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Falacias Económicas: Uso Político
Selección de ContraPeso.info
1 noviembre 2010
Sección: FALSEDADES, Sección: AmaYi
Catalogado en:


El tema general de este resumen es el de los mitos económicos. Esa serie de creencias arraigadas que muchas personas sostienen y que no tienen sustento ni real ni teórico, pero que llegan a ser mantenidas muy especialmente por parte de gobernantes y un segmento de población de escaso conocimiento.

Es una gran idea hacer disponible una lista de “falacias económicas seductoras”, como el autor llama a ese capítulo. Conocerlas permitirá tener una mayor perspicacia al ciudadano que escucha al político y sus propuestas. Estas falacias, parece mentira, aparecen en cada nueva elección en todo país.

La fue encontrada en la obra de Masaki Flynn, Sean (2006). ECONOMÍA PARA DUMMIES. Bogotá. Norma, pp. 381-389. El libro es recomendable para el que quiera repasar sus conocimientos económicos y para el interesado por primera vez en conocer sobre el tema de manera seria.

El autor califica estas falacias como ideas que son atractivas, que son convincentes y que al mismo tiempo son falsas por dos errores de pensamiento. Uno es el no considerar a la totalidad de la situación y el otro es un razonamiento económico erróneo.

La primera de las falacias es la de la masa laboral. Consiste en creer que si la jornada de trabajo se reduce en cierta proporción eso obligará a las empresas a contratar más trabajadores en esa proporción.

Si esto fuera cierto, una jornada laboral de 40 horas reducida por decreto gubernamental a la mitad obligaría a los empleadores a contratar en total al doble de trabajadores.

En Francia esto fue aplicado. No funcionó por cuestiones obvias. Contratar a un trabajador para la jornada completa es más eficiente que contratar a dos trabajadores, cada uno con la mitad de la jornada. Esos dos trabajadores, en suma más caros, no producen más que uno solo la jornada completa.

Y si llegaran a contratarse en doble de trabajadores, eso significaría al final que todos ellos estarían subempleados.

La segunda falacia es la de la sobrepoblación.

Es el mito nacido el siglo 18 con Malthus: la población creciendo llegaría a un punto en el que rebasaría la capacidad de producción y se retornaría a niveles de subsistencia.

La idea ha sido negada por la realidad y, en realidad, ha surgido el problema contrario, el crecimiento insuficiente de la población.

El crecimiento de la población en sí mismo ha sido dejado de ver como causa de pobreza y sus causan se entienden ahora mismo como las provenientes de políticas gubernamentales equivocadas.

La tercera falacia es la de la confusión de causa con secuencia. Se le conoce como falacia del paraguas o más técnicamente como post hoc ergo propter hoc.

Consiste en creer que si un evento sucede en el tiempo después de otro, el primero es causa del segundo. Las culpas entre gobernantes usan esta falacia.

Un gobernante es elegido y a pocos meses de su elección inicia una recesión. El candidato perdedor culpará al ganador de esa recesión diciendo que de haber sido él el elegido, la recesión no habría sucedido.

Poco a poco comienza a revelarse la riqueza de la idea de Masaki Flynn: una gran utilidad para el ciudadano escéptico que desea ver más allá de las palabras agradables de un gobernante.

Y un gran ejemplo de esto es la cuarta de las falacias, la del proteccionismo.

El argumento de esta falacia sostiene que será de beneficio para el país crear barreras comerciales y poner impuestos a las importaciones porque estas medidas protegen a los trabajadores nacionales y a sus empresas.

El error de pensar así está en el no considerar integralmente lo que sucede.

Esas medidas, dice el autor, protegen a los empleos específicos que tienen como objetivo cuidar, pero producen con frecuencia la falta de creación de otros empleos.

Una industria protegida, por ejemplo, el carbón, evita importaciones más baratas, por lo que la economía en su totalidad sufre de precios más altos de energía y los bienes serán más caros en esa proporción. La falacia ignora que los trabajadores son al mismo tiempo consumidores.

El proteccionismo desvía recursos al mantenimiento de empresas que de otra manera no subsistirían y esos recursos no podrán usarse en el desarrollo de otras industrias nuevas y mejores.

Desde luego, los empleos perdidos podrán lastimar a los trabajadores que no puedan trasladarse a las nuevas industrias, un problema que tiene solución.

La quinta de las falacias examinadas aquí es la de ir a los extremos sin importar costos. El ejemplo que usa Masaki Flynn es el de la seguridad en los vuelos aéreos.

Es el gobernante que reclama que no importa el costo, los aviones deben hacerse lo más seguros que sea posible. El problema es uno de costo. Hacer los aviones tan seguros hará que el volar tenga un costo prohibitivo.

El principio económico ignorado es el del marginalismo: deben examinarse los beneficios marginales con los costos marginales. Cada una de las innovaciones posibles de seguridad aérea tiene una adición y un costo.

Las primeras adiciones contribuyen a la seguridad con costos aceptables, pero más y más medidas de seguridad representarán adiciones pequeñas y de gran costo.

El gran principio en este terreno es el de cuidarse de las afirmaciones extremas que apelan a la totalidad con independencia de lo que cueste. Programas como el de todo niño asegurado o con escuela pueden crear situaciones insostenibles.

La sexta de las falacias se refiere a la acusación que reciben los mercados políticos. Se les acusa de ser inestables, sufrir cambios imprevistos y estar continuamente en cambio.

Quien no desea cambios y solicita pasividad, no se da cuenta de que los cambios que tiene un mercado libre son una ventaja muy superior a la escasa capacidad de reacción que tiene la burocracia para ajustarse a cambios con facilidad.

No son mercados inestables, son mercados sensibles, dice el autor.

La séptima de las falacias tiene que ver con el comercio internacional. Es la que asegura que los salarios bajos de los países pobres hacen imposible que los países ricos compitan con ellos.

La falacia es común y la creen cierta gobernantes y gobernados, lo que les hace recelosos del libre comercio.

La comparación que se hace para demostrar que la falacia es verdadera es comparar salarios entre dos países. En uno el salario es de 4 dólares al día, en el otro es de 5 dólares la hora. Usando esta base, cualquiera concluiría que la competencia es imposible.

El problema es que la base es incorrecta.

Lo que debe considerarse es el costo laboral por unidad producida y no por tiempo trabajado. Es una medida de productividad la que vale, no la de costo por tiempo. El trabajador que más gana puede resultar el más barato si produce proporcionalmente más que el que gana menos.

Un trabajador con ingresos bajo casi siempre tiende a ser menos productivo. Pero puede todo esto ser alterado por decisiones gubernamentales que manejen la paridad de las monedas.

La octava de las falacias aquí examinadas es la que supone que las tasas fiscales no tienen efecto en el esfuerzo de las personas. Es una creencia sostenida por muchos gobernantes que quieren hacerse de más fondos para gastar.

La realidad es que sí existe un punto de tasas de impuesto, más allá del cuál las personas prefieren trabajar menos que tener mayores ingresos… lo que ocasiona un monto recolectado de impuestos menor al esperado.

La novena de las falacias es una a la que Contrapeso.info ha dedicado gran tiempo, la de la ley de las consecuencias no intencionales (la colección de artículos puede ser encontrada en Contrapeso.info:  Efectos no Intencionales).

El autor usa un ejemplo. Un gobierno establece una tarifa para el acuerdo importado. El objetivo es proteger a esa industria y sus empleos.

La medida logrará su objetivo, pero no es ésa toda la historia. Se perderán empleos en la industria de automóviles porque los coches serán más caros debido al acero más caro. Las personas comprarán menos autos y la competencia tendrá mejores costos.

Masaki Flynn termina con una advertencia al lector, la de tener cuidado la siguiente vez que se escuche a un político. Seguramente el gobernante estará contando un lado de la historia, la parte buena para impresionar a los electores. Es posible que él jamás haya pensado que hay otra parte en esa historia.

La gran idea de Masaki Flynn es tener esa lista fácilmente accesible a otros y hacerlos más sabios y experimentados cuando se vean frente a un gobernante que pretenda convencerlos de sus grandes ideas y propuestas.

Véase también Guía Contra Propaganda Política.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.


3 Comentarios en “Falacias Económicas: Uso Político”
  1. Marlene Dijo:

    Me interesa saber, si es posible explicarlo de forma básica, por qué la idea de Malthus es una falacia. Entiendo que el sistema económico que nos mueve a todos está mal diseñado, (o quizás diseñado para beneficiar mejor a unos grupos que a otros, como siempre ha sido). Pero siempre he tenido la percepción de que la sobrepoblación afecta todo, incluyendo la economía y quizás es que esté falta de información al respecto. Gracias. P. D. ¡Me encantan sus artículos! NOTA DEL EDITOR: la premisa de que los alimentos o recursos crecenn aritméticamente y la de que la población lo hace geométricamente, son falsas las dos, por lo tanto, la conclusión es errónea.

  2. Luis Dijo:

    Entiendo muy bien la postura ofertista de la economía y estoy mayormente de acuerdo con ésta, pero el sentido común y la experiencia empírica nos ha demostrado que la demanda no solamente es determinada por la oferta. Si la población crece, la demanda también crece, sobretodo en los recursos naturales y en los alimentos, ya que la demanda tiende a ser inelástica en productos alimenticios considerados como universales (tales como la leche, el maíz y sus derivados, el trigo, el arroz, etc.), independientemente del constante aumento en los precios.

    El ser humano tiene la opción de no adquirir o no consumir productos destinados al ocio, por ejemplo, pero no tiene la opción de dejar de alimentarse. Mis preguntas son las siguientes: ¿Es posible que exista una relación directa entre el crecimiento poblacional y la capacidad productiva, independientemente de la escasez de recursos naturales y la limitación geográfica de nuestro entorno? Si Malthus estaba equivocado, ¿pudiera usted darnos un ejemplo real y contemporáneo de alguna economía que no haya sufrido los embates de la inflación global, producida en gran parte por el crecimiento poblacional desproporcionado? ¿Existe alguna diferencia entre las políticas de demanda agregada del típico estado keynesiano que tanto daño hacen a la economía, y la filosofía pro-vida que condena y prohíbe el control poblacional mas allá de la aritmética básica y del sentido común?

    NOTA DEL EDITOR: gracias por su comentario y sus preguntas. Lo mejor que puedo hacer en este espacio es recomendar ver las ideas de la Escuela Austriaca de Economía, en el resumen de Feuerman http://contrapeso.info/2006/escuela_austriaca_de_economia/. Quizá algún lector quiera dar una breve respuesta a una de las preguntas suyas.

  3. droctavio Dijo:

    Mientras que la lista de falacias que usan los gobernantes tiene un uso para el votante, pienso que esa lista es parcial y debería contener otras muchas más. Aunque la exposición es un tanto simple, no deja de tener ventajas para personas que pecan de inocentes cuando oyen hablar a sus gobernantes. Las preguntas del lector, Luis, debido al poco espacio, son poco claras. Sólo me atrevo a señalar que el crecimiento de la población no necesariamente eleva la demanda (la población de China creció por décadas sin que se hablara de demanda elevada de alimentos); si la población creciente se integra y eleva su ingreso, por supuesto, elevará la demanda de bienes, de todos, pero si el precio crece, eso se debe a la oferta inelástica en el corto plazo (más la influencia de otras circunstancias). Pero lo más básico es apuntar que la inflación es un fenómeno monetario, no uno producido por falta de oferta.





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