Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobierno Unitalla
Eduardo García Gaspar
9 agosto 2010
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Es un asunto de utopías. La liberación reciente de los presos políticos en Cuba fue reportada profusamente. Lo merecía. Es un suceso escasamente común el que algo así suceda. Imagine usted que en la URSS el gobierno hubiera permitido emigrar a sus opositores. O que lo mismo hubiera sucedido en China hace tiempo, o en Corea del Norte en nuestros días.

La noticia en sí misma, sin embargo, oscureció la situación subyacente, que es lo que pretendo sacar a la superficie. ¿Tiene Cuba un sistema totalitario? La existencia de presos políticos es una buena evidencia para una respuesta positiva. ¿Hay partidos de oposición en Cuba? ¿Hay periódicos y otros medios de comunicación en manos no estatales?

El tema es uno de utopías personales, los que en ocasiones suelen llamarse proyectos de nación de acuerdo con algún político. Me parece natural que cada uno de nosotros tengamos una idea siquiera vaga de lo que queremos para nuestra vida, una especie de felicidad imaginada por cada uno. Por supuesto, serán diferentes.

Somos las personas tan desiguales que ese proyecto de vida propia variará enormemente en cada uno. Mi gusto por la música de Mozart, será una pesadilla para otros. Y esto es sólo un detalle mínimo. El gusto por la salsa Tabasco de un amigo es para mí un tormento. Otro detalle mínimo. Si variamos en los detalles, en las cuestiones mayores también.

Es innegable que cada persona tiene una idea diferente y, lo peor, cambiante, de lo que hace su felicidad. Llamemos a esto nuestras utopías, o nuestro proyecto de vida para usar una expresión más de moda. En mi utopía habrá cosas deseables que para otros son reprobables.

Para una persona que conozco, el mundo ideal obligaría a otros a leer cosas como El Código da Vinci y libros de mejora personal, lo que para otros sería un averno terrible. Algunas personas, que no son muchas, tienen utopías personales bastante peculiares y que consisten en desear que el resto de nosotros viva de acuerdo con lo que ellas piensan es deseable y lo mejor.

Esta es una manera de entender a los gobiernos como el de Cuba. Esos prisioneros liberados no quisieron vivir bajo la utopía de Castro, una que tiene como ambición hacer que todos vivan en la utopía propia. Este tipo de proyecto personal de vida resulta curioso y fascinante, por sus dosis patológicas: consiste en crear una utopía personal cuya felicidad se alcanza forzando a los demás a vivir de acuerdo con los deseos de su creador.

Chávez en Venezuela es una ilustración muy clara de esta patología de la felicidad personal. Hasta su propia terminología ha creado, el uso del calificativo “bolivariano” y el nombre de “socialismo del siglo 21”. No es en realidad ni socialismo, ni bolivariano, sino un sueño personal, la ambición de hacer que el resto viva de acuerdo con lo que alguien cree y piensa.

No es sorpresa, por tanto, que en esos países en los que se implanta una utopía personal se tengan opositores: todos aquellos que quieren lograr su propia felicidad sin ser forzados a vivir en lo que otros piensan que es su felicidad.

Creo que el tema bien vale una segunda opinión para ver la liberación de los presos cubanos desde una perspectiva más exacta. Ellos son personas que se negaron a vivir en la utopía definida por alguien más e implantada por la fuerza. Valoraron tanto su propia libertad para definir su felicidad que fueron hechos prisioneros. Son de admirar.

El fenómeno totalitario, como el de la URSS, el de Cuba y el de Venezuela, es tradicionalmente examinado como un tema político que tiene defensores y detractores. Hay quienes lo reprueban, pero hay quienes lo defienden. No son análisis inútiles los que esas discusiones producen, pero puede ser que dejen de lado otra avenida de estudio del totalitarismo.

Me refiero al aspecto mental y hasta filosófico del totalitarismo. Sin duda puede ser examinado como un trastorno psiquiátrico del que hace consistir a su felicidad personal en obligar al resto de personas a vivir dentro de su utopía o proyecto de nación. Hay algo enfermo en esas personas.

Y si es examinado con algo de filosofía, quizá pueda verse como un problema político, el de tener un sistema de gobierno cuya misión sea el facilitar que cada persona logre hacer realidad con su propio esfuerzo su propia utopía personal, sin obligar a otros.

Post Scriptum

La última consideración ha sido tratada por Robert Nozick (1974) Anarchy, state, and utopia. New York: Basic Books. Nozick, en resumen, pide también imaginar una utopía personal, el mundo ideal para uno mismo. El punto es que todos tienen derecho a imaginar esa utopía personal, lo que significa que si una persona vive en el mundo ideal de otro, ella tiene derecho a salir e ir a la utopía propia. Sin deseo de vivir en una utopía aislada, solitario, hay que dar algo para convencer a otros de venir a la utopía personal. Ya no se puede ser un dictador, hay que dar concesiones. Con el derecho a salir de una utopía, entrar a otra o crear la propia, pero queriendo vivir en compañía, el proceso sigue hasta que todos creen estar en el mundo ideal para todos.

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