Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gasto Como Afrodisiaco
Eduardo García Gaspar
12 noviembre 2010
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los sucesos son locales. El fenómeno es universal. Los gobiernos, por diseño, tienden a gastar más y mal. No es la excepción, es la regla.

Tome usted el déficit estadounidense ahora como un ejemplo enfermo de la pasión por gastar. Casi un afrodisiaco.

O considere lo que sucede en México:el senado ha gastado más de dos mil millones de pesos en su edificio, los miembros de la corte suprema ganan cerca del doble que en los EEUU y tiene seis veces más personal que en ese país. El Instituto Federal Electoral pide más presupuesto (27 por ciento más para 2011, Milenio 27 agosto 2010).

Las noticias y reportes de ese tipo de sucesos suelen considerarse uno por uno, sin unirlos, ni encontrar lo que tienen en común. El ciudadano se entera de esos miles de millones gastados por sus legisladores y se indigna caso por caso.

Se indigna con razón, pero de esa etapa no suele pasar. Lo que propongo es algo que bien vale una segunda opinión, el ir más allá de la etapa de la indignación y adoptar una posición fría para ver las causas de ese patrón de conducta gubernamental.

Primero, el gasto de gobierno tiene una tendencia clara a crecer. La excepción es que disminuya. Crecer es la regla. Y sucede en todas partes, en todos los tiempos. En democracias y el dictaduras, con gobiernos de izquierda y de derecha.

Segundo, el gasto de gobierno tiene un origen especial. Nadie obtiene ingresos como los logra un gobierno (con excepción de los ladrones). Sus ingresos son obtenidos por la fuerza: no pagar impuestos es un delito.

Esto causa un marco mental diferente. El gobernante no se preocupa por ofrecer algo a cambio de lo que cobra. No tiene inventivos para mejorar, como sí los tienen los ciudadanos comunes.

Tercero, los fondos acumulados, productos de impuestos, serán gastados según decisiones de los gobernantes. Esto hace que las cosas se pongan interesantes. El político decidirá gastar dinero que fue recolectado por la fuerza a otros. Siendo humanos e imperfectos sucumbirán a tentaciones obvias.

Tenderán a gastarlo en cosas que les sean de beneficio personal, ya sea directamente, como el el caso de los sueldos de los jueces de la corte suprema, o indirectamente, como en el caso de regalos de artículos escolares, que les representan votos potenciales.

Y en gastos de beneficio a terceros, serán descuidados: gastarán dinero de terceros en cosas que darán a terceros. No tienen incentivos para hacerlo bien porque su rendición de cuentas es limitada a unos pocos años de gobierno.

Lo que he tratado de hacer es mostrar la utilidad de ir más allá de la etapa de la indignación ante gastos gubernamentales injustificables. Otro caso en México: el voto electoral ciudadano cuesta 18 veces más que el promedio de Latinoamérica: 17 dólares (La Jornada, 19 junio 2009).

El observado perspicaz dirá ahora algo razonable: el problema puede resolverse con gobernantes prudentes que cuiden el gasto, honestos para que no gasten en beneficio propio y con miras de largo plazo, para que hagan más inversiones productivas.

Sí, pero sólo en parte, porque la tendencia sólo puede ser disminuida temporalmente, pero no revertida con solidez. Debe serlo por una razón: los recursos gastados por los gobiernos de manera ineficiente son recursos que otros podrían usar de mejor manera con beneficios mayores.

No sé cuál es el remedio en detalle, pero sí creo que la corrección comienza en la mente de los ciudadanos. Si ellos rebasan esa etapa de la indignación y estudian la naturaleza del gasto gubernamental comenzarán a entenderlo mejor. Y sacarán conclusiones razonables.

Una de esas conclusiones debe ser un cambio de opinión. Es usual ahora pensar que a más gasto de gobierno, mejor. Que eso ayuda a la economía y que la revitaliza. Pero en realidad, no lo hace, al contrario, la debilita y fomenta la pobreza cuando rebasa sus límites naturales.

Ese cambio de opinión en el ciudadano es un buen comienzo para el remedio de gastos públicos improductivos. Piense usted en esto, uno de los candidatos a la presidencia en las elecciones pasadas consideró indispensable duplicar el gasto de gobierno para lograr el bienestar.

Es como duplicar el consumo de vodka para aliviar una cirrosis. La cura está en gastar menos, mucho menos. Cuando las personas crean eso, se habrá dado un gran paso.

Post Scriptum

No puedo dejar de mencionar un caso importante. Una de las celebridades de las noticias de radio en México ha insistido en decir que en México se pagan impuestos muy bajos y que los mexicanos deben pagar más.

Mi apuesta: si eso cree, apuesto a que no pagaría él de su propia bolsa más impuestos de manera voluntaria por encima de los que ya paga, al contrario. Lo que hace es repetir una idea sin sentido, que flota en el aire y toma sin pensar lo que significa.

¿Por qué dar más dinero a un sistema de administración de gasto que no tiene incentivos para cuidar los fondos?

Datos de hoy en México:

• 3.4 billones de pesos en el presupuesto de gasto federal en México.

• Equivalen a 31,000 pesos por habitante al año.

La petición de presupuesto adicional del IFE ha sido reportada con diferentes montos: a veces 27% y otras veces 17%. A esto debe añadirse la petición de aumento de la Comisión Nacional de Derechos Humanos por 19% más.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Gasto Como Afrodisiaco”
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