Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Gobierno y su Mundo
Eduardo García Gaspar
22 julio 2010
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Seamos lógicos. Tengamos sentido común. Abandonemos los clisés que a nada llevan, excepto a errores. Cuando usted subsidia algo, lo que sea, lo hace para tener más de eso que subsidia. Lo subsidiado recibe un premio.

El más sencillo de los subsidios puede darse con los hijos. Puede dárseles un premio por buenas calificaciones, es decir, lo subsidiado es eso, las buenas notas en la escuela. El juguete que les da de premio es el subsidio a lo que usted quiere, esas altas calificaciones. No es complicado.

Ahora vayamos a la situación opuesta, la de darles subsidios o premios a los hijos cuando sacan malas notas. Digamos que usted es un padre muy compasivo al que apena que el hijo saque notas malas y para quitarle ese trauma de notas bajas, usted le da un juguete. Lo que usted estaría haciendo así es subsidiar las calificaciones bajas.

Y, por lógica, obtendrá más calificaciones bajas, no menos. Le digo, no es complicado, es mero sentido común. Todos lo pueden entender. Bueno, la verdad es que no todos. Hay algunos que no lo comprenden. Es cierto y uno de ellos es Obama, que hace poco pidió una extensión de los beneficios al desempleo.

¿Qué va a obtener haciendo eso? Lo lógico, más desempleo del que se tendría sin esas extensiones de beneficios. La lógica es corroborada por estudios. Uno del National Bureau of Economic Research, del economista Lawrence Katz, indica que una semana de extensión de beneficios de desempleo lo eleva de 0.16 a 0.20 semanas.

Lo mismo reportan datos de Michael Feroli de J.P. Morgan Chase (estudios citados en Stimulating Unemployment, WSJ, 20 julio 2010). Otro dato: 6.7 millones de estadounidenses han estado en esta fecha sin empleo al menos seis meses. Esa cifra es el 45% de los desempleados, una proporción que en febrero de 2009 era de 23%.

Es decir, no es una cuestión de lógica teórica que no aplica en la práctica. Es una conclusión de lógica teórica que sí tiene comprobación práctica.

La conclusión es irrebatible: los beneficios de desempleo tienden a producir más desempleo del que se tendría sin esos beneficios. Aceptando esto como innegable, queda la cuestión de explicar las razones por las que un gobierno como el de Obama que quiere combatir el desempleo toma medidas que lo promueven. No tiene sentido, pero se hace.

Por supuesto, una razón es política: los subsidios, las ayudas y los regalos dan popularidad a los gobernantes, les reditúan votos entre los beneficiados. Y este beneficio es entendido por el gobernante como más valioso que la mala noticia de una tasa alta de desempleo. Una reacción política normal.

Otra razón es el predominio del sentimiento sobre el sentido común. Es la misma situación del padre que para consolar al hijo por sus malas notas le compra un juguete. Le movió el sentimiento, la emoción, y cometió un error con consecuencias. Si se le da un premio de consolación al desempleado sucederá lo mismo por la misma razón: una emoción compasiva imprudente.

En México se tiene una modalidad de seguro de desempleo, el de un gran costo por despido y funciona de la misma manera produciendo el mismo efecto: más desempleo del posible sin esa disposición. El punto bien vale una segunda opinión para entender los efectos de una compasión mal encaminada.

Por supuesto, nadie puede negar que el desempleo severo de largo plazo debe ser evitado en lo posible. Lo anterior sólo muestra que las ayudas al desempleo pueden ser terriblemente malas y que deben buscarse otras soluciones con más sentido común y menos emoción.

Me refiero a medidas como el facilitar la creación de empresas, la reducción de impuestos, la flexibilidad de contratación de personal y otras similares que sí atacan el problema del desempleo y lo hacen creando empleos. Es simple sentido común. ¿Quiere usted disminuir el desempleo? Entonces facilite la creación de empleos.

Lo fascinante del tema es el contraste entre la realidad innegable y las medidas gubernamentales. Esas medidas, como las de extender beneficios de desempleo, chocan contra la realidad, lo que hace posible suponer que el gobernante la ignora. No sabe cómo funciona el mundo e inventa un mundo alterno en el que sus decisiones son todas las mejores y más acertadas.

No es aventurado decir eso. El gobernante suele vivir muy alejado del mundo real.

Post Scriptum

La justificación de las ayudas al desempleo suele estar sustentada en llamados a la caridad y a la justicia, es decir, son reclamos que llaman a establecer acciones de compasión y caridad. Incluso los que reconocen que en la práctica se fomenta el desempleo, argumentan que es moralmente superior el dar ayudas de desempleo. La verdad es que esa superioridad moral es inexistente. Al contrario, es moralmente reprobable dar ayudas al desempleo sabiendo que lo que ellas lograrán es mayor desempleo.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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