Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Apuesta del Millón
Eduardo García Gaspar
28 abril 2010
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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Esta historia da inicio con el encuentro de dos personas. Supongamos un bar. Uno de ellos es un bromista irremediable, se llama Bromilio. El otro es un tipo como cualquier otro, se llama Inocencio.

Después de un par de cervezas, Bromilio, que se ha vuelto multimillonario, le propone a Inocencio darle un millón de dólares si se atreve a hacer en público una cosa realmente tonta e idiota, lo que sea. con tal que sea realmente estúpido. Inocencio, que necesita el dinero, acepta la propuesta y pide tiempo para pensar en algo realmente tonto, tanto como para ganar ese millón.

Acuerdan verse a la semana siguiente en el mismo bar y allí Inocencio hará lo prometido, lo que le haga realmente quedar en público como un tonto. Durante la semana, Inocencio se dedica a estudiar opciones: disfrazarse de legislador y proponer una ley que prohiba nombres feos para bebés, vestirse de Lady Gaga mientras canta El Rey, salir desnudo a la calle con un paraguas…

Después de pensarlo mucho, se decide por una de las opciones, la de disfrazarse de ladrón, entrar al bar y en lugar de robar a los parroquianos a punta de pistola, obligarles a aceptar dinero que él les dará a cada uno. Llega el día y Bromilio acude al bar unos minutos antes de la cita. Inocencio aparece poco después y realiza su acto. Disfrazado de ladrón de caricatura, con un antifaz, usa una pistola de agua para amenazar a los parroquianos: tomen el dinero que les ofrece o los moja con su arma.

Todos en el bar ríen hasta hartarse con lo hecho por Inocencio, el que se quita el disfraz y se sienta en la mesa con Bromilio, a quien mira con aire de triunfador: ha hecho algo realmente tonto. No sólo el disfraz es ridículo, sino que se ha comportado al revés de la lógica de un ladrón. Inocencio realmente pensó lo que debía hacer.

Bromilio lo mira su vez y le dice, “Felicidades, has hecho reír a todos aquí, pero no te puedo dar el premio porque no has hecho algo tonto, al contrario, has hecho algo muy inteligente”. Inocencio lo mira sin creer lo que ha dicho su amigo.

Tiene razón Bromilio, pues su amigo ha realizado un acto lógico que no tiene nada de tonto. Inocencio consideró varias posibilidades de actos posibles, seleccionó uno de ellos y se preparó con la ropa adecuada, teniendo un objetivo muy claro, el ganar ese millón de dólares. Hacer todo eso no puede considerarse tonto, al contrario. Fue algo muy inteligente.

Inocencio protesta, pero no tiene argumentos en contra, sabe que se ha comportado de manera racional y no tonta. Contrariado, acepta el veredicto y le dice a Bromilio, “Lo tonto realmente hubiera sido no aceptar la oferta del millón de dólares, pues al rechazarla estaría haciendo algo muy estúpido”.

La cuestión es si rechazar la oferta de hacer algo tonto por un millón de dólares es realmente algo tonto. Bromilio lo escuchó y respondió que tampoco eso era una conducta tonta, pues había sido pensada y razonada, seleccionando una conducta de varias posibles, para alcanzar un objetivo.

Y Bromilio rió a carcajadas, pues le había jugado otra broma a Inocencio. Era imposible comportarse tontamente para alcanzar esa meta de un millón de dólares. Toda conducta para llegar a una meta no puede ser tonta: implica seleccionar una acción, la más efectiva de todas para ganar la cantidad de dinero.

La historia es conocida como la paradoja de la oferta tonta y presenta una oportunidad de pensar en algunas cosas. Todos los humanos actuamos, hacemos cosas. Las hacemos por una causa sola: queremos algo. Queremos algo porque pensamos que eso nos conviene. Estaremos en una situación mejor después de hacerlo. Esto es irrefutable.

Cuando hacemos cosas consideramos dos elementos: (1) eso que queremos lograr, el millón de dólares para Inocencio y (2) lo que es necesario hacer para lograrlo, la conducta ridícula de Inocencio. Esos dos elementos nos permiten hacer evaluaciones sobre la conducta nuestra. Evaluaciones más precisas.

Es posible que la meta sea tonta, pero las acciones para alcanzarla sean las correctas. Y es posible que la meta sea razonable, pero las acciones para llegar a ella sean cuestionables. Pero también es posible que ambos elementos sean cuestionables, o bien correctos. Esta distinción entre los dos elementos es lo que quiero enfatizar.

Por ejemplo, tener como objetivo aumentar la prosperidad general de un país, es una meta correcta. No creo que haya nadie en su sano juicio que se oponga. Sin embargo, por separado deben evaluarse las acciones para lograr esa meta y que pueden ser las correctas o no.

Siendo capaces de diferenciar entre objetivos y medios de lograrlos, ayudará a entender el problema de la pobreza: buen objetivo combatirla, malos medios para hacerlo.

Post Scriptum

La paradoja de la oferta tonta la tomé de la obra de Cave, P. (2009). This Sentence Is False: An Introduction to Philosophical Paradoxes. Continuum.


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