Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ese Clisé, el Pueblo
Eduardo García Gaspar
18 noviembre 2010
Sección: NACIONALISMO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Quizá sea un clisé, de los más grandes. Tanto que es un mito que fascina a los que tienen el vicio de usar como sujetos de frases al “pueblo”.

Hablo de la Revolución Mexicana, ésa que se se escribe siempre con mayúsculas. Un libro reciente la expone muy bien. Inicia diciendo,

“hubo una vez un momento en que ‘el pueblo’ de México cobró conciencia de sí mismo y de la condición intolerable en que vivía, y tomó las armas masivamente contra sus opresores”.

Es fascinante, insisto, el uso de “pueblo” como un sujeto individualizado que actúa al unísono, significando el improbable hecho de que en esos tiempos, con 15 millones de habitantes, todos hubieran pensado lo mismo, al mismo tiempo y llegando a las mismas conclusiones.

Sigo con la cita. Después de que el pueblo cobró conciencia de sí mismo, de su condición insoportable y de tomar las armas en una lucha, al

“margen de las incidentales rencillas de sus caudillos; ‘el pueblo’ triunfó y se dio a sí mismo una Constitución admirable, justa, casi perfecta”.

De nuevo ese sujeto mítico, el pueblo que ahora triunfa y no sólo eso, se otorga una ley suprema de excelencia. Pero, siempre hay un pero, en este clisé,

“luego llegaron unos malos gobernantes y la traicionaron”.

El elemento es obligado y establece al villano que lastima al “pueblo”. No se detiene allí, el villano enfrenta a un héroe,

“gracias a Dios llegó un general bueno (Lázaro Cárdenas) que la cumplió, pero otros malos gobernantes volvieron a traicionarla”.

Pero la victoria fue temporal, la Revolución

“sigue, traicionada, en espera de que un nuevo líder la reivindique, o la violencia justiciera resurja, como en 1910”.

Todos los entrecomillados son de Krauze, E. (2010). De Héroes y Mitos. Mexico D.F.: Tusquets Editores, p. 29. La reacción que produce su explicación del mito, puede ser la de un sentimiento de traición a la patria, al menos por parte de quienes hacen eso que apunté: usar la palabra “pueblo” como un sujeto legendario y quimérico.

Parte de ese grupo, usuario del término pueblo-mito, son los gobernantes mismos, especialmente aquellos que lo toman como bandera que guía sus actos. Todo lo que hacen es por el pueblo y para el pueblo, dicen en sus discursos: los sufridos, humildes, pobres, que, piensan, sólo ellos entienden y, por tanto, pueden representar.

Igualmente, son usuarios del sujeto pueblo-mito, quienes en la academia explican así la historia nacional y universal: “el pueblo francés tuvo conciencia de su estado… Hidalgo tomó para sí los reclamos del pueblo… el pueblo venezolano pide una nueva revolución”.

Es un error de uso del idioma, en realidad. El nombre técnico es sinécdoque y uno de sus tipos en el tipo de frases en el que el todo representa una parte. Como cuando alguien dice, “China vendió textiles a México” y en realidad significa que algunos chinos vendieron telas a algunos mexicanos.

El problema surge por una confusión mental, muy similar a la que se comete cuando se dice que “la sociedad se dio a sí misma leyes justas”. Es físicamente imposible, pero se acepta como un modo de hablar. Le digo, el problema es creer que es real esa figura del lenguaje.

Por ejemplo, existen buenas evidencias en el sentido de que la Revolución Mexicana fue considerada por la mayoría de las personas como una calamidad y un desastre que alteró sus vidas con robos, matanzas y violaciones. En realidad, nunca hubo eso de un pueblo que tomó conciencia de sí mismo y de sus condiciones.

No importa la realidad para ese mito que, creo, no será destruido por fuerza alguna intencional. Simplemente irá desapareciendo poco a poco, hasta dejar de ser recordado, dando paso a otras historias. Sin embargo, tiene consecuencias duraderas que son como sus conclusiones.

Quizá el que mejor ilustra esas consecuencias sea el caso de Pemex, el monopolio petrolero mexicano en manos del gobierno. El buen general Cárdenas, amigo del pueblo e intérprete de su voluntad, lo creó con gran sacrificio, haciendo al pueblo su dueño.

En las próximas elecciones, usted escuchará hablar del pueblo-mito también, de sus reclamos, de sus condiciones y del líder que lo encarna con un conocimiento único de su condiciones, anhelos y ambiciones: el nuevo gobernante bueno que será responsable de la felicidad del pueblo que, en realidad, no existe.

Post Scriptum

Existe más material sobre el tema general en ContraPeso.info: Clisés, donde quizá sea de interés Las Culpas Colectivas.

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