Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Dinero Como Sospechoso
Eduardo García Gaspar
1 octubre 2010
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es más o menos una idea establecida en México y, creo, en mucho de América Latina, como en muchas otras partes, que el amor por el dinero es al menos despreciable, si no causa de mil males y desgracias que llevan a muchos a ser pobres y a pocos a ser ricos.

Es toda una forma de pensar, hasta quizá un paradigma para entender al mundo y gobernarlo.

Pero el dinero en sí mismo no tiene mucho significado. Hacerlo objeto de un odio rabioso es tan inútil como detestar a la piedra con la que uno de tropieza. Es difícil sostener que hay amor por algo que en si mismo no tiene usos. Si alguien desea tener dinero es porque eso le permitirá tener otras cosas y nada más por eso.

Es decir, lo que se ama es lo que con el dinero puede tenerse y hacerse. Sin saberlo es difícil saber si querer dinero es bueno o malo o indiferente. El que desea dinero para pagar la escuela de sus hijos no creo que pueda ser objeto de reprobación moral, como tampoco el que lo quiera para abrir una fábrica. Al contrario.

Es ése el primer error que quiero señalar: reprobar al que quiere dinero es un acto estéril. Lo único que podría criticarse es querer dinero para así realizar un acto reprobable, como el comprar una pistola para realizar robos. Recordando a los evangelios, lo que mancha al hombre no es lo externo, sino lo que está dentro de él.

Criticar al que quiere dinero es igual de tonto como reprobar al que quiere un destornillador. Lo único posible de reprobar o aprobar es el uso posterior que se le dé al objeto y no otra cosa. Pero hay más, algo que debe verse y que bien vale una segunda opinión.

Ya vimos que lo posible de criticar moralmente no es el dinero en sí mismo. El dinero no es ni moral ni inmoral. Es un objeto, un instrumento y nada más. Puede criticarse, sin embargo, el uso que se da al dinero. El hijo pródigo que malgastó su dinero en festines y excesos quiso el dinero para algo reprobable. Es fácil de ver.

Pero falta examinar la otra parte del dinero, el de cómo ha sido obtenido. Obviamente hay varias formas de tener dinero en las manos. La inmensa mayoría de nosotros lo conseguimos por medios honestos, por medio de nuestro propio trabajo y esfuerzo. Nada reprobable hay en ello. Seguramente hay mucho de loable.

Pero el dinero y las riquezas pueden también tenerse por medios reprobables. El ejemplo más clásico de estos es el del ladrón, que por extensión puede ampliarse al caso del estafador en todas sus modalidades. Más aún, hay otras maneras indebidas de conseguir dinero, de las que son ejemplo clásico los favores gubernamentales: a cambio de un dinero por debajo de la mesa se consiguen concesiones que permiten oportunidades de negocio.

Aquí es donde entra en juego eso que vale una segunda opinión. En las sociedades en las que los modos más conocido de hacer grandes fortunas sean los deshonestos, allí se sospechará del dinero. Se le odiará porque se cree que la manera de obtenerlo fue inmoral y se sospechará de todos, incluso de los que hicieron su fortuna honorablemente.

Es allí precisamente donde se aceptará sin duda que el amor por el dinero es despreciable, porque se presupone que así fue obtenido. La única explicación de las fortunas ajenas es la deshonestidad y el éxito se vuelve objeto de sospecha y recelo.

En las sociedades, por otra parte, donde se piensa que las fortunas personales son el resultado del trabajo y el esfuerzo, sucede otra cosa. Allí, el dinero no es sujeto de sospecha, sino símbolo de éxito merecido que puede ser emulado. No se odiará al dinero, quizá incluso se le ame, no por ser síntoma de cosas indebidas, sino de cosas que son recompensadas.

Y en esas dos sociedades dominarán dos mentalidades diferentes. En donde el dinero sea sujeto de sospecha y falta de honestidad, allí la ambición política máxima será la igualación: nada habrá mejor que quitarle al sospechoso su fortuna y repartirla entre el resto. Esta sociedad que odia al dinero se obsesionará con la igualdad material.

En donde suceda lo opuesto, donde el dinero sea visto como merecida recompensa de trabajo propio, allí la ambición política no será la igualación. Al contrario, allí los intentos de redistribución serán vistos con desagrado y la desigualdad de fortuna, como una consecuencia deseable de la libertad y causa de prosperidad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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