Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Codicia es Humana
Leonardo Girondella Mora
7 enero 2010
Sección: ETICA, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


Sus imágenes y recuerdos son de lo más memorable —inexactas pero perdurables. Las películas proveen esas imágenes y el simplismo, su contagio.

Una de ellas es la de un rol en el cine, el personaje Gordon Gekko, en la cinta Wall Street, quien dice eso de “Greed is good”, es decir, la codicia es buena.

¿Lo es? No lo creo —al contrario. Pero la codicia es un vicio que casi como un reflejo condicionado se asocia con el capitalismo.

De esto, no tienen tanta responsabilidad las imágenes del cine, como por ejemplo, la de Danny de Vito en Other People’s Money, pues también los mismos proponentes del capitalismo han defendido la codicia o alguna versión ligera de ella.

Una columna reciente de Jay W. Richards, Greed Is Not Good, and It’s Not Capitalism trató el tema, coincidiendo con lo anterior. Un ejemplo reciente de la ayuda que no se necesita, una columna de F. Zakaria, en Newsweek, titulada, The Capitalist Manifesto: Greed Is Good (To a point).

Los sucesos acumulados dan oportunidad a Richards para hablar de un mito, el de la codicia en el capitalismo —un mito curioso, que es usado por quienes ven en el capitalismo la condena del mundo, pero también por quienes lo consideran su salvación. Esto es lo que hace al tema uno excelente para explorar.

Si antes tenía que seleccionarse entre socialismo y capitalismo, el mito ha trasformado esa decisión —ahora es otra decisión también dual: capitalismo o moral/religión.

Richards sugiere que tal vez el origen de la contraposición entre capitalismo y moral haya sido originada por Adam Smith y su famosísima frase de que no es la benevolencia del carnicero lo que hace llegar alimento a la mesa de otra gente.

Si se exagera esa idea, podría llegarse a estirarla tanto que significara un halago del egoísmo —que fue lo que hizo Ayn Rand cuando hablo del egoísmo como una virtud.

El centro, tal vez del problema, es distinguir entre el interés mutuo propio en un intercambio voluntario y el beneficio de sólo una de las partes. Esto es lo que quiero explorar.

• Primero, el interés propio —una cualidad humana digna de ser bien considerada. Es la que manda a las personas a ser precavidas, por ejemplo, cuidando su salud, evitando abusos en el beber, ahorrando para el futuro, comprando los satisfactores que necesita. No es egoísmo, ni codicia.

• Segundo, ahora sí, egoísmo y codicia —vicios reprobables y que por esencia, causan daños propios y ajenos, por ejemplo, engañando a otros para obtener beneficios.

Con esos datos, ahora puede verse una acción que es clave en el capitalismo —los intercambios voluntarios de bienes. Ellos sólo pueden realizarse cuando las personas que los realizan piensan que después del intercambio su condición mejorará.

Es obvio que las personas tienen interés personal en mejorar, pero la acción realizada jamás implica un daño en la otra persona, al contrario.

Para el observador superficial, la apariencia de ese intercambio puede ser la de un acto egoísta si pone atención en una de las personas —es obvio que esa persona fue movida por su propio interés, pero si se ve también lo que sucede en la otra persona, se verá que también hubo interés propio.

Una curiosa situación ésta, en la que el interés propio de ambas personas se satisfizo sin daño mutuo, al contrario, con beneficio para ambos.

¿Hubo interés propio en ambas personas? Por supuesto —no puede negarse, pero sería una exageración llamar a esto codicia o egoísmo, cuando ambas personas salieron beneficiadas del intercambio. Y, si el acto es examinado sin prejuicios, podrá verse algo muy revelador: la persona que busque satisfacer su propio interés comprenderá que hacerlo requiere producir cosas que satisfagan el interés de otros.

Es decir, el propio interés se convierte en una fuerza que hace pensar en los demás —si el carnicero, o el panadero, quieren satisfacer sus propios intereses, lo podrán hacer bajo una condición, la de ayudar a otros a satisfacer los suyos. Quien a esto llama codicia, cometerá un serio error de evaluación.

Pero hay un elemento del que carece lo anterior —la definición de intereses personales. El panadero, se sabe, gana al ofrecer un buen pan a los demás. Con ello obtiene medios para satisfacer sus intereses, pero no hay datos para saber cuáles son esos intereses. Y esto es lo que da entrada a la posibilidad de egoísmo o codicia, no el intercambio en sí mismo.

Es esta consideración lo que me lleva al punto básico de mi columna —y que se sostiene en la afirmación doble:

(1) un intercambio voluntario típico del sistema capitalista no puede ser jamás una acción codiciosa o egoísta (a menos que se realice con engaños)

(2) los vicios del egoísmo y la codicia se padecen con independencia de los intercambios.

