Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Europa: el Continente Injusto
Textos de un Laico
14 junio 2010
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es examinar el “modelo europeo” más allá de lo que se percibe en los medios dominantes para descubrir que dentro de una gran retórica de justicia se ha ocultado la injusticia.

En meses recientes, el modelo social europeo ha estado bajo los reflectores después de la crisis económica de Grecia y los vacilantes esfuerzos de políticos europeos para apuntalar a otras economías europeas debilitadas.

Hasta un nivel sin precedentes, la conservación del modelo europeo de la post-guerra está siendo cuestionada. Incluso el New York Times ha aceptado que hay algo fundamentalmente erróneo en el modelo que ellos y la izquierda estadounidense han urgido imponer en los EEUU durante décadas.

Las economías europeas de la post-guerra fueron formadas con una aparente preocupación por los económicamente marginados y el deseo de implantar sociedades más justas. Esto inspiró la extensa intervención gubernamental en la economía, altas tasas de impuestos y  gobiernos generosos de bienestar que ahora son característicos de la mayoría de las economías europeas contemporáneas.

Después de 1945, los comunistas y los demócratas cristianos por igual se unieron a estas políticas. Para los marxistas era un paso hacia la realización de su sueño. Para los no marxistas era una manera de prevenir una colectivización extrema.

Incluso hoy, palabras como “solidaridad” y “justicia social” permean la discusión europea en una extensión inimaginable para el resto del mundo. Si usted quiere una prueba, basta sintonizar la televisión francesa o abrir un periódico alemán. Los mismos medios a menudo contrastan la preocupación europea por la justicia con la cultura económica de los EEUU.

Los EEUU, dirán muchos europeos, presentan las terribles injusticias económicas en la forma de “inmensas” disparidades de riqueza, servicios médicos “grandemente inadecuados” y competencia “salvaje”. Pero mientras que tales mitologías dominan el discurso europeo, es también cierto que la cultura económica de Europa Occidental se caracteriza por una profunda e injusta fractura.

La Europa Moderna es un continente cada vez más dividido por lo que Alberto Alesina y Francesco Giavazzi llamaron en The Future of Europe (2006) los “insiders” y los “outsiders”.

Los “insiders” son los políticos del establishment de derecha e izquierda, sindicatos, trabajadores del sector público, negocios políticamente conectados, pensionados y esos (como los agricultores) que reciben subsidios. Los “outsiders” incluyen, entre otros, a los emprendedores, inmigrantes y los jóvenes. Por supuesto, los que están adentro hacen todo lo posible para mantener su posición y marginalizar las oportunidades de avance para los que está afuera.

¿Así que cómo mantienen los “outsiders” el estado de cosas?

Primero, uno tiene que entender que los gobiernos de Europa Occidental son por mucho manejados por una clase política que trasciende divisiones ideológicas. En Francia, por ejemplo, los principales partidos de derecha e izquierda son dominados por personas que estudiaron en los grandes écoles —instituciones educativas de elite a las que es muy difícil entrar pero cuyos graduados proveen a la mayoría de los líderes de negocios franceses.

No es atípico para un producto de un grande école trabajar en una corporación políticamente conectada, cambiar al servicio público, regresar al sector privado, antes de eventualmente convertirse en un miembro del parlamento. Francia es un caso extremo, pero la situación se manifiesta a través de Europa Occidental.

No sorprende que este grupo —cualesquiera que fuesen sus diferencias políticas— estar en general de acuerdo en que ellos deben estar a cargo. En verdad, la clase política europea es excepcionalmente buena para auto-perpetuarse. Tome al actual primer ministro en Grecia, el socialista George Papandreou. Su padre y su abuelo también fueron primeros ministros en Grecia.

En EEUU, ni siquiera los Bush has emulado ese logro dinástico. Por cierto, el predecesor de Papandreou como primer ministro, el conservador Konstantinos Karamanlis, tuvo un tío que fue primer ministro cuatro veces y presidente, dos.

Segundo, está el fenómeno de lo que el economista ganador del Premio Nobel, George Stigler, identificó en 1971 como “captura regulatoria”. Como Alesina y Giavazzi demuestran, los reguladores europeos se identifican invariablemente con esos a los que supuestamente deben regular —a veces a cambio de empleo en su vida post-regulatoria— y se esfuerzan mucho para limitar la competencia de nuevas empresas y emprendedores.

Esta es una manifestación de un tercer desorden: la voluntad de los europeos que están “dentro” para mantener afuera a los europeos que son “outsiders”. Los sindicatos europeos, por ejemplo, pueden preocuparse menos por el desempleo y los inmigrantes. En vez de eso, los sindicatos presionan a los gobiernos para que sea muy difícil a las compañías despedir a cualquiera, especialmente a miembros del sindicato.

Los empleadores, por consecuencia, son renuentes a emplear. Muchos jóvenes europeos y emigrantes recientes están, por tanto, condenados a contratos de tiempo parcial sin beneficios.

Pero quizá el mayor problema es uno de actitud. No es que los “outsiders” europeos estén, por ejemplo, reclamando la liberalización del mercado de trabajo. Cuando las calles de París fueron golpeadas por manifestaciones estudiantiles en 2005, las protestas fueron en contra de esfuerzos pequeños para desbloquear el altamente inflexible mercado de trabajo del país.

De la misma manera, el 20% de desempleo en España no ha sido recibido con amplias demandas de reforma del mercado de trabajo. En su lugar, el reclamo es por la misma seguridad permanente de empleo (sin importar desempeño) que disfruta la gente ya imposible de despedir.

La Europa de centro-este es diferente. Después de todo, ellos soportaron cuarenta años de dominio por parte de los “insiders” mayores, es decir, los partidos comunistas gobernantes. Desafortunadamente, como observó recientemente The Economist, hay evidencia de una dinámica al estilo del “insider-outsider” que penetra a través de la región.

Por supuesto, todas sociedad tiene sus elites. La verdadera pregunta es si una sociedad tiene la posibilidad de movilidad social mediante el trabajo arduo y acceso a la oportunidad económica.

Esto es lo que hace tan desagradable a la interminable retórica de justicia en Europa. Todo el tedioso hablar de solidaridad y justicia social disfraza en realidad una estratificación social basada en el cimiento de una muy injusta proximidad con el poder del gobierno —una situación que incentiva más aún a todos a unirse a los empujones diarios para unirse a los privilegios decretados por el estado.

Es difícil imaginar una acusación moral más condenable de la desacreditada cultura económica europea.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Europa: el Continente Injusto”
  1. No Tan Revolucionaria | Contrapeso




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