Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Posibilidad de Errar
Eduardo García Gaspar
15 octubre 2010
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las palabras salieron de la boca de un personaje curioso. Dijo, más o menos, que las personas compran no lo que necesitan sino lo que otros quieren que compren, que los gobiernos debían prohibir el consumo de ciertos productos.

Acusó a la sociedad de ser consumista y materialista, a los productores de ser codiciosos, a los gobiernos de desatender las reales necesidades de la sociedad…

Al final de la conversación, yo pensé que se iba a tirar del décimo piso inmolándose en un sacrificio por la sociedad.

Total, los clisés de moda y que presentan tentaciones irresistibles de examen. Seamos lógicos.

¿Compramos lo que queremos y no lo que necesitamos? No, necesariamente nuestras compras coinciden siempre con lo que necesitamos. De otra manera no las haríamos. Esto hace las cosas interesantes.

Si alguien dice que compramos lo que no necesitamos, como lo dijo esa persona, es que se piensa que lo que compramos no coincide con lo que ella piensa que necesitamos. Coincide con lo que nosotros creemos, pero no con lo que ella cree. Y, por necesidad lógica, el mundo ideal para ella es uno en el que el gobierno nos diga qué comprar, y nos quite la libertad de decidir por nosotros mismos.

La utopía de esa persona es ése mundo en el que ella ordene qué se fabrica y a quién se le da lo que realmente se necesita. Este es, por cierto, uno de los sustentos del socialismo: una serie de personas que creen saber mejor que usted lo que a usted le conviene. Sin embargo, hay en esa queja del personaje un elemento valioso.

En un mercado libre, tanto para vendedores como para compradores, se tiene un proceso de asignación de recursos para producir bienes y servicios que el comprador desea. Así hay un mercado de música clásica, por ejemplo. Otro de cerveza. Otros de automóviles, casas, maquillaje y muchos más.

Entre esos mercados, hay algunos cuestionables, como el de la prostitución, el que tiene oferentes y demandantes. Hay otros mercados de pornografía, de artículos pirata, de bienes robados. Todos estos son sin duda reprobables, pero funcionan exactamente igual que mercados de otros bienes, como el de libros. La conclusión de esto es fascinante.

Los mercados libres no son morales ni inmorales, son simples mecanismos o procesos de intercambios voluntarios de bienes y servicios. Tienen sus leyes y principios que operan sin consideración de lo bueno o de lo malo. En otras palabras, un mercado libre no puede ser inmoral en sí mismo (tampoco moral).

Lo bueno y lo malo que sucede en un mercado lo tenemos nosotros y está en nuestras decisiones. Podemos criticar con buena base la cirugía estética de senos como innecesaria. Podemos reprobar el mercado de cintas pornográficas. Pero no es el mercado el inmoral. La moralidad está dentro de nosotros (y la inmoralidad también).

Por eso lo dicho por ese personaje no tienen sentido. No puede criticarse a un mercado libre porque la gente compra lo que quiere y no lo que no necesita, remediándolo con alguien que tome las decisiones en lugar de la persona. Lo que sí puede criticarse es la moralidad de las decisiones libres de las personas, que es otra cosa muy distinta.

Todo esto es lo que está detrás de muchas decisiones de gobierno, especialmente las prohibiciones: la de bebidas alcohólicas, la de drogas, como también los altos impuestos al tabaco y más recientemente las medidas contra alimentos chatarra. Son casos claros de suplantación de decisiones: ya no se es libre de decidir la compra de ciertas cosas.

Y, cuando uno ya no es libre, tampoco puede uno ser moral ni inmoral. La responsabilidad de la decisión ha sido retirada y se nos ha quitado una parte de lo humano que tenemos. El gobierno es quien nos ha retirado la posibilidad de hacer cosas buenas o malas (nos cree incapaces de hacerlo correctamente).

Hay razones fuertes para preferir los mercados libres con mínima intervención estatal, ellos producen más prosperidad y mejor vida para todos. Pero yo prefiero defender a los mercados libres por otra razón más abstracta: ellos respetan nuestra naturaleza humana y hacen posible vivirla con toda intensidad, manifestada en cosas tan triviales en apariencia como el no usar el cinturón de seguridad o el poder fumar en el restaurante de mi propiedad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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