Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
H. Kung: Momento Malthusiano
Selección de ContraPeso.info
21 mayo 2010
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El autor es Samuel Gregg, Research Director del Acton Institute, autor de On Ordered Liberty y The Commercial Society. La idea central del escrito es examinar la carta abierta de Hans Küng, reproducida en muchos medios recientemente, especialmente en el tema de la sobrepoblación.

En abril pasado, el mundo recibió otra carta global del teólogo suizo de 82 años, Fr. Hans Küng. El quizá más célebre católico disidente de la enseñanza católica, Fr. Hans Küng escribió “una carta abierta” a los obispos católicos del mundo conteniendo su crítica acostumbrada del papado y sus conocidas y ahora tediosas recetas de cambio de la Iglesia Católica.

Hace casi 31 años, obispos católicos de Roma y Alemania despojaron a Küng de su permiso para enseñar como teólogo católico porque, según lo admitió Küng mismo, él no cree en algunos de los dogmas centrales de la fe católica. Algunos dirán que la acción de Roma fue tan sólo un ejercicio de verdad publicitaria. Sin embargo, esto no ha detenido a Küng, quien continúa exhortando al Catolicismo a seguir el camino seguido por muchas confesiones protestantes dominantes en Occidente desde los años 60.

Como ha señalado George Weigel, en “An Open Letter to Hans Küng”, la carta de Küng está llena de errores y de lógica errónea.

Más aún, Küng parece olvidar la realidad sociológica de que las comunidades cristianas que han abrazado caminos similares a los que él propone para el Catolicismo, están en un estado terminal de colapso. Carentes de coherencia doctrinal, ellas son a menudo conducidas por clérigos para quienes la existencia de Dios y la divinidad de Cristo están sujetas a discusión, para quienes la concepción de moralidad es tan relativista como la del izquierdista secular promedio, y quienes aseguran conocer con absoluta seguridad que el mundo se dirige a un apocalipsis climático.

Hubo, sin embargo, una aseveración en la carta de Küng que merece un mayor escrutinio. Es su aseveración de que África —y por extensión, el mundo en desarrollo— está sufriendo un problema de población excesiva, lo que por implicación, hace de los 2,000 años de enseñanza católica sobre el tema, una causa de pobreza y hambre.

No es un secreto que muchas personas están en desacuerdo con la posición católica sobre la anticoncepción. Pero la afirmación de Küng de un problema de “exceso poblacional” en el mundo en desarrollo muestra lo mucho que él permanece como una criatura sin cambio de los años 60.

Las teorías sobre la correlación entre crecimiento poblacional rápido, pobreza y presión sobre los recursos han existido desde el tiempo del economista Robert Malthus (1766-1834), por coincidencia un clérigo anglicano.

Desde la muerte de Malthus, sus teorías tienen metástasis. En los años 60, ideas neomalthusianas lograron nueva prominencia gracias a los escritos de científicos como Paul Ehrlich. Ehrlich, en cuyo libro, The Population Bomb, predijo que el crecimiento poblacional del mundo llevaría a muertes por hambre de millones, hambrunas azotando el mundo, precios excesivos de commodities y el comienzo de una era de escasez irremediable de recursos.

Ninguna de estas predicciones ha sido realidad.

Lo que ignoran Ehrlich y otros que han tragado perennemente el Kool-Aid de la “sobrepoblación”, es el genio empresarial de la humanidad. El economista que más hizo para destacar este punto y desacreditar la tesis de Ehrlich fue el ya fallecido Julian Simon. En su libro, The Ultimate Resource, Simon muestra que las elevaciones deprecio generan incentivos a los emprendedores para descubrir más de ese recurso, usarlo con más eficiencia y, eventualmente, encontrar sustitutos.

En pocas palabras, dadas las condiciones institucionales adecuadas, los humanos son notablemente buenos para crear más riqueza de la necesaria para alimentar, vestir y dar casa a poblaciones crecientes más allá de niveles de subsistencia básica, con sobrantes enormes de capital dejados para reinversiones —y todo, sin saquear despiadadamente el medio ambiente.

Desde esta perspectiva, una elevación de la población puede ser vista como beneficiosa: a más gente, más potencial de creatividad y empresariado.

El problema con los neomalthusianos, como Ehrlich y Küng, es que ellos ven a los humanos primariamente como consumidores más que como creadores económicos. Esta es precisamente la mentalidad que ayudó a facilitar el próximo invierno poblacional de Europa Occidental —un panorama que ha causado que Suecia cree todo tipo de incentivos financieros para que los suecos tengan más hijos (sí, Suecia, la super-progresista e hiper-secular Suecia).

Con algo de preocupación, el U.S. National Vital Statistics Report de abril de 2010 muestra que en los EEUU la tasa de nacimientos está por debajo de la tasa de fertilidad de reemplazo de 2.1 hijos por mujer.

En su encíclica social de 2009, Caritas in Veritate, Benedicto XVI —el objetivo primario del más reciente ataque de Küng— explicó la lógica económica de una tasa decreciente de nacimientos.

Escribió que “La disminución de los nacimientos, a veces por debajo del llamado ‘indice de reemplazo generacional’, pone en crisis incluso a los sistemas de asistencia social, aumenta los costes, merma la reserva del ahorro y, consiguientemente, los recursos financieros necesarios para las inversiones, reduce la disponibilidad de trabajadores cualificados y disminuye la reserva de ‘cerebros’ a los que recurrir para las necesidades de una nación” (CV 44).

En este sentido, el Papa Benedicto se muestra no sólo más conocedor que Hans Küng para ayudar al Catolicismo a evitar el destino de esas comunidades cristianas que han abrazado el vacío y la incoherencia del cristianismo progresista. También es un buen economista.


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