Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Tendero Inocente
Santos Mercado Reyes
19 mayo 2010
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
Catalogado en:


A los economistas keynesianos les gusta esconder sus fechorías pervirtiendo el lenguaje para que la gente navegue en mares confusos y no sepa quién les está perjudicando. Por ejemplo, definen a la inflación como el crecimiento sostenido de los precios.

Así le pueden echar la culpa al tendero de la esquina, al panadero o al agricultor “que suben los precios en virtud a sus ambiciones desmedidas de incrementar sus ganancias”. Después de culpar al inocente, los políticos keynesianos se presentan como los salvadores del pueblo para atacar a los empresarios y comerciantes  y someterlos a un control de precios determinado por alguna agencia burocrática del Estado.

Para ello contratan a todo un ejército de funcionarios, burócratas y supervisores que lo más seguro es que nada controlen pero van a extorsionar a los comerciantes, llenan sus propios bolsillos y, por supuesto, van a engrosar la nómina gubernamental para que la población los mantenga con los impuestos.

Es la historia que se repite una y otra vez aprovechando la confusión del pueblo.

Cuando en una economía se observa un crecimiento generalizado de los precios tenemos que detectar las causas para no tomar remedios que son peores que la enfermedad. Si usted observa que todo empieza a subir de precio, los productos perecederos y los bienes duraderos, los zapatos, las bicicletas, los automóviles y todo lo que le rodea, la causa, regularmente y casi sin duda se debe a un solo factor: alguien está imprimiendo billetes, alguien está haciendo trabajar la maquinita de impresión de dinero.

En otras palabras, hay un agente que está inflando a la economía con dinero creado de la nada. Así como cuando a un globo se le infla con aire, hasta que explota, así ocurre con las economías, se les infla de dinero hasta que, irremediablemente, estallan, es decir, colapsan.

Esta es una ley económica y nadie la puede burlar, así como nadie puede burlar la Ley de la Gravedad enunciada por Isaac Newton.

¿Quién es el agente maligno que prende la máquina de imprimir billetes? Normalmente son los gobiernos torpes, ignorantes o bribones. Imprimen billetes cuando no les alcanza lo que reciben por concepto de impuestos y tienen que mantener a un ejército de burócratas y funcionarios; tienen que sostener programas populistas donde regalan dinero a los campesinos, a las madres solteras, a los estudiantes, regalan dinero a los partidos políticos y para las obras faraónicas que les sirve para ganar imagen en vista de próximas elecciones.

¿De dónde obtendrán dinero si los contribuyentes ya no se dejan ordeñar? Bueno, pues la solución se las dio un economista diabólico llamado John Maynard Keynes. ¿Qué dijo Keynes?  Fácil, “¡imprime dinero!”.

Los políticos quedaron encantados con la receta keynesiana pues además de tener la imprenta en su poder, por ley, tienen el monopolio de fabricación de dinero.  Ni tardos ni perezosos consiguen papel periódico y tinta y con eso pueden producir todo lo que necesitan.

El problema es que cuando ese dinero llega a manos de alguien, ese alguien va a la tienda a comprar algo que antes no lo tenía contemplado. Es decir, crece la demanda de cigarros, digamos. El crecimiento de la demanda de cigarros empuja a los precios hacia arriba, es una ley económica.

Por otro lado, aquel trabajador que tiene sueldo fijo, ya no puede comprar con sus diez pesos los cigarros que antes si podía. Alguien le robó su poder adquisitivo sin que se diera cuenta. Culpa al tendero, porque ignora dónde empezó el mal.

En otras palabras, cuando se imprimen nuevos billetes, se da un fenómeno de transferencia de riqueza. El poder adquisitivo que adquiere el primero que recibe ese billete es la suma del poder adquisitivo que pierden miles de ciudadanos. Es el robo oculto que genera la impresión de billetes.

Es tan dañino y criminal el hecho de producir billetes que no solo se reflejará en el crecimiento generalizado de los precios, sino que genera el empobrecimiento de grandes capas de la población, distorsiona las señales económicas pues se generan demandas artificiales. Los empresarios piensan que sus productos son más demandados y pueden endeudarse e invertir y contratar más trabajadores.

Pero cuando se deja de inyectar dinero a la economía se cae esa demanda, las ventas no se realizan, las bodegas se llenan, se tienen que despedir a los trabajadores y sobrevienen crisis económicas como las que todos conocemos.

En cuando al tipo de cambio, el valor de la unidad monetaria se reduce y eso explica por qué está bajando el precio del dólar. Recuérdese que Barack Hussein Obama, el presidente de los Estados Unidos de América ha inyectado más de un billón de dólares recién salido de la imprenta.

Nadie puede justificar la necesidad de inyectar más dinero a la economía. El invento diabólico de Keynes que pomposamente llamó “Función de Demanda de Dinero” es una falacia.

Con esa función decía que tenía que responder a las necesidades de los empresarios, comerciantes y consumidores “que requieren dinero”. Claro que todos requerimos y queremos dinero, pero eso no quiere decir que deba ponerse a trabajar a la imprenta, esa es una interpretación abusiva, cruel y despiadada.

De una vez por todas debemos saber que la cantidad de dinero, decir, de los billetes que nos sirven para facilitar los intercambios deben permanecer fija. Si ya están circulado, digamos,  mil millones de pesos, esa cantidad no se debe alterar, pues si se le inyecta o si se extrae dinero, ambos movimientos producen fenómenos de transferencias indebidas de riqueza.

Si una economía logra comprender estos  principios, se dará cuenta que es muy fácil acabar con la “inflación”, es decir, el crecimiento generalizado de los precios, pues basta que el gobierno no prenda la maquinita de hacer billetes, salvo para reponer los deteriorados.

En otras palabras, la “inflación” es un fenómeno político que únicamente depende de los gobernantes. Si el gobernante cínicamente culpa a otros, que nada tienen que ver con la impresión de billetes, debería ser mandado al patíbulo.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


1 comentario en “El Tendero Inocente”
  1. JSV Dijo:

    Hola, disculpe la pregunta, quizá este no es el lugar adecuado, pero tiene cierta relación. Digamos que el país A le compra el producto X al país B. El país B vende mucho, incrementa su riqueza, sube el valor de su moneda y al país A le cuesta más dinero comprarle el producto X a B. Como el país B ya vende poco y no quiere perder su renta por venta del producto X, decide bajar el valor de su moneda. Para esto, B compra moneda del país A. ¿Cómo funciona este mecanismo por el cual al comprar moneda de un país con menor poder adquisitivo, baja el valor de la propia moneda? En un documental vi que China compró dólares a EU para bajar sus precios y que EU pudiera seguirle comprando a China.





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