Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Cantimplora Asesina
Eduardo García Gaspar
15 abril 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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La historia comienza con un romance tórrido. Uno de los personajes es Amoroso, un hombre comprometido con Cassandra, a la que ha prometido matrimonio. Sin embargo, en escena aparece otra mujer, Beatriz.

Amoroso, conoce a Beatriz y escondiéndose de Cassandra, también le promete matrimonio y fidelidad eterna. Por un tiempo, el hombre puede mantener sus amoríos ocultos hasta que un buen día, se descubren: ahora Cassandra sabe de la relación de su prometido con Beatriz y Beatriz lo de Cassandra. El amor de ambas por Amoroso se convierte en un odio absoluto.

Por una circunstancia fortuita, los tres están ahora en una expedición en medio del desierto, solos en un campamento. Las dos mujeres quieren asesinarlo, pero ignoran sus intenciones. Beatriz, en un descuido de Amoroso, agrega veneno a su cantimplora. Cassandra, en otro momento de descuido perfora la cantimplora de Amoroso.

Los tres se separan acordando verse cinco días después en el mismo sitio. Llegan a la cita las dos mujeres. Amoroso no llega, ha muerto de sed en ese tiempo. Se reporta la muerte a la policía y las investigaciones prueban lo que cada mujer ha hecho. Ahora viene lo interesante. Póngase usted enn el lugar del juez que debe estudiar el caso.

Cassandra niega haber cometido asesinato alguno. Si acaso ella hizo algo, fue salvarle la vida a Amoroso por medio de la perforación que evitó que él bebiera el veneno. Por su parte, Beatriz niega haber matado a Amoroso, pues el veneno que ella confiesa haber puesto en su cantimplora nunca fue bebido por Amoroso.

La historia está destinada a poner sobre la mesa un caso extremo que ayuda a ejercitar las neuronas.

¿Quién es la culpable de la muerte de Amoroso? El fiscal argumentará que ambas mujeres tuvieron la intención de asesinarlo y ejecutaron actos con ese propósito. De eso no hay duda. Pero el tema de cuál de las dos mujeres realmente lo hizo presenta problemas de interpretación.

Beatriz, la envenenadora, con toda verdad puede decir que el veneno nunca llegó a ser bebido y que en todo caso se le puede acusar de intentar un asesinato pero no de realizarlo. Por su parte, Cassandra reconoce que también tuvo la intención de matar, pero que por circunstancias presentadas, de hecho le salvó la vida al evitar que consumiera el veneno.

Si usted fuese el juez a cargo de dictar sentencia contra esas dos mujeres estaría en un buen aprieto y tendría que encontrar alguna solución razonable. Quizá una buena manera de comenzar sería considerar la intención de las mujeres y aceptar que ambas son culpables confesas de eso: han aceptado envenenar una y perforar la cantimplora la otra.

Hasta allí no hay problema. Pero queda por decidir el fallo de culpabilidad de asesinato cometido, ¿cuál de las dos debe ser acusada de la muerte?

Un posible criterio de solución es la secuencia de tiempo: ya que Amoroso murió de sed y no por envenenamiento, la culpable del asesinato es Cassandra la perforadora, y Beatriz sale libre de la acusación de envenenamiento.

Puede haber otro criterio que es el de lo irremediable de la situación de Amoroso: obviamente él decidió beber agua después del tiempo suficiente como para que la cantimplora se vaciara, pero podía haber decidido beber agua antes de ese tiempo y entonces haber muerto por envenenamiento.

Es un razonamiento interesante este último porque no hace depender la culpabilidad de una u otra de la conducta de Amoroso, la que no podía ser prevista. Sería injusto declarar culpable a Cassandra por el orden en el que hizo Amoroso las cosas y que no estaba bajo el control de ella. Igualmente sería injusto dejar libre a Beatriz por causa de una situación fortuita. Las dos, por tanto, son declaradas igualmente culpables.

Este tipo de historias son fascinantes porque ponen a pensar, lo que aparentemente se realiza en muchas partes, con excepción de las escuelas. Historias en las que lo más atractivo no es tanto la solución, que cualquiera podía dar, sino la argumentación para justificarla con solidez.

Y eso es lo que me lleva a la idea central que quiero enfatizar. Mucho me temo que esté en la naturaleza de nuestros tiempos el hábito de no justificar las decisiones. Me refiero al mostrar pruebas, evidencias y razones de que lo que uno afirma o hace, es razonable. Quizá sea que el arte de argumentar haya sido perdido en estos tiempos en los que la educación se ha convertido en una forma de adoctrinamiento de lo políticamente correcto.

Post Scriptum

La historia la tomé de la obra de Cave, P. (2009). This Sentence Is False: An Introduction to Philosophical Paradoxes. Continuum.


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