Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
En Realidad no es un Robo
Leonardo Girondella Mora
13 septiembre 2010
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


No es infrecuente escuchar repeticiones de ideas en forma de eslóganes —como el caso del que resumen todo en “la propiedad privada es un robo”. Si lo fuese, todos estaríamos forzados a ser ladrones para sobrevivir de un día para otro.

Es fácil demostrarlo —el vestir un suéter implica la propiedad de su uso y, por consecuencia inevitable me hace un ladrón. El comer una manzana lo mismo. Todo lo que una persona coma necesita ser su propiedad para poder ser consumido. No hay manera de evitar caer en un sistema de propiedad privada si se quiere sobrevivir.

La idea de que la propiedad privada es un robo —además de ser un eslogan memorable— intenta ser justificada razonando que la tierra, el planeta, y los recursos que contiene son propiedad de toda la especie humana. Si todos poseen en conjunto esos recursos, se concluye, el que una parte de ellos pasa a ser propiedad privada equivale a un robo.

Dejaría de ser robo en el caso de que exista la aprobación de todos para dar cierta cantidad de esos recursos a una persona —o sea que tendría que existir una especie de referéndum mundial para aprobar la cesión de recursos a particulares. Realizar ese referéndum sería un imposible.

Pero aún si se acepta que los recursos de la tierra son propiedad de todos —o al menos que todos tienen el derecho a gozar de ellos—, no se concluye necesariamente que la propiedad particular sea un robo. Un razonamiento ingenioso y razonable, ve las cosas de otra manera:

Los recursos están allí para el uso y goce de todos —pero están en un estado bruto, por sí mismos rinden poco o nada para convertirse en objetos útiles. Los recursos necesitan ser trabajados y eso sólo pueden hacerlo las personas. Y ya que las personas no son propiedad de nadie, el trabajo que ellas hacen les pertenece.

Una persona que trabaja un pedazo de tierra y hace posible que ella rinda cultivos mayores a los posibles sin su trabajo, justifica la propiedad de esa tierra —su trabajo se ha mezclado con el recurso y lo ha hecho suyo, como lo ha razonado Locke. El razonamiento es más profundo de lo que puede aparecer al lego.

La variable crucial en el aprovechamiento de los recursos no son esos mismos recursos, sino el trabajo que los hace rendir y ser fuente de bienes que son fuente de satisfacción y gozo. Lo que sí sería un robo es quitarle a la persona su trabajo —sería un esclavo. Pero no puede ser robo un recurso natural mejorado por el trabajo personal.

El razonamiento no es completo —puede defenderse la idea de ser propietario de aquello que yo he mejorado, un pedazo de tierra en el ejemplo más clásico. Pero hay una condición necesaria no explícita: ese pedazo de tierra no tenía un propietario anterior. Si yo trabajo limpiando los pisos de un edificio, eso no me convierte en su dueño, por mucho trabajo que realice en su interior.

Un propietario, mas aún, tiene la posibilidad de trasladar su propiedad —la persona que cultiva manzanas puede venderlas o intercambiarlas por las propiedades de otros. Se descubre así, de manera espontánea, que el sistema de propiedad privada aprovecha recursos mejor que otro de propiedad colectiva y se acepta como parte de la vida.

Sin embargo, un cierto día llega un intelectual y por la razón que sea propone que la propiedad privada es un robo, por lo que ella debe ser abolida y todos los recursos deben ser ahora propiedad de todos —dice que así se remediará la pobreza y la desigualdad, siendo todos propietarios simultáneos de todo.

Toma desprevenidos a las personas —ellas presuponen sin mucho pensarlo un sistema de propiedad privada, lo toman como dado y no se han molestado en encontrar sus razones, fundamentos y causas. Algunas de ellas sucumben a la idea y se convierten a esa nueva filosofía que considera que la propiedad es un robo.

No piensan en que es ilógica la idea, ni se dan cuenta de que es imposible tener un sistema de propiedad colectiva total —no podrían siquiera tener la propiedad momentánea de un lugar en el que dormir: cualquiera podría llegar a reclamarlo. Pero la popularidad del eslogan se mantiene y modifica su reclamo.

Lo modifica a una política de propiedad estatal —el único que puede ser propietario es el estado, una entidad vaga y abstracta que sólo puede tomar forma en el gobierno: el gobierno es el único propietario posible. Pero aún así, el gobierno no puede ser propietario de todo literalmente en la vida diaria, como de mi cepillo de dientes.

Y la idea se modifica a incluir los medios de producción —la propiedad de ellos es un robo, se dice, pero la propiedad estatal de esos medios no lo es, al contrario, y dicen, es un sistema justo y moral que hace que todos sean propietarios de todo. La realidad de la naturaleza humana se opone a ese sistema, el que no da resultados y la idea de que la propiedad privada es un robo vuelve a modificarse.

Ahora no se tiene más remedio que aceptar a la propiedad privada de los medios de producción —pero como se sigue pensando que esa propiedad es un robo, algo inmerecido, el gobierno debe entrar a regularla y dictar sus usos: los propietarios que podrían decidir cultivar espárragos en sus tierras, tienen ahora que cultivar maíz en ellas por orden de gobierno.

Lo que he querido hacer en un rápido apunte es que el origen del intervencionismo estatal en la economía tiene como punto de partida, un tanto oculto, el principio de que la propiedad privada es un robo. Un principio ilógico e irracional, opuesto a la naturaleza humana y a su dignidad. El intervencionismo es en realidad un robo del trabajo que aprovecha recursos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras