Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Fue o no Penalti?
Eduardo García Gaspar
16 junio 2010
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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Creo que fue en el partido de Inglaterra contra EEUU, ahora en la Copa Mundial, pero no importa si fue en otro partido. La repetición del video mostró que había un contacto del balón con un brazo de un jugador defensivo en el área grande de éste. El árbitro no marcó el penalti que se supone eso representa.

Los narradores del partido iniciaron sus comentarios de inmediato. ¿Fue o no penalti? No está mal discutir, pero sí es mala costumbre acudir a clisés para resolver problemas. Uno de los comentaristas dijo con toda seguridad que no fue penalti. No lo fue porque el árbitro no lo marcó, dijo él, y por el tono de su voz, me pareció que se sonrió ante su propia sabiduría.

El clisé, hasta donde sé, es usado con frecuencia en futbol. Se suele decir que tal o cual falta de los jugadores no existe si el árbitro no la señala. Es una tontería de grandes dimensiones. Me gustaría robarle su automóvil a uno de esos narradores y decirles luego que el robo no existió porque no lo vio el árbitro, o la policía, o cualquier otro.

La falta de un jugador existe o no con absoluta independencia de lo que el árbitro dice. A todo lo que puede aspirar el árbitro es a que sus señalamientos coincidan con la realidad. Si coinciden es que realiza bien su trabajo. Y lo contrario, si es que no coinciden. Por supuesto se puede equivocar y la única manera de saberlo es cuando lo que señala no coincide con la realidad.

La frase esa, la de decir que el penalti no existió porque no lo marcó el árbitro, es admirable: otra de esas frases hechas, tontas al máximo, que por alguna razón pasan por ciertas cuando no se ejercitan las neuronas. Pero hay más: cuando usted tienen una regla confusa lo que logrará es tener un juicio confuso.

En el futbol se marca un penalti, según la regla, cuando se dan ciertas faltas del equipo defensivo dentro del área grande. Hay siete de esas faltas. Una de ellas dice que se marcará penalti cuando el defensivo toca el balón deliberadamente con las manos. Una regla que dice “deliberadamente” tiene el defecto de la subjetividad.

Serán pocas las ocasiones en las que la intención de tocar el balón con manos o brazos sea claramente deliberada. La intención está dentro de la mente del jugador y nadie la puede saber con fidelidad. Juzgarla en muy escasos segundos es una labor imposible. Otras faltas no contienen esa subjetividad.

Por ejemplo, se marca tiro directo, según las reglas, cuando se da o intenta dar una patada al adversario. La regla no dice que cuando “deliberadamente” se intenta patearlo. Con o sin intención, la falta se marca. Pero en el caso del penalti por mano dentro del área, eso de la intención complica las cosas.

De allí arrancan las discusiones sin sentido de comentaristas y aficionados. Unos dicen que hubo intención y otros que no, entrando en un diálogo que no tiene solución porque no puede conocerse la información que la verifique. Quien cometió la falta tendría un claro interés en decir que no lo hizo intencionalmente.

Las reglas buenas son las que no contienen elementos subjetivos de difícil evaluación. Piense en la posibilidad del jugador al que se le escurre el balón y sale de la cancha. No puede él alegar que su error no fue intencional y que deben permitirle seguir la jugada.

Las reglas confusas, como las leyes confusas, colocan un peso adicional en el juez que debe dictar sentencia. Y, como en este caso, le dan un poder excesivo al juez que aplica la ley con demasiada flexibilidad y así se convierte en legislador, lo que es erróneo. La división de funciones es clara: unos hacen las reglas y otros las aplican.

Si el que las aplica puede hacerlo a su antojo, las reglas salen sobrando. El juez puede volverse parcial y serlo de manera plenamente legal: “No aprecié que fuera intencional”.

Finalmente, me dicen amigos muy aficionados que los errores del árbitro es lo que da color y sabor al futbol. No lo entiendo. Ellos reprobarían que los jueces y los tribunales fuesen de gran colorido cuando mis amigos estuvieran involucrados en un juicio. Las fallas de un deporte no pueden percibidas como de gran sabor.

Hay algo podrido en esto, pero sobre todo en la actitud conformista de no querer remediarlo, de no querer aspirar a la justicia de dar la victoria a quien la merece y no al que engaña.


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