Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gran Momento Católico
Leonardo Girondella Mora
18 mayo 2010
Sección: RELIGION, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


Hace ya años, un sacerdote católico trató en un texto el tema de los escándalos dentro de su iglesia —las ideas de Roger J. Landry merecen reiterarse, que es lo que hago en lo que sigue.

Con la idea de dar una respuesta a esos escándalos, Landry expone conceptos valiosos —no tanto para dar una contestación al crítico alimentado por el odium teologicum, sino proveer al creyente con una noción sólida de permanencia en su fe.

La ocasión es, por supuesto, la serie de revelaciones de conductas altamente reprobables en miembros de la Iglesia Católica —ministros religiosos cometiendo acciones terribles y que han sido material noticioso consistente ya durante algunos años.

Landry hace de lado la posibilidad de responder a los críticos —lo que más interesa es dar una respuesta a los escándalos. Una respuesta dirigida a los propios fieles.

Primero, Landry examina los escándalos a la luz de la propia fe cristiana:

“[Jesucristo] habló a Su Padre… acerca de a quienes elegiría para que fueran sus doce apóstoles, los doce que Él formaría íntimamente, los doce a quienes enviaría a predicar la Buena Nueva en Su nombre… Pero, a pesar de todo, uno de ellos fue un traidor… Jesús no eligió a Judas para que lo traicionara… Pero Judas fue siempre libre y usó su libertad para permitir que Satanás entrara en él y, por su traición, terminó haciendo que Jesús fuera crucificado y ejecutado”.

Desde el mismo inicio, por tanto, existió la traición a los principios de Jesús —y, por supuesto, los escándalos actuales son equivalentes a esa traición. ¿Como reaccionar ante ella? Landry dice,

“Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, la Iglesia habría estado acabada antes de comenzar a crecer. En vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los otros once, gracias a cuya labor, predicación, milagros y amor por Cristo, nosotros estamos aquí hoy”.

El creyente actual, por tanto, tiene una lección frente a sí mismo: reaccionar ante los escándalos/traiciones como se hizo antes, centrándose en Jesús y quienes le son fieles. Dice el autor,

“Podemos centrarnos en aquellos que traicionaron al Señor… o, como la primera Iglesia, podemos enfocarnos en los demás, en los que han permanecido fieles, esos sacerdotes que siguen ofreciendo sus vidas para servir a Cristo y para servirlos a ustedes por amor”.

Segundo, el reconocimiento de la realidad —estas traiciones no son algo desconocido:

“El escándalo desafortunadamente no es algo nuevo para la Iglesia. Hubo muchas épocas en su historia, cuando estuvo peor que ahora… En cada una de esas épocas cuando la Iglesia llegó a su punto más bajo, Dios elevó a tremendos santos que llevaran a la Iglesia de regreso a su verdadera misión”.

Uno de ellos fue San Francisco de Sales, al que Landry cita textualmente:

“Aquellos que cometen ese tipo de escándalos son culpables del equivalente espiritual a un asesinato, destruyendo la fe de otras personas en Dios con su pésimo ejemplo… Mientras que aquellos que causan el escándalo son culpables de asesinato espiritual, los que acogen el escándalo —los que permiten que los escándalos destruyan su fe— son culpables de suicidio espiritual. Son culpables de cortar de tajo su vida con Cristo…”

El escándalo/traición tiene un autor conocido —el que cometió el asesinato espiritual, pero hay otra persona involucrada en esto: el que puede cometer un suicidio espiritual, alejándose de Dios por causa del acto de traición de un ministro. La respuesta adecuada del católico no puede ser el abandonar su fe por causa de un mal ejemplo. El cristianismo ya no existiría de haberse hecho esto en el pasado.

Tercero, la dependencia bien canalizada —¿de quién depende la fe personal? Responde Landry:

“Y es que si siempre tuviéramos que depender de la santidad personal del sacerdote, estaríamos en graves problemas. Los sacerdotes son elegidos por Dios de entre los hombres y son tentados como cualquier ser humano y caen en pecado como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Once de los primeros doce apóstoles se dispersaron cuando Cristo fue arrestado, pero regresaron; uno de los doce traicionó al Señor y tristemente nunca regresó”.

La idea puede repetirse al hablar de tener una Iglesia “a prueba de sacerdotes” —siendo éste un punto vital de la actitud que debe tener el católico en estos momentos de traición/escándalo.

