Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
En Realidad, Son Tortugas
Eduardo García Gaspar
10 marzo 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El síndrome es muy común y domina la discusión política común en medios y entre los ciudadanos. Consiste en personalizar las discusiones, usando como ejes a los gobernantes. De todo lo que se habla es de personas y nada más Es un error de consideración. Doy algunos ejemplos.

En las elecciones presidenciales pasadas mexicanas, el mecanismo de análisis más común fue el enfrentar a los dos mayores contendientes. Si alguien criticaba a López Obrador, se concluía que era un partidario de Calderón. Y viceversa. Ahora mismo sucede eso en los EEUU: si se apoya a Obama, entonces se concluye que se opuso a Bush.

Ahora mismo en México, la discusión política sigue estando dominada por lo que cada político dice del resto en el asunto de las alianzas de partido. Ya no hay noticias de política, sino chismes sobre lo que cada político declara. Igual que las noticias sobre la vida íntima de las celebridades del espectáculo. Igual.

No tiene sentido, pero es lo que sucede. Varios correos que recibí en la época de las elecciones reaccionaban ante las opiniones con las que critiqué las propuestas de López Obrador: me acusaban de estar pagado por el PAN. En tiempos ya pasados, una loa a Ronald Reagan hacía concluir que uno se oponía a los Demócratas.

Ese plano personalista y de conclusiones equivocadas es el más común. Es en el que se mueven la inmensa mayoría de las controversias políticas de los países. Es natural que esto suceda, tan natural como lamentable, porque los elementos percibidos de juicio que tenemos las personas comunes, incluyendo a los columnistas, es al gobernante, lo que él dice y hace.

Entre ellos, más aún, distinguimos por oposición y enemistad. Los del PRD y el PRI, los comprendemos básicamente porque se oponen al PAN. Obama se opone a los republicanos.  Rajoy a Rodríguez Zapatero. Y así sucesivamente, lo que es un gran error, porque son menos diferentes de lo que pensamos. Todos son bastante malos.

Tome usted, por ejemplo, a Ronald Reagan, que para muchos es un ídolo con su imagen de libertad económica y entonces se ve como enemigo a Obama. O más clásico aún, la supuesta gran diferencia entre Bush y Obama. Es así que vivimos discusiones políticas basadas en fantasías porque todo lo basamos en comparaciones personales de políticos en oposición.

De ese nivel es preciso salirse si se quiere tener un panorama más de ideas que de personas. En este nivel que es muy superior podremos llegar a concluir, por ejemplo, que casi igual de malos resultados dieron Reagan que Clinton, y Bush que lo que va de Obama. Y también que Calderón realmente no tiene buen desempeño, pero tampoco lo hubiera tenido otro candidato.

A lo que voy es que en el nivel superficial que personaliza las evaluaciones de gobierno se llega a pensar que sí existen algunos políticos superiores a otros… pero si se va al nivel más de ideas, la conclusión ya no es igual, y todos los políticos se colocan en un muy bajo nivel. Esto se parece a una carrera de tortugas.

Podemos presenciar esa carrera de tortugas, digamos 30 de ellas. Las que lleguen en los primeros tres lugares serán celebradas y festejadas. Esto es lo que sucede en ese primer nivel de discusión política que sólo pone atención en las personas de los gobernantes. Incluso podemos convertirnos en fans de alguna de esas tortugas.

Nos harán creer que son las carreras más emocionantes que existen, pero tortugas no dejan de ser. En cambio, si vamos al otro nivel, la realidad nos sorprenderá al descubrir que existen galgos y caballos y liebres. Por ver a las tortugas en la política nos olvidamos que existe otra realidad más importante, la de las ideas.

Lo explico de otra manera. Muchas personas viven al tanto de lo que hacen y dicen las personas que son sus celebridades personales…. que si a este cantante lo engaña su esposa, que si tal actriz se operó los senos, que lo que usted quiera Están al tanto de sus vidas y de ellas hablan sin cansancio. Otras muchas personas están al día con los sucesos y saben todo lo que pasó en Haití, lo de Honduras, la situación en España, lo del banco central en Argentina. De ello hablan sin cansancio.

Esos dos grupos se preocupan con las personas y los sucesos del día. Son las que se mueven en ese plano superficial de los personalismos políticos y sus rivalidades. Pero hay otro tipo de personas que han logrado zafarse de esas cadenas del día y se ocupan de las ideas que explican a los políticos y lo que ellos hacen.

Son los que pueden calificar a Obama como un mal gobernante, pero también a Reagan. A Calderón como menos malo que López Obrador.

Un amigo me preguntó mi opinión sobre Obama. Le dije lo que pensaba y que no era precisamente positivo. Me dijo que entonces yo había apoyado a Bush. Le dije que realmente tampoco, también por causa de medidas económicas miopes. No entendió.


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