Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hay Trampa en la Lucha
Eduardo García Gaspar
20 septiembre 2010
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
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El recordatorio fue abrupto. Lo había olvidado casi, pero la diputada dijo que le sorprendía la cantidad de colegas suyos que mantenían la idea de la lucha de clases. Sí, esa noción de que la sociedad se encuentra dividida en dos clases en conflicto. Cuando se piensa así, las consecuencias son seria.

La idea de formar grupos de personas en los que una sociedad puede dividirse es muy vieja. Las ideas políticas de Platón son una muestra de esos esquemas de creación de categorías de personas. No está mal en sí mismo. Puede servir para comprender mejor algunas cosas.

Por ejemplo, podemos dividir a la sociedad en obesos y no obesos, y si se examinan sus hábitos de vida, quizá encontremos algunas causas de obesidad. Y además, algo vital, el obeso puede dejar de serlo y al revés también. No hay problemas con estas divisiones en grupos.

Pero los problemas comienzan cuando algunas de esas categorías se simplifican demasiado y se vuelven bases incuestionables de alguna teoría social. Piense usted en la que dice que la esencia de la sociedad es el conflicto entre dos clases, los obreros y los capitalistas, y que la sociedad ideal es una en la que triunfan los obreros.

La cosa ha cambiado totalmente: todo lo que se haga a continuación estará sustentado en esa división dual. Se podrá alegar con toda razón que es una clasificación fallida, que es demasiado simple, que no considera otras posibilidades, que no es dinámica, que no considera casos individuales… podrá alegar lo que usted quiera.

Pero esa clasificación permanecerá como una especie de marco mental por sus ventajas: cualquiera la puede aprender y repetir, tiene aplicaciones múltiples, da excusas perfectas a medidas de intervención estatal. Es igual de tonta que la que se basara en el conflicto entre obesos y delgados, pero eso no importa, porque es asombrosamente memorable y útil para no agotarse buscando mejores explicaciones.

Ha sido escrito que la demanda y la oferta de trabajo divide a los hombres en el mercado laboral en dos clases, como en dos campos, y las negociaciones entre esas dos partes transforma a este mercado laboral en una arena “en la que dos ejércitos se encuentran en combate”. Las palabras son de Pío XI y esto es lo que asombra.

Asombra que una división de la sociedad sea reconocida por tantos y en los lugares menos esperados. No importa que sea irreal, simplista, estática. A pesar de todos sus errores, ella no deja de ser popular y considerada con toda seriedad. Quizá la causa principal sea que es fácil de entender, tan fácil como crear otra idea, la de que el mundo está dividido en dos, los que son calvos y los que no lo son y que los calvos envidian a los otros.

La idea de dividir a las personas en dos categorías y luego crear un conflicto entre ellas es una obsesión en muchos. Todo un clisé. Vea usted, por ejemplo, al feminismo que ve al mundo como dividido en dos grupos antagónicos. O esa división Norte-Sur. Tiene su atractivo esa simplicidad artificial.

Puede ser enseñada en cualquier salón de clase, en cualquier año de escuela. Puede ayudar a escribir muchos libros. Puede ser la bases de muchas columnas de opinión. Puede ser muy útil en discursos políticos. Puede ser aprovechada en la justificación de leyes. Y, lo mejor, siempre usa ideas de buenas connotaciones: justicia, igualdad, compasión.

Esta idea de dividir a la sociedad en dos grupos mutuamente exclusivos e irreconciliables contiene una trampa y bien vale una segunda opinión el ponerla sobre la mesa. Piense usted en esto: usted tiene dos hijos a los que se ve como adversarios irremediables. El conflicto necesita solución, una que entre ellos no puede darse.

Se necesita alguien más que juzgue ese combate. En el caso de los hijos, son los padres los que entran a mediar en el conflicto y, si lo hacen bien, cuidarán de ambos. En el caso de la sociedad, son los gobernantes lo que entran a resolver el conflicto, pero lo hacen con un prejuicio en favor de una de las partes.

Consecuentemente, el ganador del conflicto no es propiamente ninguna de las partes adversarias, sino los gobernantes que acumulan más poder sobre los dos. Esta es la trampa política de la idea de la lucha de clases. Una idea tonta pero que sirve al gobierno para acumular aún más poder.

Post Scriptum

Las palabras de Pío XI están en Quadragesimo Ano y las tomé de Aquinas, T. (1987). St. Thomas Aquinas on Politics and Ethics (Norton Critical Editions). W. W. Norton & Company, p. 164 (mi traducción). Debe ser esa idea de la lucha de clases una de las más poderosas jamás desarrolladas para que a pesar de su superficialidad sea admitida en tantas mentes.

En la misma fuente, se tienen palabras de Juan XXIII, en la Pacen in Terris: “Los seres humanos tienen el derecho natural a la libre iniciativa en el campo económico y el derecho a trabajar”.

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