Cuarto, el cómo responder:

“¿Tiene la Iglesia que trabajar mejor, asegurándose que nadie con predisposición a la pedofilia sea ordenado? Absolutamente. Pero esto no sería suficiente. ¿Tiene la Iglesia que actuar mejor para tratar estos casos cuando sean reportados? La Iglesia ha cambiado su manera de abordar estos casos y hoy la situación es mucho mejor de lo que fue en los años ochenta, pero siempre puede ser perfeccionada. Pero aun esto no sería suficiente. ¿Tenemos que hacer más para apoyar a las víctimas de tales abusos? ¡Sí, tenemos que hacerlo, tanto por justicia como por amor! Pero ni siquiera esto es lo adecuado”.

¿Cómo responder?

¡La única respuesta adecuada a este terrible escándalo, la única respuesta auténticamente católica a este escándalo… es la SANTIDAD! ¡Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una crisis de santidad!… Las bienaventuranzas que leemos en el Evangelio… son una receta para la santidad. Todos necesitamos vivirlas más. ¿Tienen que ser más santos los sacerdotes? Seguro que sí. ¿Tienen que ser más santos los religiosos y religiosas y dar un testimonio aun mayor de Dios y del Cielo? Absolutamente. Pero todas las personas en la Iglesia tienen que hacerlo, ¡incluyendo a los laicos!”.

Quinto, la actitud que debe tener el católico frente a las traiciones/escándalos:

“Son tiempos duros para ser católicos hoy… mientras que todos nosotros quizá tengamos que padecer… insultos y falsedades por causa de Cristo, de hecho debemos regocijarnos. Es un tiempo fantástico para ser cristianos hoy, porque es un tiempo en el que Dios realmente necesita de nosotros para mostrar Su verdadero rostro… Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para reconocer que cuando se nada contra la corriente de las críticas, estamos más seguros que cuando permanecemos adheridos a la Roca sobre la que Cristo fundo su Iglesia. Este es uno de esos tiempos. Es uno de los grandes momentos para ser cristianos”.

Landry hace referencia a la solución fundamentada en la santidad —santidad que se alimenta de la fe:

“Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase. Él prometió que las puertas del infierno no prevalecerían sobre Su Iglesia, que la barca de Pedro, la Iglesia que navega en el tiempo hacia su puerto eterno en el cielo, nunca se volcará, no porque aquellos que van en ella no cometan todos los pecados posibles para hundirla, sino porque Cristo, que también está en la barca, nunca permitirá que esto suceda. Cristo sigue en la barca y Él nunca la abandonará”.

Las ideas de Landry se dirigen a evitar el suicidio espiritual por medio de la comprensión de la respuesta del católico —su santidad. Los escándalos/traiciones, que son indeseables en extremo, son un nuevo llamado a esa santidad. Si algunos han realizado traiciones, el resto debe elevar su santidad.

Nota del Editor

El texto citado es de P. Roger J. Landry. “What our response should be to terrible scandals in the Church”, una homilía no publicada. Traducida al español y reproducida con el permiso del P. Roger J. Landry.

El P. Roger J. Landry fue ordenado sacerdote por la Diócesis de Fall River, MA, por el Obispo Sean O’Malley, OFM Cap., en 1999. Después de obtener la licenciatura de biología por la Universidad de Harvard, el P. Landry hizo sus estudios para el sacerdocio en Maryland, Toronto, y durante varios años en Roma. Después de su ordenación sacerdotal, el Obispo O’Malley lo envió de regreso a Roma para concluir sus estudios de graduación en teología moral y bioética. Actualmente es vicario parroquial en la Parroquia del Espíritu Santo en Fall River, Massachusetts y capellán en la Escuela Secundaria Bishop Connolly.


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2 Comentarios en “Gran Momento Católico”
  1. María Elena Dijo:

    Las críticas amargas por parte de los católicos ponen de manifiesto lo poco que estudiamos nuestra fe: la santidad de la Iglesia no le viene de sus sacerdotes, ministros, etc. La Iglesia Católica es santa por su origen: fue instituida por Cristo mismo hace 2000 años. Leer gratuitamente el libro "Introducción al Cristianismo": Ratzinger, 1968, en: es.catholic.net

  2. Luis Tapia L. Dijo:

    Interesante





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