Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gran Círculo Olvidado
Eduardo García Gaspar
13 abril 2010
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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Es la tentación inevitable que se presenta en la vida de los legisladores y gobernantes. Hasta cierto punto comprensible, suelen ellos caer en la obsesión de hacer leyes y más leyes. Nada hay en su mente que no sea sujeto de mejora por medio de una ley.

Y es así que los países suelen llenarse de leyes y disposiciones gubernamentales en busca de la mejora de cualquier situación, como ahora en México con el mandato de registrar de nuevo teléfonos móviles. Por supuesto, las leyes emitidas tienen fallas, lo que mueve a una nueva ronda de más leyes que corrijan los desaciertos de las anteriores.

Las nuevas leyes, desde luego, tampoco son las ideales y al descubrir sus errores y posibilidades de mejora, de nuevo salen otras leyes, más detalladas que también, se descubre después, tienen sus fallas… y el ciclo se mantiene con un resultado neto de una abundancia de leyes innecesarias cuo propósito fue corregir a las anteriores.

En México, por ejemplo, las leyes electorales han pasado por esos ciclos de emisión y corrección varias veces, con la idea de anticipar toda situación, todo detalle, todo hueco, toda intención. Es una misión imposible y que produce cambios innecesarios, esfuerzos desaprovechados y desatención a otros problemas.

El tema creo que vale una segunda opinión para apuntar una idea simple. La más perfecta de las leyes, la constitución más ejemplar, nada de eso tendrá los efectos buscados si las personas a las que rige carecen del sentido de responsabilidad que acarrea la libertad. La ley sola, en otras palabras, no es suficiente y puede únicamente mostrar un tipo de conducta deseable.

La ley, se ha dicho, es como un círculo dentro de otro más grande que es el de la moral, ése que incluye a toda la conducta humana. La ley no puede cubrir más allá que un poco de toda esa complejidad. Sin sentido de responsabilidad no existe verdadera libertad y toda ley se verá como fallida. Y, creo, todo puede entenderse si se pone atención en la definición de libertad que sea aceptada por la gente.

• Creo que fue Lord Acton quien apuntó que la libertad no es el sentirse capaz de hacer lo que sea, sino el ser capaz de hacer lo que se debe. Tocqueville lo expresó al hablar del entender que mientras todo lo puedo hacer, no todo lo debo hacer. Sin este sentimiento de libertad en las personas, la más ejemplar de las leyes no dará resultados.

• Lo opuesto a lo anterior diría que la libertad es el simple hacer lo que se quiera, lo que sólo podría tener el freno de la ley que los gobiernos aplican por la fuerza. Aquí está el problema de origen, en una concepción diferente de la libertad. Al ser entendida como hacer lo que sea, con el único freno de la ley, se renuncia al círculo mayor, el del deber ser.

Cuando, por ejemplo, un partido político en México se queja de que otro partido ha violado la ley electoral aprovechando un vacío legal que una nueva ley deberá remediar, estamos en presencia de uno de esos casos en los que la ley es toda la moral que existe y nada más. Y sucede algo sorprendente.

Es eso de que todo debe ser comprendido como el uso del poder y su aplicación por parte de alguien. Sin ese círculo mayor dejado a la decisión libre de la persona y que le llama a hacer lo que debe hacerse por voluntad propia, todo lo que queda es reducir el círculo a la ley y usar la fuerza estatal como una implantación moral obligatoria.

Empecé esto apuntando esa tentación de los gobernantes para hacer más y más leyes que corrijan los defectos de las anteriores y acabé con la razón de ese fenómeno: tener una definición errónea de libertad, a la que no acompaña el sentido de hacer por voluntad propia lo que debe hacerse.

Cuando en una sociedad se pierde ese sentido del deber ser, la libertad se descarrila de tal manera que sólo es factible el uso del poder gubernamental para controlar el libertinaje a voluntad de quien sea que detente el poder. Esto es lo que explica, por ejemplo, las nuevas legislaciones de control de mercados financieros.

El problema es uno grande para quienes defendemos a la libertad porque se nos puede interpretar mal, creyéndonos defensores de toda acción libre… cuando en realidad y sin remedio, también defendemos ese círculo más amplio de una moral que tiene principios absolutos e inmutables del deber ser.

Post Scriptum

No lo recuerdo con exactitud, pero por los años del New Deal, un economista dijo algo que parafraseo en lo siguiente: Dios tardó siete días en construir el mundo y envió diez mandamientos en dos tabletas, con preceptos que todos entienden y abarcan toda la naturaleza humana; los gobiernos tardan años en realizar una obra de mala calidad y emiten leyes con centenares de artículos para regular una parte mínima de la conducta humana (la reforma de los servicios de salud en EEUU tiene más de dos mil páginas).

La idea se repite en:

“Estados Unidos, donde gracias a su Congreso, hay 40 millones de leyes para aplicar los Diez Mandamientos”. Anatole France.

“Alguien debe explicarlo, tenemos 25 millones de leyes tratando de implantar los Diez Mandamientos”. Earl Wilson.

“El mejor Estado es el que tiene pocas leyes estrictamente obedecidas”. R. Descartes.


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