Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Jesucristo Rey C (2010)
Textos de un Laico
19 noviembre 2010
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• Ya que la festividad de este domingo es la de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo, resulta natural que las lecturas versen sobre el tema y lo hagan de manera explícita. Duda de Santo Tomás

La primera de ellas es del libro de Samuel (5, 1-3), habla de David y cómo le había sido designado por mandato divino, “Tú serás el pastor de Israel, mi pueblo; tú serás su guía”.

Es una idea sencilla, la del monarca que guía y conduce a un pueblo de “la misma sangre”.

Es una especie de anticipación del futuro y que señala nuestra necesidad de poseer a alguien que nos conduzca, que nos señale caminos, que nos proteja.

Se revela así, un rasgo humano esencial, nuestra imperfección, pues sin la guía divina poco o nada podemos hacer. Nos es necesario tener alguien que muestre el camino.

• En el evangelio, el pasaje seleccionado para este domingo es de Lucas (23, 35-43). Se nos cuenta allí el diálogo que tiene lugar durante la crucifixión.

Jesús está flanqueado por los dos malhechores y recibe burlas y mofas de las autoridades y de los soldados. Con sarcasmo decían que si realmente era rey, entonces él mismo podía salvarse.

En medio de esos sarcasmos y desprecios, sin embargo, sucede algo sorprendente. Es un diálogo entre Jesús y los delincuentes. Repite uno de ellos lo que oyó decir a los demás.

Le dice, “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Era su actitud una de reto y desesperación, en la que se contentaba con corear, sin pensar, lo que otros con soberbia decían.

Por el contrario, el otro malhechor adopta una actitud totalmente opuesta. Sus palabras revelan esto. Dice él, “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”.

El otro retaba y despreciaba, éste reconocía y aceptaba. Parece como si en esas palabras tan breves de Lucas se reflejara la humanidad entera y las dos formas de ver a Jesús.

Ambos malhechores lo ven. Jesucristo está entre ellos. Uno reclama, pide con insolencia, duda, le invade la soberbia. El otro se humilla ante Jesús, se conmueve ante el sufrimiento, reconoce sus propias faltas y le dice. “Señor, cuando llegues a tu reino, acuérdate de mí”.

Es quizá la más breve de todas las oraciones posibles y la más sencilla. En esas palabras reconoce a Jesús como ese rey y se limita a solicitar que Jesús le recuerde.

A continuación Jesús habla. Le responde al buen ladrón, “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Son las más bellas palabras que puede oír ser humano.

Y las oyó ése que reconoció a Jesucristo, ante quien se humilló y conmovió, pidiendo tan solo que le recordara en su reino. La recompensa fue infinita y está muy asociada con las lecturas de los dos domingos pasados, que hablan de la resurrección y de la vida eterna.

Es imposible tener un pasaje más claro que éste para ver lo que nuestras vidas producen en esta tierra. Si nuestra vida contiene ese reconocimiento de Jesús, ella nos llevará a la vida eterna.

• La carta de San Pablo a los colosenses (1, 12-20) tiene la enorme virtud de sistematizar nuestro conocimiento de Jesucristo como rey y guía de nuestra vida. El Padre nos libera de las tinieblas “y nos ha trasladado al Reino de su Hijo amado, por cuya sangre recibimos la redención, esto es, el perdón de los pecados”.

Es irresistible la comparación con el buen ladrón, quien recibe el paraíso; quizá el primer hombre salvado y es un pecador confeso.

Continúa San Pablo diciendo, “Cristo es la imagen de Dios invisible, el primogénito de toda la creación, porque en él tienen fundamento todas las cosas creadas… Todo fue creado por medio de él y para él”.

¿Cómo podríamos llamar a Cristo en nuestro idioma diario si es él todo eso sino rey? Pero la palabra rey en su uso diario no le hace justicia a Cristo, pues “Él existe antes que todas las cosas… Él es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que sea el primero en todo”

Las ideas dentro de esas palabras sin duda evocan nociones de majestad, de magnificencia, de esplendidez, todo en término infinito. Dice Pablo “Porque Dios quiso que en Cristo habitara toda plenitud y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas, del cielo y de la tierra, y darles paz por medio de su sangre derramada en la cruz.”

Las palabras de San Pablo ponen frente a nosotros la realeza infinita de Jesús. ¿Cómo describirlo en nuestro idioma sino como un rey de infinita plenitud, como un rey del universo? Y cómo actuar ante él, sino siguiendo el ejemplo del segundo malhechor.

Le reconoce como Dios, expresa temor ante él, se compadece de su sacrificio, que no merece, y le pide recordarle al llegar Jesús a su reino.

La conducta de este buen ladrón es una gran fuente de inspiración para nuestra conducta diaria. Y todo puede resumirse en un solo acto por parte nuestra, el de reconocerle como Dios. De allí se desprende todo porque Jesús será entonces nuestra luz, el guía que nos conduce, el rey que nos lleva a su reino.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

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SALMO 138

Tú has creado mis entrañas,

me has tejido en el seno materno.

Te doy gracias,

porque me has escogido portentosamente,

porque son admirables tus obras;

conocías hasta el fondo de mi alma,

no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,

y entretejiendo en lo profundo de la tierra,

tus ojos veían mis acciones,

se escribían todas en tu libro;

calculados estaban mis días

antes que llegase el primero.





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