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• Moralidad —reconociendo que el consumo de drogas es malo y las personas tienen el deber de evitarlo, debe aceptarse que el punto central es que al gobierno “no corresponde criminalizar lo que no constituye un crimen”. Defino crimen como un daño a terceros, pero no como un daño producido a uno mismo. Los efectos del consumo de drogas son terribles —pero no deben mover a una acción gubernamental mientras ellos no produzcan daños a otras personas. El drama del drogadicto no debe ser usado como causa para justificar acciones gubernamentales, excepto en el momento en el que el drogadicto cause daños a terceros. • Compasión —reconociendo que las impresiones emocionales del consumo de droga son poderosas, debe aceptarse que ellas no deben guiar el tratamiento del problema. Benegas usa palabras fuertes:
La impresión visual emocional no puede ser usada como justificación de medidas tan extremas como esas imágenes —el atroz accidente automovilístico no puede llevar a la prohibición del auto. • Prohibición —reconociendo que el uso de la fuerza gubernamental no ha detenido el consumo de drogas, debe también aceptarse que su prohibición hace más atractivas esas sustancias, crea mayor dependencia y eleva las ganancias de quienes las producen y distribuyen. Existen evidencia poderosa de la prohibición de bebidas alcohólicas, tan inútil que fue repelida. • Financiamiento —reconociendo que la prohibición de drogas eleva el riesgo del negocio, debe aceptarse que así se eleva la cantidad de recursos que llegan a las bandas que las manejan. Esos recursos monetarios permiten financiar la producción de nuevas drogas más pesadas y de canales de distribución que atraen a personas con un bajo costo de oportunidad sean atraídas a la ilegalidad. Más aún, los abundantes recursos financieros de las bandas criminales permiten comprar a funcionarios, policías y jueces —y quienes no aceptan la corrupción tienen amenazadas sus vidas por parte de personas a sueldo. Y, los fondos logrados, hacen posible que las bandas se diversifiquen a otros negocios ilegales, incluyendo complicidad con terroristas. El dinero manejado en el narcotráfico es de tal magnitud que ha creado intereses fuertes que se oponen a la legalización de las drogas —lo que les significaría perder una fuente de ingresos muy cuantiosos. Dice Benegas,
• Costo personal —reconociendo que las labores de combate en contra de las bandas tienen altos costos, debe aceptarse que los ciudadanos pagan impuestos improductivos que podrían usarse en cosas de mayor provecho. Ciudadanos comunes, sin nexos con las bandas, están expuestos a sus amenazas y peticiones, como el lavado de dinero —más autoridades corruptas, un sistema judicial ineficiente y un ambiente general de inseguridad, que los expone a crímenes como robos y secuestros. Los menores de edad, además, sufren riesgos de reclutamiento mayores ya que son tratados legalmente de manera compasiva. • Enfermedad o criminalidad —reconociendo que hay necesidad de definir el problema correctamente, debe aceptarse que el drogadicto presenta un trastorno físico y no una conducta criminal, mientras no dañe a terceros. Entenderlo como crimen amplía la invasión de libertades con intromisiones en espionaje, detención, y otras. Esto influye en la medición del problema —la proporción mayor es de enfermos adictos y la menor es la de adictos criminales. Los primeros merecen tratamientos médicos, los segundos, castigos penales, no por consumo, sino por el crimen cometido (posiblemente con las drogas como agravante). Considerar que el motivo central que lleva a la decisión de consumir drogas es personal e individual, por lo que no son útiles las explicaciones colectivas. Puede verse en lo general como un problema de carácter personal que cree poder solucionar rasgos personales por medio de sustancias alteradoras, o bien cree poder buscar emociones mayores y diferentes. • Adultos e infantes —reconociendo que la decisión de consumir drogas es un acto autónomo voluntario sin necesidad de ser castigado penalmente, debe reconocerse la existencia de personas cuya edad no les permite tomar esa decisión —son los menores que se consideran protegidos: quienes los induzcan al consumo o distribución de ellas, sí son merecedores de castigos. • Utopía imposible —reconociendo que la realidad siempre será imperfecta, debe aceptarse la inutilidad de perseguir situaciones ideales imposibles. La prohibición de las drogas no significa la construcción de un mundo libre de ellas, al contrario, equivale a tener un mundo peor que con su legalización. El problema debe plantearse entre dos males inevitables, el de su prohibicción y el de su legalización, sabiendo que ninguno de ellos es perfecto y que es preferible el menos malo. También, debe ser considerada la imperfecta naturaleza humana, inclinada a vicios como prostitución, consumo de alcohol y drogas, en lo que lo más conveniente es aceptar la imposibilidad de modificar la naturaleza humana de todos sin excepción.
Lo que he hecho es formar grupos de ideas centrales basados en las 32 ideas de Benegas, en una columna que debe leerse —en lo que he incorporado comentarios míos. Si se me preguntara cuál es la razón central que ha frenado la prohibición de las drogas, respondería que la buena voluntad de muchas personas. Creen ellas con toda honestidad que los daños que las sustancias causan pueden evitarse por medio de la acción gubernamental. Benegas hacen tres citas, que preproduzco —quizá estas citas pueden hacer meditar a esas personas de buena voluntad.
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