Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Comedia Inhumana
Eduardo García Gaspar
5 marzo 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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La noticia es de las que se repiten con cierta periodicidad. Y es esa frecuencia la que llama la atención, no en sí misma, sino porque lo que hay detrás suele ser ignorado, totalmente ignorado. Es algo que en verdad sorprende.

El panorama fue pintado admirablemente en una columna del WSJ (M. A. O’Grady 1 marzo 2010), titulada “Viva Zapata”: el presidente mexicano recibió con excepcional simpatía a Raúl Castro, en la junta cumbre de Río, realizada en Cancún. Mientras, a unos cientos de kilómetros estaba en coma un prisionero político en Cuba.

Pocos días más tarde, el prisionero murió, lo que fue reportado ampliamente. Murió después de 84 días de huelga de hambre en protesta por la brutalidad del gobierno cubano. La reunión cumbre pretende sustituir a la OEA y hacerlo con un giro: sacando a EEUU, Honduras y Canadá, dándole entrada a regímenes no democráticos.

¿Interesante? No, no es interesante, es deslumbrante hasta el punto de volverse algo digno de un teatro del absurdo, un dibujo de Dalí, una película de Buñuel, todo mezclado en un coctel de batido por Kafka en una pintura de Chirico. Pero ya más en serio, conviene ver el fondo de sucesos como ése.

Comenzando por el principio, debe apuntarse que no es el único suceso así. Hay muchos de esa naturaleza. Quizá los ejemplos de los intelectuales ciegos frente a los abusos en la URSS sean los más clásicos de lo que acontece y que es una especie de enamoramiento entre gobiernos causado por la intelligentsia.

El amor es ciego, se dice, y pocas cosas como los gobernantes para enamorarse de ellos mismos y de sus similares, teniendo como alcahuetes a los intelectuales, en un galimatías de amores desenfrenados por unos y odios viscerales por otros. Los adjetivos no sobran. Son los que explican que Calderón reciba con entusiasmo a Raúl Castro.

Los adjetivos que explican que la realidad no se vea, que ella se ignore. Es, en el fondo de las cosas, la admiración que se sintió por la URSS a pesar de millones de muertos, o por la China de Mao y sus matanzas (y por la de hoy con sus ataques a la libertad). No hay otra manera de entenderlo que ceguera, una enfermedad terriblemente común entre gobernantes.

Las posiciones de poder, de las que ellos gozan, producen la ignorancia de la realidad, la que es capaz de recibir con honores a quien es responsable de muertes sistemáticas en su país. Cualquiera con un mínimo de sentido común lo entendería, pero los intelectuales no suelen disponer de esa cualidad del ciudadano normal. También ellos viven en torres alejadas de la realidad y son fuentes de las ideas que ciegan a los gobernantes.

El caso de la nueva asociación de países latinoamericanos es una prueba exuberante de esa ceguera: hace dignos de ser miembros a regímenes despreciables que han sido probados como violadores de libertades y derechos y rechaza a países que han dando prueba de ser reales democracias.

En el famoso libro de Barbara Tuchman, se menciona que los gobernantes sufren un trastorno mental severo, el del atontamiento: ignoran la realidad y crean un mundo virtual que ellos creen poder gobernar. No en balde el libro de llama El Desfile de la Necedad (The March of Folly). Lo que quiero añadir es simple.

Ese ignorar la realidad es debido, en estos casos, a los enamoramientos entre ellos. Enamoramientos que ciegan y están dispuestos a perdonar febrilmente todo al ser que se ama. Todo, incluso asesinatos, violaciones de derechos. Pero a quien se odia, nada se le perdona, la más pequeña falta es causa para dejarle de hablar. Es el poder político bajo el dominio absoluto de las emociones pasionales.

La ONU es un buen ejemplo de estos sucesos: siendo más bien un club de protección mutua de poderes ejecutivos, ignora todo lo que sus protegidos hacen, no importa lo violento que sea y vive en un mundo virtual que es capaz de nombrar al Libia como miembro de la comisión de derechos humanos.

Es cierto que nuestro mundo real jamás será perfecto, pero padecer a esos gobernantes es excesivo. Con ellos, el mundo deja de ser imperfecto para convertirse en una comedia bufa con víctimas inocentes. Comencé hablando de Calderón y de Castro, en uno de los actos de esa comedia.

El problema es que no es una comedia breve de un único acto. Es una comedia que lleva décadas presentándose frente a una audiencia en la que muchos no logran ver su fondo y causa… lo que es en realidad el real drama de tal comedia.


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