Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gana la Opinión Fácil
Leonardo Girondella Mora
5 marzo 2010
Sección: EDUCACION, FALSEDADES, Sección: Asuntos
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Quiero suponer una situación ficticia en su simplicidad —pero real en sucesos de todos los días: suponer el siguiente diálogo entre dos personas:

Dice ANi usted ni yo estamos de acuerdo en el tema de la pena de muerte.

Dice BEfectivamente, no estamos de acuerdo, usted piensa que debe existir y yo que no.

Dice APrecisamente por ese desacuerdo que tenemos, debe hacerse lo que yo pienso y no lo que usted piensa.

Si esto tiene una apariencia de locura o demencia descomunal y por eso se creyera que no sucede, en la vida cotidiana acontece muchas veces —demasiadas en mi opinión y sin que nadie o muy pocos tengan conciencia de la insensatez que se vive. Lo explico a continuación de manera esquemática usando el ejemplo del aborto.

Opinión A: el aborto debe ser prohibido.

Opinión B: el aborto debe ser permitido.

Conclusión: existen dos opiniones opuestas.

Acción: debe permitirse el aborto

No existe lógica en la conclusión, pero ella es la que se obtiene por lo general y sigue el principio de aceptar esa conclusión porque existen diferentes opiniones y nada más por eso. El acuerdo posible entre las dos opiniones opuestas se pone de lado y se impone una de ellas sin examen ni valuación.

Es decir, el mero hecho de que existan opiniones divergentes hace que una de ellas tenga la razón de manera automática sin necesidad de aportar pruebas ni demostraciones.

Muy dentro de esa imposición de una opinión sin examen se encuentra un mecanismo que pocas veces se reconoce: el de la conclusión más laxa y que rechaza normas que limitan a la conducta.

Esto puede verse en otra discusión, la de los matrimonios homosexuales —donde existen dos opiniones opuestas y suele concluirse que, por eso mismo, deben permitirse dichos matrimonios. Lo mismo ilustrado antes en la discusión sobre el aborto, con dos opiniones diferentes también, lo que justifica la legalización del aborto.

El común denominador en ambas soluciones —y me refiero al mecanismo de solución verdaderamente oculto— es seguir la opinión que menos reglas impone y que deja a la conducta humana sin guías. Es decir, la opinión que suela ganar es la que sostiene, en su base, que no hay normas, que todo es justificable.

En resumen, lo que he explorado es una situación poco tratada: la solución de una diferencia de opiniones sin necesidad del empleo de la razón, por medio de un mecanismo que da la victoria a la opinión más cómoda y que requiere menor esfuerzo.

Otra instancia añade luz a lo que he dicho. En algunos países se prohibe la exhibición pública de símbolos religiosos —un caso de estos es el de escenas de Navidad en lugares públicos. Es obvia la existencia de dos opiniones opuestas sobre el tema y, también es claro, que ha triunfado la opinión más expedita y cómoda.

Existe una manifestación extrema de la falsa conclusión que he tratado —el del laicismo del gobierno, cuando se entiende erróneamente que el estado laico debe ir en contra de los mandamientos eclesiásticos:

Opinión A: el aborto debe ser prohibido.

Opinión B: prohibir el aborto es seguir un mandamiento religioso.

Condición: el gobierno debe ser laico.

Conclusión: el aborto debe ser permitido (de lo contrario el estado no sería laico).

En esta discusión una de las dos opiniones gana, no por méritos propios, sino porque es la que menos limitantes ofrece. La excusa del estado laico es tangencial y podría ser reducida al absurdo si se lleva a su extremo lógico: los Diez Mandamientos deben ser repelidos por las leyes y por eso será lícito robar.

Este fenómeno tiene un gran parecido con la falacia de la imposición oculta, en la que la victoria se otorga a la opinión que alega que la otra opinión representa la imposición de ideas —termina imponiéndose una de ellas sin necesidad de probarse a sí misma.

Mi objetivo fue mostrar una falla en las discusiones. Cuando se enfrentan dos opiniones opuestas puede cometerse el error de aceptar sin mérito a la que tolera una conclusión que lleva a la negación de las limitantes de conducta humana —lo que ejemplifico en un absurdo:

Opinión A: el robo debe ser prohibido.

Opinión B: prohibir el robo es indebido porque sería seguir un mandamiento religioso.

Situación: existen dos opiniones diferentes.

Condición: el gobierno debe ser laico.

Acción: el robo debe ser permitido (y si se prohibe, el estado ya no sería laico).

Lo que he tratado de señalar es un error en el examen de opiniones opuestas sobre temas controvertidos, como el del aborto —cuando se obtiene una conclusión que favorece a una de las opiniones sin que se tenga un juicio de sus méritos: gana la opinión más fácil y menos exigente.


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