Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Prueba del Póquer
Eduardo García Gaspar
27 septiembre 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todo comenzó con una persona que recordó a Bill Clinton y su affair con Mónica Lewinsky. Lo que la persona dijo fue directo: los asuntos personales de los gobernantes no nos atañen y sus infidelidades conyugales son intrascendentes para su gobierno.

Dijo también que es injusto que por tener una amante, un político en campaña se vea obligado a renunciar. Usó ejemplos de gobernantes alegres, en el sentido de conocérseles affairs extra matrimoniales, en México y en Francia.

Total, su conclusión era sencilla: quien pone atención en las infidelidades matrimoniales de los gobernantes es un mojigato fundamentalista. No debe anularse la carrera de un gobernante por causa de tener una amante, como sucede en los EEUU.

Creo que bien merece una segunda opinión el tema. Resulta un buen ejercicio mental que evita caer en opiniones como la anterior, poco pensadas.

Comencemos por el principio, reconociendo que hay efectivamente culturas más permisivas que otras. Hay culturas en las que un gobernante con una o más amantes es algo que no tiene consecuencia y las hay en las que una infidelidad es causa de un escándalo suficiente como para arruinar una carrera política.

¿Cuál de esas posturas es la que mejores resultados da? Me refiero a cuál de esas dos posturas produce políticos de mejor desempeño y, por tanto, de mejores efectos en la vida de los ciudadanos. Quien no le importa que el gobernante engañe a su cónyuge, hace una distinción: un gobernante puede ser virtuoso en su vida pública pero no serlo en su vida privada.

Pero quien sí importa la infidelidad matrimonial no hace esa diferenciación. Esta persona razona diciendo que el que engaña a su cónyuge probablemente engañará también a otros en otras ocasiones, como a los ciudadanos. En este caso la virtud, o como quiera usted llamarle, se ve integralmente. No hace distinción entre vida privada y vida pública.

No sé usted qué piense, pero esta posición suena mucho más razonable que la otra. Un hombre que miente en privado sentirá menos remordimiento al mentir en público, pero alguien que no miente en privado tenderá a mentir menos en público. Por tanto, suena lógico que produzca mejores gobernantes el temor de que su carrera política sea destruida si se averigua que tienen affairs.

Esta no es una consideración moral propiamente, sino una utilitaria y nada más. Y, en esto, la postura de quien ve a la virtud como algo integral me parece superior porque tendería a producir gobernantes en promedio más virtuosos, o menos viciosos, como usted lo quiera ver.

Lo fascinante es que el tema no queda allí. Lo anterior demuestra que es mejor tener gobernantes fieles en su matrimonio que políticos consistentemente infieles, pero eso no basta. Hay más, pues la posición del gobernante es una en la que se posee mucho poder y eso modifica las cosas.

Una posición gubernamental otorga poder superior al del resto de las personas. Puesto en términos morales, esto equivale a tentaciones mayores. Y las tentaciones mayores requieren mayor fortaleza moral para resistirlas. Esto es mero sentido común y apoya lo anterior: quien engaña a su mujer con una amante, es obvio, tiene una menor resistencia a las tentaciones.

¿Abusaría de su poder, se corrompería? Posiblemente con mayor facilidad que otro que guarde su fidelidad conyugal. La cosa empeora por otras razones. Las posiciones de gobierno, por sistema, tienen responsabilidades más fáciles de evadir y diluir en otros. Manejan presupuestos enormes y de estructura confusa. Permiten un lenguaje oscuro y sin precisiones.

Aún con los anteriores razonamientos, es posible que alguien no quede convencido de que es mejor la postura de castigar la carrera política de quien le es infiel a su mujer. Quizá siga pensando que es una postura conservadora, mojigata, lo que sea. Creo que hay una manera más personal de convencer a esa persona.

Imagine que juega póquer con un político y éste hace trampas. No pone las entradas, retira más fichas que las debidas y tiene cartas escondidas. Total, él gana buen dinero y esa persona lo pierde. Ahora se le pregunta su opinión sobre el político.

¿Votaría por él? ¿Creería efectivamente que no importa que haga trampas en su vida privada y que será muy honesto ejerciendo su puesto de gobierno?

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “La Prueba del Póquer”
  1. Contrapeso » Vida Privada, Hombres Públicos




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