Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Impuestos del 100 Por Ciento
Eduardo García Gaspar
31 agosto 2010
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Se quejó de que las empresas grandes usan lagunas en las leyes fiscales para pagar menos impuestos de los que pagarían sin esos vacíos de la ley. Si pagaran más impuestos, dijo, eso sería de gran beneficio porque el gobierno tendría más dinero y habría más “gasto social”. Por supuesto, en su tono había indignación y reprobación moral.

Es un buen tema de conversación en sí mismo. Con la ventaja de que tiene un punto adicional que lo hace aún más interesante: el clisé del que es víctima. Lo expongo con un caso concreto, el de esa persona que hablaba en la radio.

El tema es el de los impuestos y el caso concreto es el de leyes que permiten pagar menos debido a que sus disposiciones tienen esa posibilidad. Lagunas en la ley, vacíos, huecos, fallas, como sea que usted quiera llamar a esas oportunidades de pagar menos impuestos.

¿Es lógica la crítica que se hace? ¿Deben pagar más impuestos las empresas y las personas sin aprovechar las oportunidades de pagar menos que las leyes presentan? No lo creo. Más aún, la crítica es ridícula por dos razones.

Primero, las oportunidades de pagar menos impuestos están contenidas dentro de la ley. Ella no es violada cuando se aprovechan esos vacíos que reducen los impuestos. Estoy hablando no de evasión de impuestos, sino de pago de impuestos menores de acuerdo con la ley. Todo lo que se hace es aprovechar oportunidades que ella presenta. No hay posibilidades de hablar de una acción ilegal, aunque sí pueden existir casos en una zona gris y de duda.

Segundo, lo más interesante, que no es el aspecto legal sino el moral. La postura cómoda dice que al pagar menos impuestos el gobierno recibe menos de lo que debiera recibir y que eso es reprobable. Es reprobable, continúa el argumento, porque con menos dinero el gobierno tiene menos “gasto social”.

Examinado ese argumento con un poco de profundidad puede verse que es muy débil. Presupone que sólo el dinero gastado por el gobierno tiene un beneficio en la comunidad. Cualquiera puede ver que eso es falso. También el dinero gastado por las personas tiene buenas consecuencias. Dinero en manos de empresas permite compras,  inversiones y ellas crean empleos.

De manera clara puede verse que el dinero en manos particulares o del gobierno tiene efectos en la sociedad y que son positivos. Es decir, el dinero que se queda en manos de la empresa que paga legalmente menos impuestos también se usa, quizá en la ampliación de instalaciones, o en la compra de trajes para sus dueños.

La única forma de justificar que pagar menos impuestos es inmoral es pensar que el gobierno gasta mejor que los particulares. Si esto es cierto, por lógica, todos deberíamos estar sujetos a tasas impositivas de 100 por ciento y viviríamos en un mundo mejor. El punto es, por tanto, examinar si el gobierno gasta mejor.

Si el gobierno recibe cien pesos más por impuestos no ahorrados por las empresas, una parte de ese dinero se va a bolsillos de la burocracia, digamos la mitad y quedarían por gastar “socialmente” la otra mitad (en realidad menos, por corrupción, corporativismo, ineficiencia). No, un gobierno con más dinero no significa un gasto con mejor impacto, al contrario.

Por supuesto, al final de cuentas, puede hacerse una propuesta. Se le puede decir a ese hombre que hablaba en la radio que puede hacer algo por su cuenta. En lugar de pagar 15% de IVA, que pagara por su propia cuenta el doble… después de todo, él piensa que un gobierno con más dinero es mejor que uno con menos. Y si no acepta, entonces estaremos todos moralmente indignados con él.

El caso es útil para mostrar que cuando no se tiene la razón y la lógica falla, la forma más efectiva de argumentar es acudir al lamento de la indignación moral usando frases sin sentido, como la de “gasto social”. No es una mala estrategia y suele convencer a muchos, los que se quedan sin usar sus neuronas.

El centro de la falla del argumento es presuponer que el gasto gubernamental es mejor que el gasto individual, que los recursos en manos de los burócratas producen más beneficios que en las manos de la gente particular. Si alguien cree esto, adelante, que se tengan impuestos del cien por ciento y así llegaremos a vivir en la mejor sociedad posible.

Pero si no lo cree, la conclusión es la obvia.

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