poder embrutece

La crítica política de los viajes de Gulliver. No realmente una serie de cuentos para niños, sino una crítica mordaz de la sociedad de su tiempo y del nuestro también.

El tema de este resumen es una de las facetas de la obra más conocida de J. Swift. Los viajes del protagonista permiten al autor relatar una serie de aventuras en tierras extrañas y entre personajes llamativos.

La crítica política, en los viajes de Gulliver, contiene elementos que la hacen aplicable a nuestros tiempos y nuestros gobiernos.

Esta idea fue encontrada en Swift, Jonathan, Obras Selectas. Madrid. Espasa Calpe. Dentro de la edición se encuentran los viajes de Gulliver, que tuvieron el título original de Travels into several Remote Nations of the World. In four parts. By Lemuel Gulliver, first a surgeon and then a captain of several ships.

Lo siguiente considera partes de los primeros tres viajes, de los cuatro emprendidos. Los fragmentos seleccionados aquí tienen un común denominador que será sencillo descubrir.

Primera aventura una guerra sin sentido

En la primera aventura, se narra el viaje a Liliput, la tierra de las pequeñas personas en la que Gulliver es un gigante. Una buena muestra de que los viajes de Gulliver contienen una dosis de crítica política y social.

En una de las partes se narra el conflicto que existe entre dos naciones de esas partes del mundo.

«… en nuestra historia [de Liliput], que abarca un período de seis mil lunas, no hay mención alguna de otras regiones que los dos grandes imperios de Liliput y Blefuscu. Estas dos grandes potencias llevan treinta y seis lunas… librando una guerra encarnizada…»

Inmediatamente el protagonista da la explicación de la guerra entre esas dos naciones.

«Es cosa admitida que el procedimiento original de cascar un huevo antes de comerlo es por el extremo ancho. Pero el abuelo de nuestro actual Soberano [en Liliput], cuando era mozo, al ir a comer un huevo abierto según la vieja usanza se cortó un dedo. Inmediatamente el emperador, su padre, ordenó a sus súbditos, mediante un edicto, que, so pena de severos castigos, sólo abrieran los huevos por el extremo más estrecho».

Ante la orden del rey, las personas reaccionan y es ya muy notorio el sarcasmo del autor.

«El pueblo se sintió tan agraviado por esta ley que… se han producido ya seis levantamientos a causa de ella. En éstos un emperador perdió la vida y otro la Corona. Estas agitaciones internas las han fomentado constantemente los monarcas de Blefuscu… Se calcula que en distintas ocasiones unas once mil personas han preferido la muerte antes que someterse al mandato de romper los huevos por el lado estrecho».

Y también hay otras consecuencias, las que aunque se refieren a conflictos religiosos de su época, tienen el mérito de evocar discusiones actuales.

«Muchos centenares de gruesos volúmenes se han publicado sobre esta porfía. Pero los libros de los partidarios del lado ancho llevan mucho tiempo prohibidos y todos los miembros de ese partido están privados, por ley, del derecho a desempeñar cargos… los emperadores de Blefuscu protestaron a menudo, a través de sus embajadores, acusándonos de cismáticos en religión, porque infringíamos una doctrina fundamental de[l] gran profeta Lustrog, contenida en el capítulo cincuenta y cuatro del Brundrecal (que es el Corán de ellos). Pero parece ser que se trata de un texto tergiversado pues las palabras son éstas: que todos los verdaderos creyentes cascarán los huevos por el lado conveniente».

Entonces, Gulliver expresa sus opiniones sobre tal conflicto.

«Cuál sea el lado conveniente es cosa que, en mi modesta opinión, parece dejarse al arbitrio de cada conciencia individual o, al menos, al poder decisorio del Supremo Magistrado… [se han] perdido cuarenta navíos de línea y un número mucho mayor de barcos menores, así como treinta mil de nuestros mejores marineros y soldados, aunque los daños sufridos por el enemigo se calcula que son algo más cuantiosos que los nuestros…»

La situación, dentro de la gracia con la que es expuesta, tiene un trasfondo político que es fácil de traer al presente, con casos de conflictos que tienen un fundamento tan fuerte como el correcto cascar de huevos.

