Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hacerlo por Decreto
Eduardo García Gaspar
6 julio 2010
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Se parece al corno inglés, que no es corno ni es inglés. Me refiero a la justicia social, que no es justicia ni es social, lo que no obsta para que siga siendo una expresión políticamente correcta: un dogma absoluto que no puede ser puesto en tela de juicio.

El asunto viene a cuento, por una mención reciente de boca de un político, cuyo nombre he olvidado, y que dijo estar movido por los “grandes ideales de la justicia social”. Confieso una ignorancia total sobre lo que eso significa, una ignorancia que poco después fue remediada por otra persona.

Me dijo ella que la justicia social es un concepto de avanzada que consiste en lograr condiciones sociales en las que todas las personas de una comunidad fueran iguales en términos de satisfacción de necesidades básicas: casa, empleo, salud, ropa, educación, descanso, seguridad… y otras más que ya no recuerdo. Fue interesante escucharla.

Le inquirí sobre mi úlcera estomacal y si ella violaba a la justicia social porque no todos las padecen. Le pregunté también si era básica mi necesidad de leer unos 40 libros al año o más y dónde guardarlos. Quise que me explicara si debía esperar a que todos tuvieran dos camisas azules para poder comprar otra. Iba a continuar mi interrogatorio, pero la persona me miró con malos ojos.

Yo la miré con ojos de perro arrepentido por haber manchado la sala, para no arriesgar ser acusado de inequidad de género, pues se trataba de una mujer con la que hablaba. Me dijo que ella se refería a necesidades básicas no de lujos, una distinción que nunca he entendido y que le pedí me ejemplificara con algo concreto.

Le dije que yo tenía más de cien discos de Mozart y quise saber en qué cantidad de discos violé la justicia social de que todos tuvieran los mismo discos. En serio. Es una pregunta que tiene fondo. Por ejemplo, cuánto es el ingreso mínimo que todos deben tener para que exista justicia social. Me dijo que el suficiente como para satisfacer necesidades básicas.

Pero allí estaba otra vez el problema de qué es lo básico, y ya no insistí. Le pedí me dijera una cifra de ingreso mínimo, una cifra concreta. Lo pensó mucho tiempo y dijo “algo como diez mil pesos al mes”. Con esa cifra frente a mí le pedí me dijera cómo lograr que todos ganaran eso como mínimo. “Por ley de salarios mínimos”, me respondió en un nanosegundo.

Le dije que aceptaba eso y que, por favor, pusiera ella el ejemplo voluntario pagando a su sirvienta esa cantidad. Volvió la mirada, aún más temible que la anterior y preferí irme del lugar. La persona, a pesar de todo, había remediado mi ignorancia al darme una definición de justicia social y cómo lograrla: hacer a todos iguales en un estándar mínimo y usar al gobierno para igualarlos.

Lo fascinante de esa idea de justicia social es la adición del calificativo “social”. La justicia a secas es una idea individual que parte de un tipo de conducta que da a cada quien lo que merece. Es personal, no colectiva. La justicia no puede ser social. Y si existe una sociedad justa es porque sus miembros son justos. No puede haber una sociedad justa con personas que no lo son.

Me expliqué también la razón por la que el político exaltaba a la justicia social. Porque le concedía más poder: el poder para tomar de unos y dar a otros para hacerlos iguales. Otro caso de otra frase bonita que disfraza el aumento de poder de los gobiernos y que muchos se tragan si saberlo.

Al final de cuentas se trata de una decisión: asignarle el deber de justicia a las personas u otorgárselo a los gobiernos. Y es una decisión de confianza. Si usted tiene confianza en que los gobernantes se comporten honesta e inteligentemente, sin aprovechar nada en su beneficio, adelante: quítese el problema de tener que vivir siendo justo y déle esa poder al gobernante que quiera: Obama, Calderón, Chávez, Correa, el que quiera usted.

Pero si usted desconfía de ellos, y hay muestras abundantes de hacerlo, más vale aceptar ser justo uno mismo con los demás. Es menos cómodo, más retador.

Porque el fondo de las cosas es claro, según esa persona. La justicia social es dejar en manos del gobernante las decisiones personales de justicia. Y la justicia a secas es aceptar nosotros la responsabilidad de ser justos con los demás. Yo prefiero sufrir los problemas de ser justo yo mismo.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


No hay comentarios en “Hacerlo por Decreto”
  1. JOSE LUIS LOPEZ Dijo:

    EXCELENTE SU TRABAJO… PREGUNTO SI YO SOY EMPRESARIO Y GANO 10 MILLONES Y MIS EMPLEADOS GANAN MUY POCO , NO SERIA MEJOR GANARME 5 M. Y PAGAR MEJOR A MIS EMPLEADOS. Nota del editor: eso lo decide usted y nadie más.





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