Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Embobando los Precios
Eduardo García Gaspar
10 septiembre 2010
Sección: ECONOMIA, FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
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Se sabe de sobra. Estamos en una economía vacilante. Después de paquetes de estímulos gubernamentales, sobre todo en EEUU, poco resultado se percibe, lo que produce nuevas recomendaciones para reanimar a la economía. Nada de malo hay en esto, al contrario.

Y, sin embargo, en esas sugerencias se han incluido propuestas que por usar palabras descriptivas podrían ser con facilidad consideradas como bobadas.

Una de ellas decía que debía elevarse el gasto público, lo que equivale a decir que la economía se reanima quitando dinero al ciudadano, si no hoy, mañana.

Otra de ellas, escuchada en la radio, proponía una reglamentación gubernamental de los precios, a la baja, especialmente de aquellos que fueran “cruciales” para la economía, como el petróleo y en general los precios de la energía. Interesante pero bobo al mismo tiempo. Si eso pudiese ser, ya no habría economías en problemas.

Y esto me lleva a lo que creo que bien vale una segunda opinión, porque parece ser que los precios de los bienes no han sido bien entendidos, especialmente por los gobernantes (los que en general tampoco suelen comprender otras muchas cosas).

En fin, para ponerlo en palabras sencillas, los precios de los bienes son como mensajeros.

Los precios son portadores de noticias, igual que cualquier periódico. Querer controlar a los precios es como querer controlar al mensajero, que no es responsable de la información que nos trae. La cuestión es fácil de entender: controlar precios es como censurar información en los medios. Los controles de precios son iguales a las listas de libros prohibidos de hace tiempo. Recuerde el célebre Index Librorum Prohibitorum, que se convertiría en el Index Pretium Prohibitorum.

Los precios nos traen noticias, a veces buenas y a veces malas. Así es el mundo y conocer la realidad es necesario para tomar buenas decisiones. Si se reducen por decreto los precios de los energéticos, lo que sucede en realidad es que se fabrica una noticia buena, pero que es falsa. Es lo mismo que cuando un gobernante dice que la inseguridad no ha afectado las inversiones, puras mentiras.

Por eso es que controlar los precios es bobo: es un engaño intencional y descarado. Si se reducen por orden de gobierno los precios de la electricidad o de la gasolina, por ejemplo, nos alegraremos y haremos lo obvio, usar más de esos bienes… que es lo contrario que haríamos al sufrir la realidad de un precio mayor.

La información que contienen los precios es de ayuda para todos, consumidores y productores, puesto que así saben la realidad de lo que sucede. Vaya, para hacer las cosas claras, un control de precios es como un servicio de meteorología que para tener contentos a todos anuncia que hará buen clima cuando en realidad se acerca un huracán. Sabiendo lo del huracán, haríamos cosas diferentes a si creemos que hará bien clima.

Por eso es realmente llamativo el escuchar propuestas para reanimar a la economía por medio de reducciones de precios, en este caso de energéticos. Todo lo que eso puede lograr es una percepción engañosa. Es pocas palabras, es una mentira y sobre una mentira es muy dudoso que pueda reanimarse la economía. Lo hará en el corto plazo, hasta que la realidad nos alcance impreparados.

Porque eso es inevitable. Las mentiras se descubren tarde o temprano, y producen problemas peores de los que quisieron resolver. Sabiendo esto, hay algo que falta examinar: la razón por la que se sucumbe a la mentira de los controles de precio con tanta frecuencia.

Una de ellas es natural: existe un beneficio tangible inmediato. Cuando se dan facilidades mentirosas para la adquisición de hipotecas, por ejemplo en la crisis nacida en 2008, muchas personas se beneficiaron con una casa nueva que no pensaron poder comprar antes. Los gobernantes obtuvieron popularidad mientras duró la mentira.

Pero cuando llega el momento de la verdad, las tragedias comienzan. Las personas se dan cuenta de que ahora tienen casas que no hubieran podido comprar de haberse conocido la verdad. Las empresas hicieron inversiones calculadas sobre datos ficticios. Y los gobernantes culpan a todos, menos a ellos mismos.

Sí, la economía en estos momentos no está en buen estado y proponer ideas para resolver este problema es muy positivo, pero, por favor, seamos sensatos y aprendamos del pasado. No queramos encontrar una solución buena por medio de engaños, mentiras y bobadas.

Post Scriptum

Hay un buen cúmulo de material sobre el tema de las causas de la crisis en ContraPeso.info: Crisis 2008. Es especialmente valiosa la columna de R. Cachanosky: Crisis del ’29 y la Actual.

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