Dejo al lector la aplicación que él crea conveniente de este conflicto a situaciones actuales. Y sólo me atrevo a señalar que con esto espero demostrar que Swift, en los viajes de Gulliver, ofrece una crítica política aplicable a todos los tiempos.

Segunda aventura, gobiernos criticados

En la segunda aventura se narra el viaje a otra tierra, Brobdingnag, que es la tierra de los gigantes y en la que Gulliver es visto como del tamaño de un insecto grande.

Como parte de la aventura, el protagonista llega al palacio del rey, sostiene conversaciones con él y le narra la historia reciente se su patria.

«El rey quedó estupefacto cuando le di cuenta de nuestras vicisitudes históricas en el último siglo, declarando que no era más que una sarta de intrigas, rebeliones, asesinatos, matanzas, revoluciones y deportaciones, que son las peores secuelas a que pueden dar lugar la avaricia, la discordia, la hipocresía, la perfidia, la crueldad, la rabia, la locura, el odio, la envidia, la concupiscencia, la malevolencia y la codicia».

El rey de Brobdingnag, conoce la historia de la patria de Gulliver, y merced a ese conocimiento que el protagonista se ha empeñado en hacerlo aparecer bajo la mejor luz posible.

Ese conocimiento permite al monarca tener más opiniones sobre esas tierras que él desconocía hasta ahora.

«… Su Majestad pasó sus apuros al intentar resumir lo más esencial de lo referido por mí… tomándome en sus manos y dándome unos toques con suavidad, se expresó en estas palabras…: “Mi pequeño amigo Glildrig [el nombre de Gulliver en esas tierras], has hecho un inmejorable panegírico de tu patria. Has demostrado palmariamente que los verdaderos requisitos para ser legislador son la ignorancia, la holganza y el vicio. Quienes explican, interpretan y aplican mejor las leyes son aquellos que tienen interés y competencia en tergiversarlas, confundirlas y eludirlas… no puedo menos de llegar a la conclusión de que la gran mayoría de tus compatriotas constituyen la especie más perniciosa de repugnantes alimañas que la naturaleza ha permitido arrastrarse sobre la faz de la tierra”».

En otra ocasión, después de que Gulliver ofrece ayudar al rey en la construcción de armas de fuego, el rey reacciona.

«Quedó el rey horrorizado ante la descripción que había hecho yo de aquellas terribles máquinas y del proyecto que le proponía. Le dejaba pasmado ver cómo un insecto tan débil y rastrero como yo (ésa fue su expresión) podía albergar ideas tan despiadadas y exponerlas con tal familiaridad, como si pareciese insensible a todas las escenas de sangre y desolación descritas como efectos normales de aquellos destructores ingenios, cuyo primer inventor tenía que ser algún genio del mal, enemigo del género humano… prefería perder la mitad de su Reino antes que compartir aquel secreto que, si yo tenía en algo la vida, me prohibía volver a mencionar».

En las conversaciones, surgen otros temas ante los que el rey reacciona.

«… al decirle yo que disponíamos de varios miles de libros escritos sobre el arte de gobernar, esto le hizo concebir, contra lo que yo esperaba, una idea muy pobre de nuestro buen juicio. Declaró que tanto aborrecía como despreciaba toda clase de misterios, sutilezas e intrigas lo mismo en príncipes que en ministros. No era capaz de entender qué quería decir yo al hablar de secretos de Estado, excepto cuando se referían a un enemigo o alguna potencia rival».

El monarca, entonces expresa su opinión sobre el acto de gobernar. Un párrafo imperdible por su sencillez. Otra buena muestra de la crítica política que existe abiertamente de los viajes de Gulliver.

