Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es División, no Suma
Eduardo García Gaspar
2 julio 2010
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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El lamento estándar expresa que las empresas multinacionales, esas grandes corporaciones, abusan del poder que tienen. Y la solución estándar es proponer que el gobierno limite ese poder. Una solución poco imaginativa y de escaso talento. Para explicar por qué, usaré una idea que aclara las cosas.

No es nueva. Está contenida en la expresión “emprendedor político”. Todos nos imaginamos con facilidad a un emprendedor, sin calificativos: alguien que tiene una idea original para crear algo, un producto o servicio, y que está dispuesto a correr el riego de realizar su proyecto.

Cuando la idea se aplica ya no a la economía, sino a la política, las cosas cambian. Ahora es posible imaginarse algo que todos conocemos: la idea del emprendedor que también tiene un proyecto. Hasta aquí no hay diferencias.

Pero sí las hay cuando vemos el origen de la oportunidad que se piensa aprovechar. Un emprendedor sólo ve oportunidades de creación de algo que le servirá a la gente y en convertir esa oportunidad en un negocio. Las cosas cambian con el emprendedor político.

El emprendedor político también ve oportunidades, pero no son oportunidades de mercado, son de otro tipo. Son oportunidades de negocio originadas por el gobierno. Un claro caso de emprendedor político es el contrabandista: aprovecha la prohibición de importaciones para hacer él la importación ilegal.

La base del emprendedor político es aprovechar contactos, amistades, influencias, decretos, y volverlos negocio. Ese contrabandista aprovecha contactos con oficiales de aduanas a los que da dinero para que permitan pasar lo prohibido. O bien, el empresario político pide favores al gobernante para que impida que se abran empresas que le competirían… o quizá pida que cierren fronteras para evitar importaciones.

La diferencia es el origen de la oportunidad. Para el emprendedor empresarial, la oportunidad nace de su visión de lo que las personas necesitan. Puede que sea abrir un restaurante, crear una aplicación de computadora, lo que sea. Él hace que sea negocio servir al resto.

El otro emprendedor, el político, no tiene la intención de satisfacer necesidades ajenas. Busca capitalizar en su provecho una situación que ha sido creada por el gobierno y el poder que ejerce. Si tiene poder para frenar importaciones, será una tentación irresistible dejar de aprovechar la oportunidad. Y, si el gobierno gasta mucho, habrá más oportunidades también.

La persona inquieta, preocupada por el poder excesivo que sin duda tienen muchos propietarios de empresas, suele estar en contra de ellos. Es común la queja que lamenta los abusos de grandes empresas. Se les ve con sospecha e incluso temor, queriendo acotar su poder. No es una mala idea, al contrario.

El problema está en cómo limitar el abuso del poder económico de las empresas, sobre todo las más grandes (las transnacionales son las más mencionadas). ¿Qué hacer para que ellas no abusen? La respuesta es asombrosamente sencilla. Primero diré qué no hacer para limitar su poder: no se le ocurra usar al gobierno, ni pensar en intervención económica gubernamental.

Eso es lo peor que puede ocurrírsele a alguien. Es justamente lo contrario de lo que debe hacerse. La razón no es tan obvia: si para acotar el poder de las grandes empresas usted le da más poder al gobierno, sigue latente el problema de abuso de poder. Quizá ya no lo abusen las empresas, pero lo hará el gobierno… o peor aún, ambos se reunirán y abusarán del poder en conjunto con el emprendedor político.

Lo que debe tratarse de entender es que el poder siempre tiende a ser abusado, siempre. Por consecuencia, el problema del abuso del poder de la persona A no se resuelve dándole el poder a la persona B. Eso no soluciona nada. Si antes las empresas abusaban del poder, ahora lo hará el gobierno: el problema se hizo mayor, no menor, porque el gobierno de por sí ya tiene mucho poder.

La solución está en lo mismo que Montesquieu escribió: si para remediar los abusos de poder del gobierno se deben dividir sus poderes, para remediar los abusos de las empresas se debe dividir también ese poder. ¿Cómo se divide? Permitiendo que exista competencia, es decir, otras empresas peleando por la preferencia de las personas.

Si usted hace eso, verá qué dóciles se vuelven, o al menos habrá muchos menos abusos. Se trata de dividir, no de acumular el poder.


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