Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Buen Gobernante Ocioso
Eduardo García Gaspar
6 mayo 2010
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO, Y FABULAS E HISTORIAS
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La historia comienza en una plaza pública, hace muchos años, por la tarde, en un día de mercado. Reunidos estaban allí gran cantidad de comerciantes que ofrecían todo género de mercancías a gente de la ciudad y sus alrededores.

Entre los puestos y tiendas allí establecidos, uno de ellos se distinguía del resto. Era uno en el que no se ofrecían mercancías, sino un servicio muy particular. El de un mago o vidente, alguien que decía a otros lo que el destino les deparaba. Y no le iba mal. Con el tiempo, el adivino había logrado una pequeña fortuna que le permitía vivir con comodidad.

Ya cerca de la hora en la que los comerciantes hacían preparativos para cerrar sus tiendas ambulantes, un cierto día, se escuchó una gran conmoción. Un par de personas entraron a la plaza gritando, “¡Le han robado su casa al adivino, le han robado su casa!”

Siguieron gritando hasta que llegaron frente al adivino y le narraron los  acontecimientos: poco después de salir hacia el mercado, unos individuos debieron llegar a la casa del mago, e introduciéndose por el techo, entraron en ella, logrando salir con un gran botín. Los vieron varios niños que jugaban en la calle y que avisaron a sus padres.

Alarmado con tal noticia, el mago encargó la tienda a su mujer y salió corriendo entre la gente, gritando, “¡Me han robado, me han robado!”

Llegó así hasta su casa, pero antes de entrar en ella, uno de sus vecinos le dijo, “¡Oh, gran mago, que presumes de poder ver todo, de decir al incauto la suerte que el futuro le tiene preparado, que crees poder ver más allá del tiempo, ¿cómo es que no has podido antes de salir ver lo que este día te tenía preparado?”

Con esa frase, termina una de las fábulas de Esopo, dejando al lector el obtener su propia moraleja. Por mi parte, me llama la atención un elemento de la historia que siempre pasa relativamente desapercibido: la forma en la que el mago logró su fortuna. Llevaba tiempo haciendo eso de decir a otros su futuro y, claramente, había sido exitoso.

Sus servicios tenían demanda. Podemos inferir que quizá no todos creían en lo que el mago hacía, como su vecino, pero sí tenía sus clientes. Es decir, había personas que consideraban que era preferible escuchar lo que el adivino les pronosticaba que tener unas monedas en su bolsa. Y el mago prefería las monedas a quedarse sin decirle el futuro a nadie.

Podemos tachar de tontos e inocentes a los clientes del mago y tendremos razón. Hasta podemos calificar como un engaño lo que el mago hacía. Y, sin embargo, ni el cliente ni el mago terminaban lastimados. Los clientes descontentos, no regresaban. Otros quizá iban a él como un modo de pasar el tiempo y reírse un rato. Seguramente otros más lo tomaban en serio.

Si en la ciudad hubiese habido un gobernante hiper-activo, como los de nuestros días, seguramente habría prohibido el trabajo del mago, el que se habría escondido en su casa y recibido allí a sus clientes. Pero, el gobernante sabio de la ciudad dejaba que la gente decidiera lo que ella quería comprar, así fuese pronósticos del futuro, o demasiadas telas.

De todo lo que el gobernante se preocupaba era de que compradores y vendedores cumplieran sus acuerdos. El precio no le interesaba controlar, porque al final de cuentas, no hay mejor juez del precio que aquél de cuyo bolsillo salen las monedas con las que paga. Esopo no hace referencia a ese gobernante, pero me lo imagino. Debió ser un buen tipo.

Un tipo muy diferente al gobernante que ahora padecemos. Imagine usted a Hugo Chávez como gobernante de esa ciudad. No hay duda de que ya habría nacionalizado los puestos de manzanas y peras, amenazado a los comerciantes de tomate para que bajaran su precio y pagado al mago para que le hiciera propaganda a su gobierno. En total, compradores y vendedores habrían sido lastimados.

O imagine a Obama, gastando de más para reanimar al mercado de la ciudad, logrando un déficit que más tarde la gente del mercado tendrá que cubrir con impuestos. O a los Kirchner imprimiendo más dinero para que la gente esté contenta y crean que las cosas mejoran.

Y el mago, ahora sí, podría predecircon bases sólidas el futuro de la ciudad. Un gobernante que busca hacer feliz a la gente de la ciudad terminará haciéndola infeliz… y un gobernante que deja libres a las personas, logrará que ellas sean felices en verdad. No fallará.


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