«Reducía este rey el arte de gobernar a los límites muy estrechos del sentido común y la razón, de justicia y clemencia, y a la pronta resolución de causas civiles y penales… en su personal opinión pensaba que aquel que pudiera hacer crecer dos espigas o dos briznas de hierba en una superficie donde antes sólo crecía una, merecía más gratitud del género humano y prestaba un servicio más esencial a su patria que toda la casta de políticos reunida».

La nueva aventura no deja de poder también tener un trasfondo político y buena dosis de crítica, especialmente en eso de entender a la acción del gobernante como algo de sentido común.

Eso que admite como principio lo de que «aquel que pudiera hacer crecer dos espigas o dos briznas de hierba en una superficie donde antes sólo crecía una, merecía más gratitud del género humano y prestaba un servicio más esencial a su patria que toda la casta de políticos reunida».

Tercera aventura, cuando el gobierno actúa

En la tercera de las aventuras, se narran los viajes a Lapuda, Balnibarbi, Glubbdubdrib, Luggnagg y Japón.

Las leyes

En una de las aventuras que allí tiene se presenta la oportunidad de hablar de las leyes de uno de esos países, las que deben ajustarse a ciertos principios.

«Ninguna ley del país puede exceder en palabras el número de letras de su alfabeto, que consta sólo de veintidós… pocas leyes alcanzan siquiera esa extensión. Están redactadas en la prosa más llana y sencilla… Y se castiga con la pena de muerte el escribir comentarios sobre cualquier ley».

Buenas intenciones del gobierno

Otra ocasión le sirve para otra observación. Habla ahora de las personas que se han preparado para la realización de proyectos novedosos que mejorarían los métodos actuales.

«Para lograr el cambio obtuvieron una patente real que les permitía erigir en Lagado una Academia de Proyectistas… no existe una sola población de importancia en el reino donde falte una academia así. En estas escuelas los profesores idean nuevos métodos… para todos los oficios y manufacturas, mediante los cuales, según se proponen, un hombre puede hacer el trabajo de diez y se puede construir un palacio en una semana con materiales tan resistentes que pueden durar eternamente sin reparaciones. De acuerdo con los mismos planes, todos los frutos de la tierra habrán de madurar en la estación que se nos antoje, multiplicándose por cien sobre los recolectados ahora. Hay otros proyectos, innumerables, tan beneficiosos como éstos».

Buenas intenciones, malos resiltados

La crítica política de los viajes de Gulliver no puede ser más clara que en este tema. .

Los proyectos de tal academia no están exentos de errores, como él mismo ha constatado en su viaje, dentro de una ciudad que ha forzado la implantación de esos proyectos y se encuentra en declive.

«El único inconveniente es que hasta la fecha ninguno de estos proyectos es todavía perfecto y, entretanto, todo el campo está yermo, las casas en ruina y el pueblo sin ropa ni alimento. Pero todo ello, en vez de desanimarlos, les hace empecinarse mucho más en la continuación de sus planes…»

Gulliver habla con Munodi, uno de los habitantes del lugar y que le ha recibido en su casa.

«El señor de Munodi, por su parte, que no tenía espíritu emprendedor, seguía contento, apegado a las viejas costumbres… Otras personas de calidad y linaje habían hecho lo mismo que él, pero eran objeto de desprecio y malevolencia y considerados enemigos del arte, ignorantes y malos ciudadanos que preferían la propia comodidad y la pereza al progreso general de su patria».

El mismo Munodi cuenta de uno de esos proyectos, realizado en sus propiedades.

«[Munodi] quiso que fuera a contemplar un edificio en ruinas… y sobre el cual me explicó que, habiendo poseído un molino construido convenientemente… cubría las necesidades de su propia familia y numerosos arrendatarios suyos [cuando] se presentó a él hacía unos siete años una comisión de estos planificadores con propuestas para demolerlo y construir otro… se sometió al proyecto, y después de tener empleados cien hombres durante dos años vio malograda la obra y cómo los planificadores la abandonaban, echándole a él toda la culpa, y vilipendiándolo desde entonces, al tiempo que seguían sometiendo a otros a experimentos iguales, con las mismas seguridades de éxito, pero también con idéntico y decepcionante resultado».

