Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hacer lo Que Debe Hacerse
Leonardo Girondella Mora
15 septiembre 2010
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
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La expresión, que es muy atinada, establece que gracias a la libertad todo puede hacerse, pero que también gracias a ella, se comprende que no todo debe hacerse —un principio que establece a la libertad con un doble significado.

Un buen tema en estos días en los que mucho se celebra la libertad en varias naciones de América Latina.

• Uno de ellos es evidente y manifiesto para cualquiera —la libertad es la posibilidad de hacer todo lo que una persona puede hacer. Es una amplia gama de posibilidades, desde la acción que lleva al médico a lugares remotos hasta la conducta del que hace un negocio de los secuestros.

• El otro significado es menos evidente, más oculto —la libertad lleva en sí misma una idea de sus propias limitaciones: esa noción de que no todo debe hacerse, aunque pueda hacerse. Sin este significado, la libertad no tendría sentido y todo acto libre se legitimaría a sí mismo por el hecho de serlo. Sería de igual legitimidad el estudio de una carrera profesional que la realización de fraudes.

Este segundo significado de la libertad es lo que deseo explorar —y para hacerlo apunto ideas que justifican que en el saldo final, la libertad verdadera es hacer lo que debe hacerse sabiendo que podía no haber sido hecho.

Primero, la más diáfana de las ideas que sostienen a la libertad verdadera: si todos los seres humanos tienen la misma libertad, resulta inevitable concluir que sus actos libres no deben alterar la libertad del resto. Por definición será indebida cualquier conducta de una persona que resulte en la pérdida de libertad de otra.

Esta idea tiene consecuencias amplias y con facilidad vistas en las acciones de libertad de expresión —lo que haría indebido acciones de censura, que es usar la libertad de uno para evitar la libertad de otro al expresarse. Menos cristalino es el caso de acciones de libertad económica, en los que debe también considerarse reprobable el que alguien limite esa libertad en otros (el caso del intervencionismo estatal es una conspicua instancia de violación de libertad).

Segundo, otra idea, la de la inclusión de la razón en estas cuestiones. La libertad sin el uso de la razón, haría de la primera una serie de acciones sin sentido. El ser humano es al mismo libre y racional —una esencia doble irrenunciable que justifica que la razón se use para lograr la felicidad personal por medio de acciones libres. Es la razón la que permite concluir qué hacer para lograr la felicidad personal.

Es la razón también la que permite concluir qué actos libres son deseables y cuáles no lo son —lo que lleva a una conclusión conocida: lo deseable y bueno es lo que está de acuerdo con la naturaleza humana libre y racional; lo reprobable y malo es lo que está en contra de esa naturaleza. Este es el corazón mismo de la libertad verdadera, el que el ser humano sabiendo que puede actuar en contra de su propia naturaleza, decida libremente actuar de acuerdo con ella.

La idea tiene consecuencias amplias, ya que define a la felicidad humana como el actuar libre y racionalmente —lo que quiere decir que por necesidad inevitable el ser humano encuentra su felicidad en el actuar por decisión propia ejerciendo su capacidad de razonar. Si la razón tiene como propósito el buscar la verdad, entonces la felicidad radica en encontrar la verdad y actuar voluntariamente de acuerdo con ella.

El Cristianismo ha explicado esto de manera particularmente luminosa —el ser humano será plenamente feliz al contemplar la verdad absoluta, es decir, a Dios. Esto puede ser imaginado en los casos de personas místicas o contemplativas, cuya vida está dedicada a eso precisamente, el encontrar a Dios.

Pero esos casos resultan demasiado extremos para la gente de estos tiempos, en los que lo terrenal de una vida diaria llena de ocupaciones ocupa su mente. Sin embargo, la misma noción es aplicable en el caso de vidas diarias que son guiadas y ordenadas por la razón. Vidas con actos libres en los que decide hacerse lo debido y no lo indeseable —lo que acarrea una hipótesis subyacente inevitable: por medio de la razón es posible derivar principios y normas de conductas que llevan a la felicidad.

El corazón de lo que he escrito sostiene una idea principal: la libertad no es el simple hacer lo que la persona decida, cualquier cosa que sea —eso sería una conducta caprichosa, irracional y contraria a la propia naturaleza. La libertad, la verdadera, es el actuar en concordancia con la naturaleza humana y hacerlo sabiendo que podía hacerse lo opuesto.

El meollo de tal idea principal es el entendimiento de la naturaleza humana —si ella se entiende de maneras diferentes, es natural que la libertad también se entienda de maneras distintas.

Quien sostenga, a modo de ilustración, que el ser humano es un accidente biológico sin sentido ni fin, derivará de su creencia un concepto de libertad mucho muy diferente del que tenga la creencia de un ser humano trascendente y digno en sí mismo.

Termino con una divagación sobre esto último. Según el Cristianismo, los seres humanos fueron creados a imagen y semejanza de Dios, lo que los hace una creación valiosa cuya felicidad última es la unión con Dios. Si se abandona esta idea, como lo hace el secularismo actual, habrá consecuencias profundas ya que ese valor humano como creación de Dios no existirá.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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