Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Lección de Holmes
Eduardo García Gaspar
18 marzo 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El hombre dijo, “¡Qué bueno que es viernes!” Todos nos reímos porque era martes. Había sido un día pesado y hubiera sido bueno para todos que efectivamente lo fuera. Nos reímos porque sabíamos que era mentira y de esa mentira conocida por todos, doy un brinco a algo que aparentemente nada tiene que ver con eso. Los detectives.

Sherlock Holmes (creado por Arthur Conan Doyle): casi siempre seguido por el doctor Watson, con la pipa, el violín, la gran nariz,  consumidor de drogas, es una muestra del poder del razonamiento inductivo. A partir de las pistas y rastros que deja el criminal, le resulta elemental la solución, es decir, la realidad del asunto que tiene perplejo al resto.

Hércules Poirot (creado por Agatha Christie): orgulloso poseedor de “células grises” y con una humildad muy escasa, usa su cabeza ovoide para encontrar la solución de los crímenes que son tan especiales que requieren más que a la sola policía. No es lo científico que Holmes, pero es poderoso examinando acciones de las personas. Encuentra siempre la teoría que explica a la realidad que arma como un rompecabezas.

El Comisario Maigret (creado por Georges Simenon): trabaja en la policía, con su oficina en Quai des Orfevres, París, y su enfoque está más dirigido al criminal y los personajes que rodean la situación, que al crimen. Bebe con abundancia y fuma pipa, usando una amplia experiencia unida a una mente poderosa. Como el resto, está en busca de la realidad de cada caso. La solución, la verdad.

Charlie Chan (creado por Earl Derr Biggers): poseedor de una paciencia oriental, razona entendiendo a los personajes de cada caso, usando la sabiduría de Confucio, la inteligencia y la honorabilidad. De nuevo, es otro caso de buscar la realidad, lo que realmente sucedió y que no es fácil para los demás averiguar.

El inglés, el belga, el francés y el oriental-estadounidense mencionados hasta aquí son quizá los detectives más famosos del mundo. Con diferentes estilos y enfoques, con distintos métodos y actitudes, van tras una sola cosa: la verdad de cada caso. Encontrar el asesino, el autor del robo, quien resulte responsable del delito. Toman ellos elementos de la realidad, pistas y evidencias, y con ellos construyen una explicación de los sucesos. Saben que tuvieron éxito cuando su explicación coincide con la realidad.

¿Qué tienen en común estos personajes y eso de que “hoy es viernes”? Un poco de paciencia le pido.

El Padre Brown (creado por G. K. Chesterton), dando la impresión de no tener una intuición fuera de serie, veía los hechos y solucionaba crímenes sorprendiendo al resto, que solían verlo como un ingenuo inocente.

Ellery Queen (creado por Manfred Lee y Frederic Dannay) va igualmente tras la realidad, en medio de personajes y diálogos muy atractivos y reales. Para Queen la realidad existe y es posible conocerla.

Auguste Dupin (creado por E. Allan Poe) resuelve casos como el de la carta robada usando su razón pura, analizando la situación, siendo lógico, y encontrando la realidad que explica todo.

Nero Wolfe (creado por Rex Stout) debe ser un buen tipo, dado su amor por la cerveza, aunque su fama es de un carácter agrio y malhumorado que sufre su asistente, Charlie Goodwin. Orgulloso y astuto, Wolfe también hace lo que los demás no pueden con facilidad, encontrar la verdad en cada caso que le presentan.

“¡Qué bueno que es viernes!” era mentira, una falsedad que todos sabíamos. Esos detectives se dedican a encontrar la verdad que nadie puede encontrar. Es decir, existe una realidad que se acepta cuando Holmes o cualquier otro encuentra al culpable y lo prueba con evidencias que todos aceptan. La validez de la teoría quecada detective desarrolla debe pasar una prueba, la de ajustarse a la realidad

Eso nos lleva a un principio general: la realidad existe y es independiente de nuestros deseos. Es decir, la verdad existe y ella no es necesariamente igual a eso que nos resulta más cómodo.

En uno de sus casos, Poirot investiga un caso encontrando que el culpable de los asesinatos es la persona que le contrató para la investigación. Su labor fue encontrar la verdad y lo hizo. No era  tratar de engañarse e inventar una realidad cómoda para alguien.

Sí, la realidad existe y ella no necesariamente coincide con nuestras ideas y deseos, ni con los discursos y promesas de un político, ni con el consenso de la mayoría, ni con las encuestas de opinión. No, Maigret no hacía encuestas de opinión pública para encontrar al delincuente. Holmes no usaba ideas políticamente correctas para encontrar la solución del robo al banco.

Me lleva esto a la idea que quiero dejar clara.

La mayoría de los problemas políticos, económicos y sociales que tenemos son debidos a la incapacidad del gobernante de realizar un acto de humildad, reconociendo que sus promesas y decretos son simples deseos que no corresponden a la realidad. La verdad existe, lo queramos o no, nos convenga o no, se ajuste a nuestros deseos o no.

Post Scriptum

Un caso reciente viene a cuento, el llamado Climategate: una serie de científicos manipularon datos y presionaron a quienes no creían en el cambio climático para apoyar sus ideas propias, no la verdad. Es otro caso del síndrome de evitar la verdad, el creer que ella es relativa, que cada quien tiene una opinión digna de respeto no importa que sea falsa.

Los campos más afectados por la creencia de que en ellos no existe la verdad son los que no están sujetos a fácil comprobación en una prueba de laboratorio, como la Economía. Pero especialmente las ciencias como la Ética. El no aceptar que en ellas también aplica la idea de la verdad ha llevado al rechazo de normas morales selectivas y creado un vacío moral que ha sido llenado por la autoridad gubernamental.

Los detectives ficticios, igual que los reales, parten de dos supuestos subyacentes. Uno, existen actos indebidos, que no deben ser y sus autores deben ser encontrados y castigados. Segundo, la realidad existe y hay una verdad. Encontrar al culpable de un asesinato es igual a reconocer que no se debe matar y que la verdad está en la coincidencia entre el acusado y el asesino, que deben ser la misma persona. Actuar sin reconocer que la verdad existe es una acción idiota.


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