Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Regaño y la Maduración
Eduardo García Gaspar
21 septiembre 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Existen ocasiones brillantes, en las que sin esperarlo se enfrenta uno cara a cara con una idea descomunal. Por descomunal entiendo una que tiene la virtud de explicar algo, algún suceso o sucesos que no entendíamos. Pero ahora los entendemos. Entro en detalles.

Todos hemos visto e incluso vivido situaciones familiares en las que los hijos son tratados por sus padres como niños mimados. Recuerdo en varios casos al padre de familia diciendo que quería dar a sus hijos todo lo que él no pudo tener cuando era pequeño.

En estos casos, los padres consienten a sus hijos, a todo les dicen que sí y nada les niegan.

Son situaciones de padres blandos, si lo puedo decir así, que han definido a su deber paternal como uno de protección filial consistente en cumplir los deseos de los hijos, lo que sea que estos quieran. Puede ser que esta conducta de los padres de familia se deba a un convencimiento propio, pero puede ser que se daba a otra causa.

Es posible que la conducta del padre que mima al hijo hasta la obsesión, se deba a pereza: lo que el padre o la madre quieren es no tener problemas, ni pensar, ni dedicarle tiempo. La solución a esto es decir a todo que sí y asunto arreglado. Recuerdo el caso de una madre que se quejó con un profesor porque las tareas dejadas al hijo eran muchas y difíciles, y no le dejaban tiempo para jugar.

Creo que me he dado a entender y usted ya ha recordado otros casos, como quizá el de la hija que recibe de regalo un carro de lujo, o el del hijo al que se le concede un año de vacaciones sin estudios porque siente necesitar un descanso, o el de la compra de juguetes excesivos porque el niño ha hecho una rabieta. No entro en más porque se conocen casos de sobra.

La idea a la que me enfrenté, en un libro, sin esperarla, trata el tema. Habla de la reprensión y el regaño a los hijos. Y, lo más interesante es que esas llamadas de atención son causadas por amar a los hijos, lo que plantea una cosa fascinante: el que todo concede a sus hijos y los mima sin medida, ése no los ama realmente. La paradoja es digna de poner sobre la mesa.

Por parte del hijo, es una reacción natural que el regaño de sus padres no sea tomado con facilidad. Al contrario, el hijo se enojará y la llamada de atención será no muy bienvenida. Hasta rabietas pueden esperarse de los hijos cuando sus deseos no son cumplidos y no se les compra el juguete que vieron en la tienda, o no se les presta el coche alguna noche.

La pregunta es la obvia, “¿qué padre no corrige a sus hijos?” Solamente puede dejar de corregir a sus hijos quien no los ama en realidad. Es cierto. Sólo quien no los ama es capaz de dejar que ellos hagan sus antojos sin freno, y sin dejar que sufran las consecuencias de sus actos.

El caso puede ser ampliado a otras situaciones, por ejemplo en las escuelas. Los alumnos, a muchos de ellos les disgustan las correcciones, las llamadas de atención y hasta les duelen. Es común que tiempo después agradezcan eso que les disgustó y que les permite “una vida honrada y en paz.” Terminan por comprender que eso robustece “las rodillas vacilantes” y “el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.”

Quizá sea ésa la clave, el tiempo. A la corta, el no hacer un regaño merecido es placentero para todos. Evita enojos, pero a la larga, produce males mayores y vidas con problemas. Es eso que conocemos como prudencia, nuestra habilidad para anticipar efectos malos futuros y tratar de evitarlos ahora mismo, aunque sea haciendo eso que no nos gusta.

Me parece obvio decirlo, demasiado obvio, pero quizá sea eso mismo lo que me justifica. Los humanos somos seres que tienen un proceso extremadamente lento de maduración y esa maduración no es meramente biológica. La más importante es mental y se trata de aprender de experiencias propias y ajenas. Los padres comparten esas experiencias con sus hijos en buena parte cuando llaman la atención a sus hijos.

Pocas cosas tan estimables hay en la vida que un buen regaño paternal en el momento adecuado y que el dejar a los hijos sufrir las consecuencias de sus actos. Los padres consentidores, sobre protectores, que miman a sus hijos, es paradójico, les impiden madurar.

¡Ah, se me olvidaba! Las citas sin de un texto que leí hace poco: San Pablo en su carta a los hebreos (12, 5-7 11-13).

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras