobierno no puede ser superior a persona alguna, ni individual ni colectivamente.

Si el estado o gobierno está en la sociedad y fue creado por personas, hay otra pregunta lógica. ¿Es el gobierno o estado equivalente a la sociedad, o sólo es una parte de ella? Es una pregunta de equivalencias —el gobierno puede ser entendido como una parte solamente del total de la sociedad, pero también puede ser comprendido como igual o equivalente.

¿Puede hablarse de gobierno y de sociedad como si fueran una misma cosa de igual dimensión y naturaleza? No, la persona es anterior y ha creado varias cosas dentro de la comunidad en la que vive —el gobierno es una parte, no el todo de la sociedad y la persona es superior al estado.

Mi objetivo es llegar a una idea específica: los gobiernos no son el todo, fuera de ellos existen muchas cosas. Fuera de gobierno existe vida. Hay cosas que son externas al estado. Los gobiernos no lo comprenden todo, ni abarcan a la totalidad de la sociedad.

En resumen existen algo que es exterior al gobierno y que éste no lo contiene —en realidad hay muchas cosas externas a los gobiernos: toda la acción humana es externa. Arte, cultura, ciencia, estudios, invenciones, filosofía, producción, oficios, todo está dentro de la sociedad, pero no dentro del gobierno.

Si un pintor, por ejemplo, realiza una obra —ésa es su esencia y razón, igual que las tareas que realizan dos socios que han abierto un restaurante, o un sabio que se dedica a especular sobre el sentido de la vida. Nada de estas acciones humana cae en la parte de gobierno de la sociedad.

Un gobierno, por su parte, es otro tipo de acción humana —uno que tiene su razón de ser en la persona y la protección que ella merece en sí misma y en sus creaciones y propiedades. Como un instituto de meteorología se realiza en el estudio y pronóstico del tiempo, un estado se realiza en esa protección a las personas, usando la fuerza contra quien primero la ha usado en contra de una o más personas.

Eso es todo y, pensando así, se llega a una conclusión general: los gobiernos, por ejemplo, no pueden ser la fuente del arte: para eso existen otras personas, los pintores, escultores y demás. Tampoco puede ser la ciencia, ni tenerla dentro de sí, pues para ello existen los científicos y las instituciones que ellos crean.

El gobierno o estado, que es sólo una parte de la sociedad, recibe de fuera de él conocimientos, verdades, cultura, ciencia, bienes —cosas que le son externas y de las que no es fuente. Por tanto, tampoco puede ser fuente de la verdad, ni de la moral, a las que sí usa, por ejemplo, en la creación de leyes y su aplicación.

Mi objetivo es mostrar explícitamente que existen una gran cantidad de cosas sociales que son externas a los gobiernos o estados —cosas de las que no pueden ser ni fuentes ni creadores. Sería un absurdo que existiera una Física Estatal pues esa ciencia es externa al estado.

Es muy beneficioso que existan cosas externas a los gobiernos —la razón es obvia: el estado es la única institución humana que tiene el permiso legítimo para usar la fuerza. Nadie más lo tiene. Y esta cualidad indica la conveniencia de cuidar sus límites con mecanismos como la separación de poderes.

Pero hay más en esto que esa división de poderes —conviene a la libertad humana y sus acciones el que los gobiernos sean limitados por otras vías, como la existencia de esas cosas externas a ellos. Un gobierno que dictara el contenido de la ciencia, por ejemplo de los estudios de Historia, aumentaría su poder en detrimento de la iniciativa de las acciones de las personas.

Lo mismo sucedería con un gobierno que se adjudicara el poder para fijar qué es arte y que no lo es, o que se apropiara de la facultad de ser la fuente de las invenciones tecnológicas. Sería eso una forma de acumulación de poder indebido sobre las personas, que ya no podrían ser artistas ni innovadores.

Esta invasión de terrenos, por parte del estado o gobierno, tiene un clímax en los casos en los que los gobernantes se apropian de otra cosa externa: la determinación de la verdad. Esto podría verse con claridad en el caso de que un gobierno declarara que no hay parte física más pequeña que el átomo y obligara a los científicos a actuar de acuerdo con esa verdad por decreto.

Pero es mucho más difícil de ver en el terreno de las verdades no científicas —como en filosofía, cuando un gobierno se apropia del derecho a determinar lo que es bueno o es malo. Esto es externo al estado, pero si lo vuelve una función suya, crecerá su poder y decrecerá el de quien lo ha creado y legitimado, la persona humana.

Al final, he explorado una idea: la existencia de cosas que son externas y ajenas al estado o gobierno y que conviene que permanezcan así por el bien de las personas que forman una sociedad y han creado al gobierno como parte de su vida, no como el todo.

¿Dónde está el estado? En la sociedad y es una parte de ella, no puede ser el todo. La mayor parte de las cosas existen y son independientes del gobierno o estado. Hay vida, mucha vida, fuera de él —pero es tendencia natural en los gobernantes ampliar su poder, inflarlo hasta controlar la vida de quienes lo han creado. Tiene todo esto, un algo de la historia de Frankestein.


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