Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Apuesta Obligatoria
Selección de ContraPeso.info
1 diciembre 2010
Sección: RELIGION, Sección: AmaYi
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El tema de este resumen es la célebre apuesta de Pascal, la más famosa de sus ideas. La apuesta sobre la existencia de Dios y las consecuencias que de ella se derivan. No es, desde luego, una prueba de la existencia de Dios, sino un razonamiento muy importante para personas a quienes interesa el tema. Quienes no tienen interés en él, ya han tomado una decisión de las dos posibles.

La idea reportada fue encontrada en Kreeft, Peter, Pascal, Blaise (1993). CHRISTIANITY FOR MODERN PAGANS : PASCAL’S PENSÉES EDITED, OUTLINED, AND EXPLAINED. San Francisco. Ignatius Press. 0898704529, p.291 y ss. Kreeft hace en esa obra una selección de los pensamientos de Pascal a los que añade reflexiones suyas.

La idea es necesaria de examinar en la serie AmaYi® porque ella implica el uso de la libertad, las decisiones personales y la aceptación de las consecuencias de las acciones individuales. Tener vida coloca a las personas en una posición en la que es imposible renunciar a ejercer la libertad y Pascal lleva esa posición a su extremo lógico, en el que las consecuencias de las decisiones pueden ser infinitas.

La apuesta esta bien resumida en uno de los pensamientos del autor: dice que uno debe estar muy temeroso de equivocarse y encontrar que el cristianismo es en realidad verdadero. Más temeroso que del error opuesto, creer que es verdadero y encontrar que es falso.

Esta es una especie de resumen de otros de sus pensamientos en el que amplía la idea.

Es importante señalar que Pascal no está hablando de Dios en un sentido general ni de creencias en varias religiones, sino del cristianismo. Su marco es evangélico, por ejemplo:

“El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios” (san Juan 3, 18).

Sobre esta base, el pensamiento de Pascal inicia con una consideración central entre lo finito y lo infinito: lo finito frente a lo infinito se convierte en nada y eso sucede con nuestra razón. Sabemos de la existencia de lo infinito, por ejemplo, los números son infinitos.

Hay un número infinito pero lo desconocemos. No sabemos si es par o non.

Es decir, podemos saber que Dios existe pero no conocerlo. Está infinitamente fuera de nuestra comprensión. Por eso no puede culparse a los cristianos de su incapacidad para explicarlo totalmente a las luces de la razón humana.

Es posible saber que Dios existe, aunque sea imposible saber qué es. Esto lleva a Pascal a plantear directamente el problema y la apuesta.

Sólo existen dos posibilidades: Dios existe, o Dios no existe. No es algo que pueda examinarse racionalmente a entera satisfacción dada la distancia que existe entre nosotros, lo finito, y Dios que es infinito.

Al final de esa distancia infinita, propone el autor, se arroja una moneda y al caer en ella se verá cara o cruz. ¿Qué apuesta hacer? La razón no ayuda a decidir, ni a probar que una de esas dos posibilidades es errónea.

No es para condenar a quienes han seleccionado una opción entre ambas ya que no puede probarse que están equivocados. Unos habrán decidido una de las dos alternativas, los otros la otra.

Por supuesto, habrá quienes critiquen a quienes han tomado una decisión diciendo que existe otra posibilidad, la de no participar en el juego de la apuesta; dirán que es mejor no apostar diciendo que la moneda caerá de cara o de cruz.

Pero Pascal argumenta que no hay escapatoria, se debe apostar y sólo hay dos posibilidades. ¿Cuál escoger?

Quizá puede verse que el equivalente de no apostar es el de creer que Dios no existe: el ateo es igual al agnóstico al final. Lo que el autor señala es claro, una no-decisión es en última instancia una decisión, una apuesta a una de las dos posibilidades.

Estar vivo significa estar imposibilitado de renunciar a hacer la apuesta.

Inmediato, Pascal señala que existen dos cosas que perder, la verdad y el bien. Y dos cosas que soportar, la razón y la voluntad, el conocimiento y la felicidad. Más dos cosas que deben evitarse, el error y la desgracia.

Ya que no hay otra posibilidad que aceptar la apuesta, la razón no sufre afrenta por seleccionar una de las dos alternativas.

Con este punto aclarado, debe examinarse la felicidad y determinar el monto de la apuesta: lo que se puede perder o se puede ganar. Si Dios existe y se apuesta a eso, se gana todo; si Dios no existe, se pierde nada. La apuesta es obvia: debe apostarse a que Dios existe.

Eso es lo que haría un ser racional. La apuesta establece que las probabilidades son iguales de ganar o perder, pero el monto a ganar es infinito. Si se ganara tan sólo una vida más, convendría hacer la apuesta; con más razón si se ganaran dos o tres vidas más.