Esto que he afirmado tiene seria consecuencias, pues se concluye que el egoísmo y la codicia no son propios de un sistema económico en particular, sino que son propios de la conducta humana sin importar el sistema económico o político bajo el que se viva.

Es decir, la codicia y el egoísmo son vicios humanos capaces de sufrirse bajo todo sistema político y todo régimen económico.

Tanto pueden existir el egoísmo y la codicia dentro del socialismo, el totalitarismo, como en el capitalismo, el comunismo, la dictadura —esos vicios, como el resto de ellos, y también las virtudes, son una constante humana, no una característica de algún sistema.

Es, por tanto, un error afirmar que el capitalismo tiene como rasgo el egoísmo, pues dentro de un sistema opuesto, como el socialismo, el egoísmo se mantendrá pues es una constante humana, no un rasgo propio de un sólo sistema.

Si alguien piensa que, por ejemplo, implantando un régimen socialista podrá deshacerse del egoísmo y de la codicia, cometerá un error descomunal y sufrirá terribles desilusiones —ninguno de los vicios desaparecerán ya que son imperfecciones humanas, y no defectos del sistema económico.

Cualquier lector, con curiosidad por arriba del promedio, se hará una pregunta adicional y que es la lógica. ¿Es posible que algún sistema aminore o bien magnifique los vicios del egoísmo y la codicia? La pregunta está ampliamente justificada y su respuesta es lo que ahora exploro.

Al menos, como punto de partida se sabe que ningún sistema político puede ser calificado de egoísta o codicioso, puesto esos son rasgos humanos, no del sistema en sí —que es lo que permite ir al segundo paso, el de tener alguna idea sobre si uno de los sistemas es más o menos propenso a acrecentar el egoísmo y la codicia, o por el contrario a moderarlos hasta donde sea posible.

Es posible tener alguna indicación sobre la respuesta correcta si se examina la manera en la que el socialismo y el capitalismo tratan el problema del poder.

La hipótesis básica establecería un principio de solución: el sistema que más concentre el poder es que el menos frenos y más facilidades contiene para la realización de actos egoístas y codiciosos.

Dentro de un sistema económico, cualquiera que sea, en el que el poder carezca de menores contrapesos, ése será el sistema que más fomentará el egoísmo y la codicia. Con este principio basta sólo ver qué sistema contiene un arreglo social de más concentración de poder y ése será el menos efectivo para frenar acciones de codicia y egoísmo.

Es previsible que los defensores del socialismo y los del capitalismo, con eso en mente, iniciarán una discusión sin mucha esperanza de llegar a una conclusión —cada uno de ellos se esforzará en probar que su enemigo es el que más concentra el poder.

Lo que sigue intenta aliviar esa discusión sin frutos posibles —en esencia cada uno de los dos sistemas tiene una estructura de poder que es fácil de explicar:

• El capitalismo, en su campo exclusivamente económico, tiene como rasgos esenciales a la propiedad privada, la especialización del trabajo y la competencia entre productores independientes —es decir, un espectro de diversificación del poder económico.

• El socialismo, también en su campo económico, tiene rasgos que indican una menor diversificación del poder económico —puede ser, en su acepción ortodoxa, definido como la propiedad estatal de medios de producción; y en su versión más laxa, la intervención estatal en la economía, con políticas económicas que son dictadas por la autoridad política.

Con las anteriores definiciones y lo dicho antes es posible llegar a conclusiones razonables. La codicia y el egoísmo no son rasgos esenciales de ningún sistema económico —son en realidad vicios propios de la naturaleza humana, que no desaparecen con un cambio de sistema económico.

Si se trata de vicios humanos, todo lo que puede hacer un sistema económico es aminorar esos vicios —pero no desaparecerlos, lo que sería imposible.

El más apto de los sistemas económicos para tratar de encauzar o aminorar las consecuencias del egoísmo y la codicia es aquel que más diversifica el poder económico y que da, por eso, menor oportunidades y menor tamaño de abusos que serán inevitables en cualquier sistema. El corolario es obvio.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


3 Comentarios en “La Codicia es Humana”
  1. Bernardo Dijo:

    celebro esta afirmación: son propios de la conducta humana sin importar el sistema económico o político bajo el que se viva.

  2. Jose Dijo:

    El interes propio, no existe sino existe el interes ajeno. No puedo existir sin el otro, la conducta de un ser humano no existe sin la interaccion, la accion, la reaccion, la aprobacion, la negacion con los demas, con las otras con los otros, con ellos, con ellas, con el, inclusive con la propia percepcion de la realidad.

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