Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Entre Razón y Emoción
Eduardo García Gaspar
22 enero 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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El clisé es de los tradicionales y muy arraigados. Es el contraste que se hace con una persona fría y cerebral comparándola con otra que es pura emoción y sentimiento. La trampa es clara y consiste en creer que no hay combinación entre ambas, que se es racional o se es emotivo, sin términos medios.

Es un caso de la falacia de la disyuntiva falsa, en la que se pretende decidir forzosamente entre dos opciones excluyentes, creyendo que son las únicas, cuando no lo son. No hay nada que indique que sólo se puede ser una persona sensiblera o una persona cerebral. La realidad demostrada todo el tiempo es que somos una combinación de ambas posibilidades.

Un buen ejemplo de esto es el de las dos reacciones ante el terremoto de Haití. Los hay que reaccionaron llenos de compasión, mientras otros analizaron la situación más fríamente. Pero en ninguno de los dos casos se trató de una reacción pura de uno de los dos tipos. Por ejemplo, quienes dieron ayuda movidos por la compasión, también pensaron qué debían donar, a quién, en dónde… para hacer más efectiva la ayuda.

Sí, hay personas extremas que son fácilmente reconocibles y en las que predomina uno de los dos rasgos, pero sin duda en ninguna de ellas se da sólo uno de esos rasgos. La razón no puede existir sin la otra. Quizá sea que la razón nos da las herramientas y las emociones nos fijan los objetivos.

Hay un buen ejemplo de esto en la hipótesis del homo economicus que se presupone en algunos análisis y que manda partir del supuesto de que nos comportamos de manera perfectamente racional, buscando el mayor beneficio personal posible, haciendo los cálculos más complicados. Es sólo una hipótesis de trabajo que no corresponde a la realidad.

No corresponde porque no solemos hacer esos cálculos y porque nos equivocamos y porque al beneficio personal lo entendemos de diferentes maneras. Una racionalidad extrema sin emociones, no es garantía de felicidad, como tampoco lo es una emotividad sola sin racionalidad.

El ser humano es complejo y combina dosis de muchos componentes, mezclados de maneras únicas que nos dan personalidades distintas. Si fuésemos seres simples, entonces podríamos ser exclusivamente racionales o puramente emotivos. Pero no somos así. Tome usted un ejemplo de la vida real.

El de una persona que se apasiona con un problema cualquiera, digamos la pobreza en algunos países. El resto de nosotros podemos simpatizar con ese sentimiento y entender tal pasión. Pero también podemos juzgar las acciones que la persona hace para remediar la pobreza: pueden ser buenas acciones, pero pueden ser malas. La emoción dio perspectiva al trabajo, pero la razón fue la que midió su efectividad.

La conclusión merece una segunda opinión. Si son las emociones lo único que nos mueve, cometeremos errores. Pero si es la razón la única a la que ponemos atención, nos sucederá lo mismo. Otro buen ejemplo es el de los médicos: nada tan peligroso como un médico al que mueven sólo las emociones y no usa la razón. Las buenas emociones no son suficientes, se necesita conocimiento, el que da la razón.

Del otro lado, el exceso de razón tiene sus peligros, los que suelen ser muy mal comprendidos. Soy un ferviente creyente en la razón. Nuestra habilidad para pensar es asombrosa. Siendo creyente, creo que es un don de Dios y que por eso no puede ser malo. Renunciar a la razón es un atentado contra Dios.

Pero es muy distinto el pensar que tenemos un gran y poderoso don, a creer que él es todopoderoso. Una buena razón es aquella se sabe que su poder es grande, muy grande, pero al mismo tiempo tiene sus límites. Es un acto sutil de equilibrio de la razón. Podemos confiar mucho en ella, pero no totalmente: conocemos mucho, pero no lo sabemos todo.

Si nos volvemos creyentes en la infalibilidad de la razón, cometeremos un error de consideración: pensaremos que somos poderosos sin límites. Obviamente no lo somos y de ello hay pruebas contundentes. Si creemos en una razón infalible, creeremos poder construir sociedades perfectas, que es lo que sucede con los regímenes totalitarios. Recuerde a la URSS, a Cuba y ahora a Venezuela.

Al final de cuentas, me imagino que esa disyuntiva falsa que pone a la razón con el sentimiento, es una muestra de la ignorancia de la naturaleza humana que es una mezcla compleja de ambos. La razón sola, al igual que la razón sola, equivocan esa naturaleza humana que es una mezcla de ambas. Una naturaleza fantástica, maravillosa, pero que es incapaz de ser perfecta.

Reconocer esta imperfección es un gran paso en la dirección correcta, que nos lleva a aceptar una realidad: nunca podremos tener una sociedad perfecta y los intentos para hacerlo, producirán infelicidad.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Entre Razón y Emoción”
  1. manolov Dijo:

    Y … ¿Qué entiende el Eduardo García por Dios? NOTA DE EGG: exactamente al mismo que describe el Catolicismo.





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