Pero en realidad, lo que se apuesta es a una vida eterna de felicidad o infelicidad. El monto de la apuesta es finito, en relación a una ganancia infinita. Ninguna mente racional rehusaría aceptarla.

No hay espacio para la duda: es una apuesta sin escapatoria y sería irracional valorar la vida finita en vez de arriesgarla por una ganancia infinita. El monto arriesgado es finito en un juego de iguales probabilidades de dos alternativas, con una de ellas dando ganancias infinitas.

La apuesta podría ser criticada mencionando que el interés del apostador es negativo, que realiza la apuesta no por amor a Dios sino por el miedo a una vida eterna de infelicidad. Esta crítica ha sido respondida mencionando que ese miedo es un primer paso que lleva posteriormente al amor a Dios.

Kreeft agrega que la misma apuesta puede justificarse señalando que ella está primariamente motivada por el amor a Dios, sin que ella se altere.

Lo que Pascal ha explicado ha sido examinado con el establecimiento de cuatro posibles sucesos es lo siguiente y se debe a que no existe una manera en la que humanamente puede resolverse de una vez por todas el asunto. Si se tuviera esa certeza, la apuesta no se realizaría.

• Dios sí existe y yo sí creo en él: ganancia infinita.

• Dios sí existe y yo no creo en él: pérdida infinita.

• Dios no existe y yo sí creo en él: pérdida nula.

• Dios no existe y yo no creo en él: pérdida nula.

Ahora puede decirse que sí, que la razón señala la conveniencia irrefutable para realizar la apuesta a que Dios existe.

Pero entonces puede preguntarse si existe forma de conocer más, de saber de las cartas con las que se está haciendo la apuesta, algo que añada información a la decisión por tomar. Pascal dice que sí existe ese conocimiento.

La información adicional está en las Escrituras aunque ellas no puedan dilucidar racionalmente el asunto de manera absoluta.

Pero puede alegarse aún más. otra cosa. Puede decirse que la persona tiene las manos atadas, que se ve forzada a apostar, que no es libre, que se le fuerza a aceptar lo que ella no cree.

Es el alegato del que desea no tomar la apuesta argumentando que se ve forzado a hacerla sin quererlo.

Pascal responde que eso es cierto y que si sucede, entonces hay que reconocer que eso se debe a las pasiones humanas: la razón señala que debe creerse, incluso por conveniencia propia y que si no se acepta lo que la razón dice es por la ceguera de las propias pasiones.

Lo que hay que hacer por tanto, no es encontrar pruebas racionales de la existencia de Dios tanto como reducir lo que impide hacer lo que la razón indica. Pascal contrasta la posición racional de aceptar la apuesta y creer en Dios en oposición al sentimiento irracional de rechazarla; y señala que si eso sucede es porque los sentimientos se oponen.

Lógicamente, por tanto, lo aconsejable es alejarse de los sentimientos y acercarse a la razón.

Si se hace caso a la razón y se busca retirar la incredulidad que producen sentimientos y pasiones, entonces es necesario aprender lo que han hecho otros en la misma posición y que han ya aceptado la apuesta racional.

La solución de Pascal es práctica y directa: se comportan ellos como si creyeran, realizando las mismas acciones que haría el creyente. Con esa conducta, la voluntad poco a poco nos hará creer naturalmente. Y si de eso se tiene miedo, Pascal, afirma lo lógico, no hay nada qué perder.

Actuando de tal forma, como si se creyera, no vendrán males, al contrario. La persona será fiel, honesta, humilde, agradecida, llena de buenas obras, un buen y sincero amigo; y se renunciará a las pasiones, los placeres que ciegan, la gloria.

El punto de Pascal es que incluso en esta vida se gana, que cada paso dado en esa dirección reforzará la creencia en la certeza de la decisión tomada, la apuesta en algo cierto por lo que nada se ha pagado.

Lo admirable de esta idea es su sentido racional y práctico, sin elucubraciones teológicas. Conociendo el monto arriesgado en la apuesta, una cantidad finita contra otra cantidad infinita, la decisión racional es obvia.

Cualquier jugador en un casino la aceptaría gustoso y sin pensarlo dos veces.

La posibilidad de ignorar la apuesta es imposible. Llegará un momento inevitable de hacerla. Y si acaso la persona duda entre hacerle caso a su racionalidad o no, Pascal dice sin dudas que debe un comportarse como ser racional.

Si las dudas se mantienen, eso se debe a que se ha asignado más valor a los sentimientos, pasiones y prejuicios personales que a la razón misma. Esta situación tiene un remedio, actuar como si se creyera.

Nota del Editor

Hay más material sobre el tema en ContraPeso.info: Dios, donde quizá sea de interés Libertad y Maldad.

El tema fue ya tratado en esta página, en La Apuesta de Dios.

La columna también ha sido clasificada dentro de la categoría ContraPeso.info: Razonamiento. En ésta se incluyen temas que implican el uso de la razón, como por ejemplo Trampas Mentales.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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