Los proyectos concretos

La narración continúa con su visita a la academia donde se crean los proyectos y hace una exposición sobre algunos de ellos. La primera persona que conoce es un hombre demacrado y sucio, con la cabellera desarreglada y quemada.

«Llevaba ya ocho años en el empeño de extraer rayos de sol de los pepinos, que luego quedaban herméticamente cerrados dentro de ampollas para que calentaran el aire cuando los veranos fueran crudos e inclementes… estaba seguro de que con ocho años más sería capaz de procurar a los jardines del Gobernador rayos de sol a coste módico, pero se quejaba de que el producto obtenido era exiguo y me rogó que le diera algo a manera de incentivo a su ingenio… Le hice un pequeño regalo, pues [Munodi] me había provisto de fondos para el caso, conociendo la costumbre que tenían de mendigar de quien acudía a visitarlos».

El siguiente proyecto que conoce Gulliver es uno que se realiza en una habitación con un olor insoportable que le produce gran asco, pero del que no puede salir porque los expertos se hubieran sentido ofendidos.

El principal proyectista es el más viejo de la institución. Su cara es amarillenta y toda su vestimenta está sucia.

«Cuando me presentaron a él, me dio un fuerte abrazo, gesto al que yo hubiera renunciado gustoso. Desde que se incorporó a la Academia su ocupación había consistido en restituir los excrementos humanos al estado primitivo de alimentos, separando sus componentes diversos, quitándoles el pigmento que reciben de la bilis, eliminando el olor y retirando las partes viscosas. Para esta empresa recibía un cupo semanal de deyecciones humanas que llenaban un recipiente del tamaño de una barrica…»

Gulliver es testigo de otros proyectos que enfatizan la crítica política en los sucesos durante sus viajes.

«… vi a otro trabajando en la calcinación del hielo para convertirlo en pólvora… un ingenioso arquitecto que había concebido un nuevo procedimiento de construir casas empezando por el tejado para acabarlas en los cimientos… Un ciego de nacimiento tenía vanos aprendices con el mismo defecto. Su ocupación era la de mezclar colores para pintores; el maestro les enseñaba a distinguirlos por el tacto y el olfato».

«… un procedimiento de labrar la tierra por medio de puercos, para ahorrar así el coste de arados, yuntas y jornales. Consiste este método en enterrar… cierta cantidad de bellotas, dátiles, castañas y otros piensos preferidos por estos animales… Luego se lleva allí una piara de seiscientos cerdos que hozando por todo el terreno en busca de comida lo dejarán en unos días listo para la sembradura y bien estercolado… puesto en práctica este método, resultó que el coste y la molestia eran muy grandes y además la cosecha escasa o nula».

«… un gran médico famoso porque curaba [el malestar de estómago]… Disponía de un gran fuelle dotado de una delgada cánula de marfil que introducía por el ano unas ocho pulgadas. Afirmaba que sacando el aire podía dejar las tripas tan limpias como una vejiga desecada… pude ver cómo aplicaba los dos experimentos en un perro, pero no logré descubrir ningún efecto… el animal llegó al extremo de reventar y su descarga fue tan violenta que mis acompañantes y yo quedamos asqueados. El perro murió en el acto y nosotros dejamos al médico tratando de resucitarlo por el mismo procedimiento».

De nuevo, otra oportunidad de crítica política sobre leyes y proyectos alocados que Gulliver encuentra en sus viajes. La exageración y los temas escatológicos dan gracia a lo que en su fondo es crítico de esa época, pero sin duda de todas. Insisto en el punto de recomendar la compra de la edición que he usado para este resumen.

En resumen

Swift, en los viajes de Gulliver, ofrece un contenido de crítica política despiadada. Recuerda, en parte, la idea de que el poder embrutece y las leyes de la idiotez.

[La columna fue actualizada en 2019-06]